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EL TIO DE MI ESPOSO
EL TIO DE MI ESPOSO
Author: Katiuska Briceño

Su llegada

last update Petsa ng paglalathala: 2026-08-11 08:58:37

Desde la primera vez que lo vi, algo se movió en mi interior. No sabía si era miedo, intriga o emoción. De lo que sí estaba segura era de que él producía sensaciones desconocidas en mi cuerpo, algo sumamente extraño para una mujer casada. Ya no era la adolescente virginal que se dejaba deslumbrar por “cualquier cosa”.

El tío de mi esposo, Damien Clark, acababa de hacer su entrada triunfal en la sala donde todos esperaban su regreso luego de cinco años en el extranjero. La realidad era que yo también esperaba conocer al famoso “tío de mi esposo”, algo que consideraba aburrido y engorroso, hasta que entró y, literalmente, leyó mi alma solo con una mirada. Una mirada fría, calculadora y profunda que me hizo retroceder sin emitir palabra.

Avanzó hacia mí, y yo me sentí pequeña, como una niña temiendo una reprimenda. ¿Por qué me siento así? ¿Por qué huyo de su presencia? ¿Por qué el aire se me hace asfixiante? ¿Por qué no puedo hablar?

No supe qué sucedió en la sala hasta que él se apartó y puse distancia. Mi cuerpo desfallecía bajo tanta tensión, hasta que sentí unos brazos rodear mi cintura y una voz conocida susurrar a mi oído.

—Cariño, ¿qué te sucede? ¡Te has quedado muda al ver a mi tío! Eso ha sido grosero. No tomaste su mano cuando te la tendió, ni tampoco te presentaste. Imagino que tendrás una buena explicación para eso, porque toda la familia te está observando en este momento.

—Volteé y era cierto: toda una sala llena de personas me observaba. Aclaré la garganta, forcé una sonrisa evitando la mirada del recién llegado y me dirigí a la familia de mi esposo. —Les pido disculpas. Me quedé perdida en mis pensamientos; sé que mi comportamiento deja mucho que desear. Espero puedan perdonarme, señor Damien. Es un placer conocerlo. Soy Rossanne Davies, esposa de su sobrino Theo.

Cuando terminé mi discurso, lo miré a los ojos y descubrí diversión y satisfacción oculta bajo aquella fachada de superioridad y prepotencia.

—Una sonrisa amenazaba con asomar en mis labios, pero disimulé la satisfacción que sentía al ver al pequeño conejito asustado que era la esposa de mi sobrino.

Cuando entré en la mansión, jamás esperé encontrarme con una mujer que despertara tal magnetismo e interés en mí. Tanto fue así que ignoré al resto. Después de decir buenas noches, barrí con la mirada la sala y la vi: tan pequeña, delicada y perfecta que parecía una maldita alucinación. No perdí tiempo y caminé hacia ella, pero noté que deseaba huir, y eso me intrigó aún más. ¡Ella sentía esa extraña conexión al igual que yo! La diferencia era que ella no hacía el esfuerzo de disimularla. Cuando le tendí la mano, no reaccionó, y estuve tentado a soltar una carcajada. Sin embargo, como aún no sabía quién era, la ignoré y saludé al resto sin apartar mis ojos de ella… hasta que mi sobrino la tomó con una familiaridad que me incomodó profundamente. Nunca pensé que fuera su esposa.

Aun así, lejos de alejarme, eso me resultaba más divertido. Theo era hijo de mi “hermana”. La verdad es que fue concebida fuera del matrimonio, y su familia siempre ha mantenido una guerra de poder por la herencia. Nuestro padre solo favorece a los hijos legítimos, como dicta la ley, pero ella insistió hasta introducir a su hijo en nuestro círculo social. Como resultado, están presentes en cada reunión familiar, aunque no poseen libre acceso a la fortuna. Reciben un cheque, nada más, como un empleado cualquiera. Esa era la razón por la cual nuestra “relación familiar” no era un impedimento para acercarme a la pequeña Ross. Eso era un incentivo más para mostrarle a ese niño quién es su tío.

—La situación se tornaba insoportable. Por primera vez, deseaba apartar a mi esposo; su tacto me incomodaba. Pero lo que realmente me aterraba era la forma en que el señor Clark me observaba. No le importaba que todos estuvieran presentes: seguía cada uno de mis movimientos y yo temblaba, incapaz de explicar la sensación de peligro que me provocaba.

Sentía que me abordaría en cualquier momento: en el baño, en la cocina, en cualquier lugar. Mi corazón latía con fuerza, mezcla de miedo y expectación. Necesitaba que lo que fuera a suceder ocurriera rápido, para librarme de esa horrible tensión.

En mis veintidós años jamás me había sentido así, ni siquiera cuando estudiaba en Inglaterra, donde muchas veces regresaba sola a casa en la noche.

Todas las personas presentes charlaban felices, como si nunca hubieran perdido el contacto. Desde fuera cualquiera pensaría que se amaban, ignorando la rivalidad que yo sabía que existía. Todo provenía del abuelo de mi esposo, quien había tenido varias aventuras que trajeron como consecuencia una hija fuera del matrimonio, la cual estaba presente allí con su respectivo descendiente Theo.

Aquello desataba una competencia constante. El señor no hacía más que colocarles trabas para impedirles un puesto en la empresa o un reconocimiento en el estamento. Hasta ahora, mi esposo llevaba la delantera por ser el único que se había casado. Debo admitir que supe de todo esto cuando ya estaba unida a él, y me afectó; dudé de sus intenciones iniciales al proponerme matrimonio.

Sin embargo, tanto él como mi suegra me aseguraron que nuestra relación no tenía nada que ver con esas disputas. Mi esposo nunca aspiró a recibir nada; sabe perfectamente que su madre no es, ni será, una heredera legítima. Si están unidos a ellos es por amor, no por interés.

Mi suegra, de hecho, disfruta pasar tiempo con su padre, pues en su infancia no pudo hacerlo. Hace un año que me casé, y nunca he visto algo extraño en el comportamiento de mi esposo ni de su familia. Por el contrario, su abuelo me aprecia muchísimo y siempre dice que soy “demasiada mujer” para su nieto Theo, cosa que me causa gracia. A mi esposo le molesta mucho; aún no supera que su abuelo lo siga viendo como un niño y no como el hombre que es.

 

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