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CAPITULO 2

Autor: QUEEN DE VIL
last update Fecha de publicación: 2026-07-01 10:05:04

SEBASTEN

El amanecer apenas clarea entre los rascacielos de la ciudad. Abro los ojos de golpe en la cama vacía de la suite. El frío del lado izquierdo del colchón de lujo me confirma lo que ya sé: ella se ha ido.

—¿Por qué carajos no me despertaste? —bramo en mi mente, la mandíbula apretada por la rabia—. La dejaste ir. Estaba aquí y no dijiste nada.

La voz de mi lobo resuena en mi cabeza, pesada, ronca, cargada de una severidad que le golpea las sienes.

—Te arriesgaste demasiado con esa humana, Sebas. No nos acostamos con humanas. Pudiste haberle hecho daño. Destrozarla.

—Estaba hermosa —bramo, poniéndome de pie de un salto, ignorando la advertencia—. Más hermosa que cualquiera de nuestra maldita especie. No iba a dejarla ir.

—Sí, estaba hermosa —gruñe el lobo, mostrando los dientes en el fondo de mi conciencia—. Pero fue un riesgo estúpido. Casi la muerdes. ¿En qué estabas pensando? Una sola de tus mordidas la habría matado. Ella no habría sobrevivido a nosotros.

—Sobrevivió anoche y va a seguir viva hoy, así que cállate la maldita boca —le espeto mentalmente, ignorando el dolor de cabeza que me provoca su insistencia.

Empiezo a dar vueltas por la alfombra costosa de la suite, con la vista fija en las sombras del enorme cuarto, buscando mi ropa. Mis pantalones y mi camisa deberían estar tirados en el suelo, donde los dejé caer antes de meterme entre las sábanas con esa desconocida.

—Es una humana, Sebas. Débil. Blanda. No tolerará nuestro mundo —insiste la bestia, arañando las paredes de mi mente, queriendo imponer su maldita lógica—. Te cegaste con una cualquiera de la que ni el nombre sabes. Si el alfa se entera de que metiste a una extraña aquí...

—El alfa me importa un carajo y tú también —le corto en seco, agachándome para revisar junto a la cama. Tanteo la penumbra con furia, arrastrando los dedos por la alfombra hasta que tropiezo con la tela rígida de mi pantalón vaquero.

—El alfa es tu padre y va a entregarnos la manada —me frena la bestia, su voz volviéndose un rugido helado que me retumba en el cráneo—. Ten cuidado. No vayas a perder lo que tanto nos ha costado por una humana.

—Sé perfectamente lo que hago —le devuelvo, ignorando la advertencia mientras me meto el pantalón por las piernas a prisa, subiendo la cremallera y ajustando el cinturón sin dejar de buscar el resto.

¿Dónde carajos está la camisa?

—No pierdas el tiempo buscando lo que ya no está —se burla el lobo, volviendo a su tono áspero al notar mi impaciencia.

—¿De qué hablas? La dejé justo aquí.

Me muevo rápido hacia los sillones de la suite, pateando un cojín de diseño que solo esconde suelo vacío. Reviso encima del mueble del minibar, detrás de la puerta del enorme baño de mármol, debajo de las sábanas que cuelgan del colchón. Nada.

—Huele el aire, idiota. No se fue desnuda por los pasillos del hotel.

Me quedo congelado en mitad de la suite, conteniendo la respiración mientras obligo a mis sentidos a abrirse. El rastro de la desconocida sigue espeso en el ambiente, una mezcla de vainilla y sexo, pero hay una línea fresca que se aleja directo hacia la puerta principal. Un rastro cargado con el olor a algodón limpio de mi propia prenda y mi esencia en ella.

Se la puso. La humana se largó con mi camisa puesta o mejor dicho, me robo.

La comprensión me enciende la sangre en un segundo. La rabia me sube por el pecho, densa, asfixiante. La mandíbula me cruje por la presión de los dientes.

—¡Maldita sea! —bramo con todas mis fuerzas, descargando un puñetazo salvaje contra la pared de la suite. El panel de madera fina cruje bajo el impacto pero no me duele nada—. ¡Maldita sea!

—Se llevó tu rastro puesto —sentencia la bestia, perdiendo la burla y adoptando un tono pesado, peligroso—. Va por la ciudad oliendo a ti. Si cualquiera de los nuestros la cruza, van a oler que estuvo contigo. Y eso puede ser peligroso.

—Eso es lo de menos —le corto en seco, deteniéndome en seco antes de cruzar el umbral del pasillo.

—¿Qué? ¿De qué hablas? —pregunta el lobo, el tono perdiendo la fijeza, confuso.

—Se llevó algo más importante.

—¿Qué? ¡¿Qué carajos se llevó?! —ruge la bestia en mi cabeza, empezando a alterarse.

—Mi anillo. El que le dice al mundo que soy el primogénito de la manada Escarlata.

Mi lobo brama en mi mente, un rugido ensordecedor que me hace apretar los dientes del dolor. La furia de la bestia sacude mi conciencia por completo.

—¡¿Por qué te lo quitaste?! ¡¿Estás demente?! —me reclama, colérico.

—Era una joya roja —le respondo, apretando los puños—. No quería asustarla o que pensara que era un multimillonario.

—¡Eres un multimillonario, imbécil! —me espeta el lobo, desquiciado por mi estupidez.

—¡Pues ahora esa humana tiene el anillo de la manada en su poder! —bramo, la paciencia completamente agotada.

Cruzo la estancia con pasos largos y pesados. Abro la puerta de la suite de un solo golpe, saliendo al pasillo alfombrado del hotel sin importarme el torso desnudo. No siento el frío del aire acondicionado. La furia me mantiene ardiendo por dentro. Clavo los ojos en el pasillo vacío, buscando el rastro de su huida.

—¿La vas a cazar en territorio humano? —pregunta el lobo, aguzando sus sentidos junto a los míos, respondiendo al instinto de la persecución.

—Voy a encontrar a esa desconocida ahora mismo —le respondo, apretando los puños hasta sacarme sangre de los nudillos—. Y me va a devolver esa camisa y mi anillo, aunque tenga que arrancárselos del cuerpo con los dientes.

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Último capítulo

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