LOGINCapítulo 233. Vas a tener un hermano.—Dilo tú.—Es tu embarazo.—También es tu hijo.Arturo la miró.—Hace treinta segundos dijiste que querías hacerlo tú.—He cambiado de opinión.—Marian.—Arturo.—Estás nerviosa.—No estoy nerviosa.El timbre sonó.Marian dio un pequeño salto.Arturo arqueó una ceja.—Nada nerviosa.—Cállate.Marian se levantó del sofá.Arturo la sujetó suavemente del brazo.—Puedo abrir yo.—Estoy embarazada, no incapacitada.Él retiró inmediatamente la mano.—Correcto.—Y deja de mirarme cada vez que me levanto.—Estoy trabajando en eso.—Trabaja más rápido.El timbre volvió a sonar.—Mamá —se escuchó la voz de Fernando—. Sé que están ahí.Marian cerró los ojos.—Demasiado tarde para huir.—Podemos fingir que no estamos.Ella lo miró.—Tu coche está afuera.—Error de principiante.Marian terminó riendo. Y eso consiguió disminuir un poco los nervios.Abrió la puerta.Fernando estaba allí con Camelia.—Finalmente.—Solo fueron treinta segundos.—Cincuenta y dos.M
Capítulo 232. Miedo de irse.Ella bajó la mirada. Elías se acercó un poco.—Te fuiste.—Sí.—Me dolió.Alessia tragó saliva.—Lo sé.—Estuve muy enfadado contigo.—También lo sé.—Y cuando llamaste, no quise escucharte porque pensé que ibas a decirme algo que me haría sentir peor.Ella levantó la mirada. Elías sostuvo sus ojos.—Esa parte fue mía.Alessia no respondió.—Pero ninguna de esas cosas cambia lo que quiero ahora —añadió él.—Que estemos juntos.—Sí.Demasiado fácil. Demasiado seguro.Alessia soltó el aire.—¿Sabes qué es lo que más me molesta?—Estoy empezando a pensar que hoy tengo una lista bastante larga.Ella ignoró la broma.—Que yo también quiero muchas de esas cosas.Elías se quedó completamente quieto.Alessia levantó una mano.—No sonrías.—Ni siquiera me he movido.—Estás a punto.—Estoy respirando.—Pues respira con menos entusiasmo.La boca de Elías se movió.—Lo intento.Alessia negó.—Quiero despertarme contigo.La sonrisa desapareció.—Alessia...—Quiero besa
Capítulo 231. No es culpa tuya.Alessia se arrepintió de aquellas dos palabras aproximadamente un minuto después de pronunciarlas.Había subido las escaleras intentando caminar con normalidad. Había entrado en su habitación. Había cerrado la puerta.Y entonces se había quedado mirándola como una idiota.—Por ahora —repitió en voz baja.Mierda.¿Por qué había dicho eso?Podía haber terminado en “esa regla sigue”. Punto. Claro. Sencillo. Pero no. Había tenido que añadir “por ahora”. Y Elías lo había escuchado. Naturalmente.Ese hombre podía ignorar a tres mujeres silbándole en un estacionamiento, pero no dos palabras dichas casi en un susurro.Alessia se dejó caer sobre la cama. Su teléfono vibró. Lo tomó.Elías: “Necesito hacer una pregunta”.Alessia cerró los ojos.Alessia: No.La respuesta llegó inmediatamente.Elías: “Ni siquiera sabes qué voy a preguntar”.Alessia: Sí sé.Elías: “¿Qué iba a preguntar?”Alessia comenzó a escribir. Borró.Volvió a escribir.Alessia: “Algo relacionad
Capítulo 230. La regla que ya no servía.Pero en cuanto la boca de Elías respondió a la suya, todo lo demás desapareció.Elías quedó inmóvil apenas un segundo.Después dejó de estarlo.Una de sus manos llegó a la cintura de Alessia.La otra se apoyó en su espalda. Con cuidado.Siempre con demasiado cuidado desde que sabía del embarazo.Alessia tiró de su camisa.Elías la acercó. El beso se profundizó. Y aquello dejó de parecer una demostración. Dejó de importar quién estaba mirando.Alessia sintió el calor de su cuerpo. La familiaridad de su boca. Lo fácil que era recordar todo lo que habían sido antes de que ella huyera.Elías inclinó ligeramente la cabeza. Alessia se aferró más a él. Mala idea. Muy mala idea. Porque el beso cambió.La mano de Elías se tensó sobre su cintura. Ella sintió su respiración. Su cuerpo.Y durante varios segundos olvidó que había sido ella quien había establecido una regla que prohibía exactamente aquello.Cuando se separaron, Alessia respiraba demasiado rá
Capítulo 229. El inesperado beso.—No necesitamos seis tipos de pasta.Elías dejó otro paquete dentro del carrito.—Claro que sí.—Somos dos personas.—Tres.Alessia lo miró. Elías señaló su vientre.—Él cuenta.—Nuestro hijo todavía no come pasta.—Detalle menor.—Elías.—Alessia.Ella tomó dos paquetes y los devolvió al estante.Él tomó uno nuevamente.—Ese se queda.—¿Por qué?—Porque me gusta.—Ya llevas cinco.—Ahora cuatro.—Siguen siendo demasiados.—Llevamos tres días viviendo juntos y ya quieres controlar mi alimentación.Alessia abrió mucho los ojos.—¿Yo te controlo?Elías sonrió.—Interesante, ¿verdad?Ella lo señaló.—No utilices mis argumentos contra mí.—Son buenos argumentos.—Idiota.Elías continuó empujando el carrito.Alessia lo siguió.Habían ido al supermercado porque su nueva casa tenía un refrigerador demasiado grande para la cantidad absurda de comida que había dentro.Prácticamente nada. Elías había abierto la puerta aquella mañana, observado dos yogures, frut
Capítulo 228. Decidir si tenía derecho.Después comenzó a reír.Renata frunció el ceño.—¿Qué tiene tanta gracia?—Acabas de acusarme exactamente de lo mismo.—No es igual.—Por supuesto que no.—No lo es.—Ilumíname.Renata cruzó los brazos.—Yo no huí porque tuviera miedo de que me abandonaran.—¿Entonces?—Porque no lo amaba.La risa de Luciano desapareció.—Eso es diferente.—Exactamente.—¿Y por qué estabas con él?—Porque me gustaba.—¿Pero no lo amabas?—No.—¿Nunca?Renata negó.—No lo suficiente.Luciano la observó durante unos segundos.—¿Has estado enamorada alguna vez?Ella abrió la boca.La volvió a cerrar.—Eso es hacer trampa.—Te pregunté.—Y yo puedo no responder.—Cobarde.Renata soltó una carcajada.—¿Ahora soy cobarde?—Muchísimo.—Está bien.Tomó un poco de vino.—No.Luciano dejó de bromear.—¿Nunca?—Nunca de verdad.—¿Cómo sabes que no?—Porque nunca tuve miedo de perder a ninguno.Él se quedó callado.Renata continuó:—Cuando terminaron, me dolió el orgullo. O







