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La cena

last update Fecha de publicación: 2026-08-11 09:01:48

Fue muy divertido acecharla con la mirada. Ella estaba nerviosa, no lo podía negar, y eso me hacía sentir bien. Reaccionaba como cada mujer que me veía, y eso me hizo pensar que mi viaje no había sido en vano. Lo había retrasado porque, para mí, no había nada interesante en este lugar aparte de la empresa, pero con esta nueva adquisición de la familia las cosas se volvían interesantes.

Voy a ver cuánto soporta el conejito. Quizás hasta podría llevármela a la cama una noche y descubrir por qué tengo esta conexión con ella. Aunque sospecho que es porque nunca he estado con una inglesa, y su acento llama fuertemente mi atención. Ya me la imagino gimiendo mi nombre y pidiéndome que le dé más. Ja, ja, ja, estoy seguro de que tendré a la pequeña Ross en mis brazos más rápido de lo que piensa.

—Hijo, cuéntanos, ¿cómo va tu estadía en China?

Mi padre sabe que odio hablar de mis asuntos, pero no quería desairarlo esta vez. Lo observé fijamente. —Bien, como siempre, padre. ¿Cómo van las cosas por aquí? Me ausento y aprovechan para hacer fiesta. Si mal no recuerdo, no recibí invitación a la boda del idiota de tu nieto. ¿Así es como pretenden ocupar un lugar en la empresa? O mejor aún, ¿se están asegurando de recibir algo de tu herencia sin haberlo trabajado? ¿Cuándo le ofrecieron a esta chica para que se casara?

—Hijo, no permitiré que hables así de Rossanne. Ella es una excelente mujer; de hecho, trabaja en nuestra empresa. Es la nueva pasante.

—¿Qué estudias, Ross?

—Sentí mi corazón alterarse cuando la conversación se centró en mí. Y peor aún: cuando usó un diminutivo de mi nombre con esa voz fuerte y autoritaria, mis piernas se hicieron gelatina. —Estudio Arquitectura, algo que está muy alejado del ramo de ustedes. Espero que eso resuelva sus dudas, porque no pienso obtener ningún tipo de beneficio de su familia. Si me casé con Theo fue por amor… Y por si no lo recuerda, ¡mi nombre es Rossanne!

—Muy bien, Ross. Pero yo soy un hombre de hechos. Solo el tiempo dirá qué tan interesada eres.

Estaba enojada y ofendida, pero no me atrevía a mirarlo a la cara por más de unos segundos, y mucho menos enfrentarlo como lo haría con cualquier otra persona. No cuando él me observaba como si supiera todos mis secretos.

—Me levanté de mi asiento. Porque no soportaba más estar rodeado de estos vividores. —Padre, me retiro. Nos vemos mañana. Que tengan buenas noches. Un gusto conocerte, Ross.

Ella estaba visiblemente irritada, y eso me agradaba. Salí de la casa y subí a mi Ferrari; quería llegar a mi mansión porque sabía que mi asistente me había conseguido una buena mujer con la cual pasaría la noche. Mi ánimo era excelente, y mi mente no dejaba de reproducir la imagen de Ross asustada. Ja, ja, ja… si esa niña supiera lo que le espera.

Estacioné en mi mansión de Beverly Hills, la cual casi no visitaba. Al entrar, mi asistente me informó de los temas pendientes sobre mis negocios y otras cosas. Luego me dijo que la mujer en cuestión me esperaba en una de las habitaciones de visita, en la planta baja. Era totalmente prohibido subir al segundo piso, mucho menos a mi habitación.

Al abrir la puerta, encontré a una chica de piel levemente morena, con grandes pechos, trasero y caderas: justo como me gustaban. Tendría unos veintiocho o treinta años, y vestía un conjunto de lencería muy sugerente. Estaba sentada con las piernas cruzadas, su cabello negro caía en cascada por el hombro y se detenía en medio de esos deliciosos pechos que, sin duda, devoraría.

Me serví un trago en la licorera sin perderla de vista y comencé a aflojar la corbata para tirarla en algún lugar, seguido del saco y la camisa. Cuando observó mi pecho desnudo, pasó la lengua por sus labios, lo que provocó una reacción inmediata en mí. Sin perder tiempo, me acerqué y la devoré a mi antojo.

Amaba hacer a las mujeres gemir hasta quedar sin voz; lo mejor era que ni siquiera necesitaba besarlas para llevarlas a la locura. Así pasamos las siguientes horas, hasta que noté que se quedaba dormida y le pedí que se retirara, dejándole una buena cantidad de dinero. Al amanecer salió de mi casa, y yo subí a darme una ducha caliente. Quería dormir un poco, pero no tenía tiempo: en una hora debía estar en la empresa. La puntualidad siempre había sido mi marca.

Cuando el tío de mi esposo se retiró de la cena, el ambiente se relajó. Se notaba que todos le temían, excepto sus padres. Mi suegra respiró aliviada cuando su hermano se fue y comenzó a reír, diciendo que Damien era muy ocurrente al pensar que mi matrimonio formaba parte de un plan. Todos sonrieron y el tema murió allí.

Aunque a mí no dejaban de resonar sus palabras, mi esposo me aseguró que su tío era un viejo mujeriego soltero, envidioso de que su sobrino lo hubiera superado casándose. Nos despedimos y fuimos a la casa de mi suegra, donde vivíamos. Theo era ese tipo de hombre que nunca rompe el cordón umbilical.

Cuando llegamos, buscó hacer el amor. Yo no quería, pero terminé cediendo para que no se molestara. Al terminar, se quedó dormido, pero yo no lograba conciliar el sueño. Me di una larga ducha fría y luego me senté en el balcón a pensar en los acontecimientos del día.

Necesitaba entender por qué mi cuerpo había reaccionado así al ver al señor Damien. ¿Qué tenía ese hombre que hacía temblar mi cuerpo como si fuera una adolescente inexperta? Esas preguntas no abandonaban mi mente, ni tampoco la extraña sensación que me producía el tacto de mi esposo después de ver a su tío. Incluso en la cama, sus caricias me resultaban ajenas, incómodas. No quería intimar, pero, como siempre, cedí a sus deseos.

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