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Capítulo 4 – Otra Oportunidad

Author: King'sLight
last update publish date: 2026-07-24 11:56:10

Las palabras de Lucas golpearon a Natalia con fuerza, dejándola paralizada.

No podía creer que le estuviera pidiendo que le pidiera disculpas a Elena.

Cuando volvió la mirada hacia Elena, un destello en sus ojos llamó su atención.

Las cejas de Natalia se fruncieron mientras intentaba comprender aquella mirada.

—Natalia, discúlpate con ella ahora mismo —insistió Lucas, sacándola de sus pensamientos.

Al escuchar la contención apenas disimulada en su voz, comprendió que era inútil.

Negó con la cabeza mientras la dolorosa verdad se asentaba en su interior: jamás lograría un lugar en su corazón. Él siempre elegiría a Elena antes que a ella.

Fue entonces cuando comprendió que tenía que elegirse a sí misma. Sus labios se comprimieron en una fina línea mientras su determinación se endurecía.

—¡No haré tal cosa! —declaró Natalia.

Su voz temblaba por la emoción y sus ojos ardían por las lágrimas que se negaba a derramar. Parpadeó rápidamente, obligándose a contenerlas, con la mandíbula apretada en un gesto de feroz desafío.

—Si no lo haces, voy a suspender tu asignación durante los próximos seis meses —espetó Lucas, con la mirada endureciéndose por la determinación.

Aquellas palabras golpearon a Natalia como un mazazo. La arrastraron de vuelta a la conversación que una vez había escuchado entre Lucas y su asistente personal.

—Pero ¿por qué quieres casarte con ella? Quiero decir, podrías darle una gran suma de dinero como compensación. No es como si la amaras. Ni siquiera está a tu altura —dijo su asistente personal.

—No tiene estudios. Hará todo lo que le pida mientras siga dándole dinero. Además, desde que ella se fue, no he podido volver a enamorarme de nadie, y mi abuelo no deja de presionarme.

Al recordar aquellas palabras, ahora lo entendía todo.

Elena siempre había sido la mujer que él amaba, mientras que, para Lucas, Natalia no era más que una mujer que haría cualquier cosa por dinero.

Se burló de sí misma mientras las lágrimas ardientes rodaban por sus mejillas, derrumbando la determinación que tanto le había costado reunir.

—Has sido una completa tonta, Natalia —se murmuró a sí misma al darse cuenta de lo ingenua que había sido, esperando que algún día él la viera... creyendo que, algún día, él le devolvería su amor.

—La verdad es que no puedes culparla. Tengo un cuerpo increíblemente sexy. Si yo estuviera en su lugar, también sentiría celos —dijo Elena con la voz más dulce e inocente que Natalia había escuchado jamás.

Aquellas palabras dirigieron la atención de Natalia hacia Elena. Cuando la miró, alcanzó a notar el leve gesto de satisfacción que curvaba sus labios. Era evidente que estaba disfrutando cada segundo.

Las palabras de Elena parecieron surtir efecto en Lucas. Dejó escapar un aliento tembloroso mientras la tensión en sus hombros desaparecía.

Como si eso no fuera suficiente, asintió en señal de aprobación.

—Vete a casa, Natalia. Hablaremos de esto cuando regrese —dijo.

Las palabras apenas habían salido de sus labios cuando Natalia se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.

Esta vez, supo que todo había terminado para siempre.

Mientras caminaba por el pasillo hacia el ascensor, comprendió que él no merecía sus acciones.

No merecía ninguno de los sacrificios que ella había hecho por él. No merecía la lealtad que le había entregado durante todos aquellos años.

En cuanto salió de Casa Delgado, llamó de inmediato a su abogado.

—Cambie el documento —dijo con voz firme y decidida—. Vuelva a poner mi nombre como la única propietaria de las acciones.

Mientras tanto, en la oficina, Elena había apoyado las manos sobre los hombros de Lucas, que ya había vuelto a sentarse.

—Siento mucho lo que acaba de pasar —dijo con calma—. Quizá la próxima vez debamos tener más cuidado para que no empiece a sospechar de nosotros.

La mirada de Lucas seguía fija en la puerta. Parecía perdido en sus pensamientos.

Elena también lo notó. No quería que siguiera preocupado por Natalia, así que se había disculpado para desviar su atención de ella.

Pero, por alguna razón, no había funcionado como esperaba.

Lucas no lograba apartar de su mente la expresión que había visto en el rostro de Natalia.

La bofetada... las lágrimas que habían inundado sus ojos... De algún modo, aquello lo inquietaba.

Nunca antes la había visto así.

Con las manos de Elena masajeándole los hombros, ella consiguió sacarlo de sus pensamientos.

—Está bien, no tienes que disculparte conmigo —dijo por fin, después de unos instantes—. Fue culpa de Natalia. Ella debería ser quien te pidiera perdón por golpear ese hermoso rostro tuyo.

Al oír esas palabras, Elena sonrió.

Había regresado con un único propósito: recuperar al novio al que ella misma había abandonado seis años atrás. No iba a permitir que nadie se quedara con él.

Lucas volvió a atraerla hacia sí, haciéndola regresar al presente, y ella soltó una risita.

Mientras tanto, en Velasco Fashion School, Ruiz, el asistente personal de Nicolás Velasco, acababa de entregarle un expediente.

El ceño de Nicolás se frunció al ver el nombre "Natalia Montero" escrito en letras grandes sobre la portada.

Reconoció el nombre de inmediato.

—¿De qué se trata esto? —preguntó mientras pasaba las páginas.

—Entre los estudiantes que se inscribieron para el próximo curso, acabo de descubrir que ella es una de ellos —respondió Ruiz con seguridad.

Las cejas de Nicolás volvieron a fruncirse. No podía creer que la persona con la que había estado intentando ponerse en contacto hubiera acudido a él por voluntad propia.

Años atrás, mientras recorría algunas boutiques locales, descubrió un vestido confeccionado con un diseño extraordinariamente elaborado.

Supo de inmediato que solo un auténtico maestro del diseño podía crear una obra tan impresionante, así que decidió averiguar quién lo había hecho.

Tras investigar un poco, descubrió que la persona que lo había diseñado no era otra que Natalia Montero.

Para cuando terminó de investigar sobre ella, descubrió que estaba casada con Lucas Delgado y que había dejado de diseñar, a pesar de que su marido también pertenecía al mundo de la moda.

Siempre se había preguntado por qué había dejado el diseño.

Intentó ponerse en contacto con ella una vez, pero Natalia le dijo que ya no diseñaba.

No le dio ninguna explicación sobre por qué había dejado de hacerlo de forma tan repentina; simplemente le colgó el teléfono.

Nunca volvió a recibir ni a devolver ninguna de sus llamadas después de eso, hasta que él finalmente se dio por vencido.

Saber que ella había solicitado voluntariamente el ingreso a su escuela lo llenó de una inmensa alegría.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Nicolás mientras contemplaba su fotografía, con una creciente determinación apoderándose de él. Esta vez, no permitiría que volviera a renunciar a su talento.

Haría todo lo posible por cultivar su talento y ayudarla a convertirse en la mejor diseñadora de moda de Madrid. De ese modo, ambos saldrían ganando en el mundo de la moda.

—¿Cuándo es la entrevista? —le preguntó a Ruiz, sin apartar la vista de su fotografía.

No podía dejar de contemplar la brillante sonrisa de su rostro, que reflejaba su entusiasmo por la moda; sus impactantes ojos azules, que irradiaban satisfacción y una despreocupada inocencia; y su corto cabello negro con flequillo, que enmarcaba perfectamente su rostro ovalado.

—Está programada para el próximo mes —respondió Ruiz con calma.

—Ponte en contacto con ella de inmediato —las palabras salieron apresuradamente de los labios de Nicolás—. Dile que ha sido aceptada. No... dile que le han programado una entrevista para mañana.

Ruiz se quedó atónito. Jamás había visto a su jefe romper las reglas por nadie.

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