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La temperatura sube

Autor: Antonya
last update Fecha de publicación: 2026-08-10 06:40:52

El frío de la madrugada me caló en los huesos apenas salí de la camioneta. Estaba llegando al apartamento con los pasos lentos pero firmes, sintiendo el leve mareo del whisky de Artiom flotando en mi sangre. Vi mi reloj de pulsera bajo la luz tenue del farol del pasillo y ya iba a hacer las cuatro de la mañana. Sí, antes de aparecer en el apartamento, tuve dando vueltas y vueltas por la ciudad, conduciendo sin rumbo fijo mientras intentaba apaciguar el fuego extraño que esa enana encendía en mí
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Último capítulo

  • ENCAJE PARA EL CEO   ¿Te vas a casar?

    —¡Me voy a venir, me vengo en tu boca! —chillé arqueando la espalda con violencia, contrayendo todo mi cuerpo en un espasmo incontrolable.—Vente en mi boca —rugió él contra mis labios íntimos justo en el momento en que estallaba, tragándose mis jugos y mis gritos en una vorágine ciega de placer que me dejó completamente vacía, temblando de pies a cabeza sobre las sábanas revueltas.Sin darme un segundo para recuperar el aliento ni para cerrar las piernas, Maksim se deslizó hacia arriba por el colchón con los labios y la barbilla brillantes por mi humedad. Me arrastró con él, pegando su pecho sudoroso al mío y enterrando la cara en mi cuello mientras respiraba tan pesado y desbocado como yo.—¿Ves cómo no puedes vivir sin esto? —susurró él con una sonrisa arrogante y triunfante contra mi piel, rozando su pene duro y palpitante contra mi vientre dolorido por el éxtasis.—Eres un maldito vicio imposible de soltar... —admití con la voz rota, pasándole los brazos por los hombros y arañánd

  • ENCAJE PARA EL CEO   Somos adultos

    Rugió él como una bestia, dándome tres embestidas más seguidas, ciegas y finales, antes de soltar un bramido gutural contra mi cuello.Se vació dentro de mí con una violencia desesperada, bombeando su leche caliente y espesa en oleadas continuas que me quemaban el fondo del vientre mientras yo estallaba en mil pedazos, sacudida por espasmos violentos que me hacían temblar entera. Nos quedamos ahí, pegados contra los azulejos mojados, jadeando pesadamente, empapados de sudor, agua y fluidos, con el corazón retumbándonos en el pecho al mismo ritmo acelerado mientras el mundo exterior dejaba de existir por completo.*El agua de la ducha se fue cerrando hasta convertirse en un goteo seco que resonaba en el silencio del baño. Salimos de la cabina de cristal envueltos en vapor, con la piel roja por la fricción y el calor acumulado, y caminamos directamente hacia la habitación principal sin importarnos el rastro de humedad que íbamos dejando sobre las alfombras y el piso de madera.Nos desp

  • ENCAJE PARA EL CEO   Sentirlo todo

    —La verdad que no te vas a ir a ninguna parte, Elena —repitió él con la voz áspera, pegando mi espalda contra los azulejos mientras el agua caliente nos empapaba el pelo y la piel—. Deja de pensar en lo que pasará mañana o en lo que le dirás a tu padre. ¿Por qué te empeñas en arruinar el ahora?—Porque mi vida no es un juego de fin de semana para ti, Maksim —le reproché, intentando mantener la distancia a pesar de que el calor de su cuerpo contra el mío me derretía cualquier rastro de voluntad—. Tengo una familia, tengo responsabilidades fuera de estas cuatro paredes de cristal.—Y me tienes a mí —zanjó él sin admitir réplica, tomando mi barbilla con la mano empapada para obligarme a mirarlo a los ojos—. Estoy aquí, mojado como un idiota en medio de mi propia regadera, porque no pienso dejar que te alejes.—Eres insoportable cuando te pones así de intenso —bufé con un suspiro pesado, cruzando los brazos bajo el chorro de agua aunque la tensión en mis hombros empezaba a ceder.Maksim s

  • ENCAJE PARA EL CEO   No te vayas

    El beso no tuvo nada de dulce; fue un reclamo hambriento, áspero y desesperado que me sacudió desde los pies hasta la cabeza. Sus labios se abrieron paso con fuerza, devorándome la boca mientras su mano libre me bajaba con violencia por la espalda, pegando mi pelvis contra su dureza para recordarme exactamente lo que había estado extrañando durante estas dos largas semanas.—Maldito seas, Maksim... —jadeé contra sus labios cuando me dio un respiro de milisegundos, intentando empujarle el pecho con las palmas abiertas—. Hace quince días que no te dignabas a aparecer por aquí y ahora llegas exigiendo...—¿Exigiendo? —me interrumpió él con la voz ronca, pegando su frente a la mía mientras respiraba tan agitado como yo—. Yo no exijo, Elena. Yo reclamo lo que es mío por derecho propio. Y tú me perteneces desde el primer día.—¡No soy de nadie! —le grité con fiereza, aunque el tembleque en mi voz delataba lo mucho que me temblaban las piernas bajo la falda—. No soy un trofeo más de tu colec

  • ENCAJE PARA EL CEO   ¡Quince días después!

    +++++Han pasado quince malditos días desde aquella noche en el comedor, quince días enteros tragando bilis, encerrada en la oficina de la boutique y metiendo las narices en bocetos, telas y patrones hasta que se me caían los ojos de cansancio. No lo he visto en todo este tiempo; Maksim ha estado enterrado en sus juntas directivas, sus reuniones de negocios y sus viajes del conglomerado, y yo me he quedado recluida en su gigantesca mansión como una prisionera con lujos.Estoy ahí, sentada frente a la mesa de diseño con la tableta digital todavía encendida, repasando las últimas líneas de la colección, cuando escucho unos golpes secos en la puerta de la oficina.—Adelante —suelto sin levantar la vista de la pantalla, frotándome las sienes con frustración.La puerta se abre e Iván, el chofer de traje impecable con el que ya me he cruzado varias veces, entra con paso firme.—Buenas noches, señorita Elena. El señor Starkov me ordenó venir por usted. Su jornada ha terminado —anuncia Iván c

  • ENCAJE PARA EL CEO   Caliente pasión

    El eco de mis propias palabras se disolvió en el silencio de la sala mientras bajaba la mirada al plato, sintiendo cómo el pulso me latía en las sienes. Di un par de picotazos más a la carne, masticando con lentitud solo para ganar tiempo, aunque el apetito se me había esfumado por completo bajo el peso de su mirada.—Si sigues mirándome así, voy a terminar atragantándome con el vino —murmuré sin levantar la vista, aunque una sonrisa involuntaria se me escapó por la comisura de los labios.Maksim no apartó los ojos de mi rostro. Dejó la copa sobre la mesa con un seco y elegante chasquido del cristal contra la madera, y antes de que pudiera reaccionar, su mano libre subió con parsimonia para apartar un mechón rebelde de mi cabello, deslizándolo con una suavidad extraña detrás de mi oreja.—Deja el tenedor, Elena —ordenó en un susurro bajo, ronco y completamente impositivo que me recorrió la espina dorsal como una descarga eléctrica.—Aún no termino de... —intenté replicar, pero el soni

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