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Autor: Antonya
last update Fecha de publicación: 2026-08-27 08:05:48

Apreté las mandíbulas hasta que me dolió la cara. Avancé a pasos agigantados, sintiendo cómo el agua acumulada creaba una resistencia ridícula a mis movimientos. Elena venía pegada a mi espalda, agarrándose de la parte trasera de mis boxers con un agarre de náufraga desesperada.

—¡No me dejes atrás! —suplicó ella con voz chillona—. ¡Si sale un monstruo marino de la tubería, quiero que te coma a ti primero!

—Elena, por el amor de Dios, suéltame la ropa antes de que me dejes desnudo en mitad del
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Último capítulo

  • ENCAJE PARA EL CEO   Desesperada

    ++++Apenas terminé de asimilar el torbellino de pensamientos que me azotaba la cabeza, unos golpes suaves pero decididos resonaron al otro lado de la puerta de madera maciza.Me levanté de la cama de un salto, ajustándome bien la toalla al cuerpo para asegurarme de que no se me cayera nada en el camino. Caminé a pasos rápidos por la alfombra mullida y abrí la puerta. Allí estaba él, impecable a pesar del desastre de la madrugada, vistiendo únicamente un pantalón oscuro y una camisa blanca ligeramente desabrochada en el cuello que dejaba al descubierto su pecho imponente.—Pasa —le dije, haciéndome a un lado para dejarlo entrar.Maksim avanzó con esa elegancia natural que parecía emanar de cada uno de sus poros. Se adentró en la habitación y cerró la puerta a sus espaldas, haciendo que el espacio, por muy gigantesco que fuera, se sintiera diminuto de pronto con su sola presencia.—En un par de horas te traerán ropa limpia de tu talla —anunció él, cruzándose de brazos mientras me obser

  • ENCAJE PARA EL CEO   Mi realidad

    +ELENA+—Vamos a un lugar seguro —respondió Maksim sin despegar la vista del camino, mientras aceleraba por la avenida principal.Me acomodé en el asiento de cuero, abrazándome a mí misma para guardar el poco calor que la calefacción nos ofrecía. Ambos íbamos en batas de baño mojadas, pesadas y chorreando agua sobre el tapizado de su auto de lujo. Ninguno llevaba sus pertenencias.Este auto es demasiado moderno que no es necesario tener llave.El vehículo avanzó durante varios minutos alejándose del centro de la ciudad hasta que el paisaje urbano cambió por completo. La calle asfaltada dio paso a una privada rodeada de árboles gigantescos y luminarias elegantes. Me pegué al cristal de la ventana, alucinada con lo que veía.—Oye, Maksim... ¿aquí no viven únicamente los príncipes o la gente que sale en revistas de millonarios? —pregunté, frunciendo el ceño mientras contemplaba las fachadas iluminadas.Él no contestó. Simplemente aminoró la marcha y se acercó a la entrada de un condomini

  • ENCAJE PARA EL CEO   Nos vamos

    —Maksim... Dios... —jadeó Elena, echando la cabeza hacia atrás contra la pared mientras sus respiraciones se volvían cortas y aceleradas—. Alguien... alguien está afuera...—Que esperen —murmuré, buscando su oído para morder con delicadeza el lóbulo antes de descender con besos ardientes por su cuello—. No existe nada más en este momento. Solo tú y yo.—¡Es que si el vecino entra nos va a ver en una posición nada aerodinámica! —exclamó ella entre jadeos, intentando mantener su tono risueño a pesar de la intensidad que la embargaba—. ¡Dirá que estamos haciendo natación sincronizada!—Cállate y mírame, Elena —ordené suavemente, sujetando su mentón para que sus ojos conectaran con los míos.Mantuve un ritmo constante, profundo y arrollador, sosteniéndola con la fuerza de mis brazos contra la superficie vertical. Ella suspiró con fuerza, rindiéndose del todo a la sensación, apoyando las manos en mi pecho para impulsarse al compás de cada embestida. La fricción, la piel mojada y la urgenci

  • ENCAJE PARA EL CEO   El agua

    Un chasquido metálico resonó con fuerza en el fondo de las tuberías y, de repente, la presión cedió de golpe por otro lado. Un segundo chorro, esta vez mucho más violento, emergió de la pared del lavabo, haciendo que el nivel del agua comenzara a subir con una rapidez ridícula.—¡Maksim! ¡Se está volviendo a llenar! ¡Nos vamos a ahogar de verdad! —gritó Elena, corriendo como una loca por la sala mientras intentaba salvar sus cosas—. ¡Mis bocetos! ¡Mis zapatos! ¡Mis vestidos de marca! ¡¿Qué hacemos?! ¡Tenemos que salir de aquí inmediatamente! No puede ser...De un momento a otro, la corriente que ya nos llegaba casi a las pantorrillas.—¡Sí, vamos a salir de aquí ahora mismo! —exclamé, alcanzándola en dos zancadas. La agarré del brazo con firmeza para detener su carrera desenfrenada—. ¡Olvídate del piso por un segundo y camina! ¡Vamos!—¡No! ¡Mis cosas, Maksim! —chilló ella, intentando zafarse de mi agarre mientras miraba con horror hacia su escritorio empapado—. ¡Ahí está toda la cole

  • ENCAJE PARA EL CEO   Reacciones

    Apreté las mandíbulas hasta que me dolió la cara. Avancé a pasos agigantados, sintiendo cómo el agua acumulada creaba una resistencia ridícula a mis movimientos. Elena venía pegada a mi espalda, agarrándose de la parte trasera de mis boxers con un agarre de náufraga desesperada.—¡No me dejes atrás! —suplicó ella con voz chillona—. ¡Si sale un monstruo marino de la tubería, quiero que te coma a ti primero!—Elena, por el amor de Dios, suéltame la ropa antes de que me dejes desnudo en mitad del océano que armaste en tu propio piso —refunfuñé sin detenerme.Al llegar a la puerta del baño, el espectáculo fue digno de una comedia de terror. La tubería inferior del lavabo había colapsado por completo, lanzando un chorro a presión directamente contra el techo, desde donde el agua caía en una lluvia helada y constante que ya había transformado el mármol en un lago embravecido.—¡Te lo dije! —gritó Elena desde mi hombro, cubriéndose la cabeza con los brazos—. ¡Es una fuente termal, pero al re

  • ENCAJE PARA EL CEO   No es un sueño

    —Hombre terco... —balbuceó de nuevo, apenas entendible esta vez, acomodando la mejilla sobre la almohada mientras curvaba los labios en una pequeña sonrisa traviesa—. Te voy a esconder las llaves del auto... para que no te vayas...Solté una exhalación temblorosa, admirando la soltura con la que dominaba mi mente incluso sin estar consciente. Extendí el brazo y, con una delicadeza que no encajaba con la ferocidad de lo que sentía por dentro, pasé un mechón de cabello suelto detrás de su oreja. La piel de su mejilla estaba suave, tibia, hipnotizante.—No necesito que me escondas nada —le respondí en un susurro tan bajo que pareció confundirse con el rumor del viento afuera—. No me voy a ir a ninguna parte. Estoy atrapado aquí por voluntad propia, maldita sea.Elena pareció reaccionar al sonido grave de mi voz. Soltó un gemido blando de satisfacción y, en un movimiento completamente instintivo, se desplazó sobre el colchón hasta pegar su frente contra mi pecho al descubierto. Buscar el

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