MasukCapítulo 215. Discusión.—¿Qué te pasa?Marian levantó la mirada.Arturo estaba al otro lado de la mesa, observándola.—Nada.—Llevas cinco minutos mirando el café.Ella bajó los ojos hacia la taza.—Estoy pensando.—¿En el café?—Es un tema complejo.Arturo arqueó una ceja.Marian intentó tomar un sorbo.El olor llegó antes.El estómago se le revolvió.Apartó la taza inmediatamente.Arturo dejó la laptop a un lado.—Otra vez.—¿Qué?—La cara.—¿Qué cara?—Esa que pones antes de vomitar.Marian lo fulminó.—Qué romántico eres por las mañanas.—Ayer también tuviste náuseas.—Comí demasiado.—Casi no cenaste.—Entonces comí demasiado poco.—Marian.—Arturo.Él se reclinó en la silla.—Llevas varios días así.—Estoy bien.—Estás cansada.—Trabajo.—Duermes mal.—Porque roncas mucho y no te has ido a tu casa, así que es comprensible.Arturo ignoró el golpe.—Te mareaste anteayer.—Me levanté demasiado rápido.—Ayer te dolía la cabeza.—Porque hablas demasiado.—Y ahora no soportas el café
Capítulo 214. La cita médica.—¿Y tú?—También.—Mentira.Marian suspiró.—No dormí mucho.—¿Y él no se dio cuenta?—Arturo duerme como si lo hubieran desconectado.Camelia soltó una risa nerviosa.—Eso sí te lo creo.—Además, me levanté temprano.—Para seguir buscando enfermedades.—Para trabajar.—Y buscar enfermedades.—Un poco.—Marian.—Ya entendí.Camelia permaneció unos segundos en silencio.—Voy contigo mañana.—No.—No era una pregunta.—Camelia, estás embarazada.—Y no incapacitada.—Fernando...—Fernando no decide dónde puedo ir.—Eso díselo a Fernando.—Se lo digo diariamente.Marian soltó otra risa. Esta vez Camelia sonrió.Solo un segundo.—Voy contigo.—No hace falta.—No pienso dejarte entrar sola después de pasar una noche convencida de que tienes un tumor.—No estoy convencida.—Perfecto. Entonces iremos para que un médico nos diga que no tienes nada y después regresaré a casa a insultarte por haberme asustado.Marian guardó silencio.—¿Y si no dice eso?La sonrisa d
Capítulo 213. Posibilidades.—Camelia, necesito hablar contigo.Camelia dejó de sonreír.Había algo extraño en la voz de Marian.No era exactamente miedo.Era peor.Era ese tono demasiado controlado que utilizaba alguien cuando llevaba horas intentando convencerse de que no ocurría nada.Camelia dejó la taza sobre la mesa.—Te escucho.—¿Fernando está contigo?La pregunta terminó de ponerla en alerta.Camelia miró hacia las escaleras.—Arriba. ¿Por qué?—Necesito que no escuche.—Marian, ¿qué pasó?—Primero dime que estás sola.Camelia se levantó.Caminó hacia la terraza y cerró la puerta de cristal.—Ahora sí.Silencio.—Me está pasando algo.Camelia apretó el teléfono.—¿Qué cosa?—No sé.—¿Te sientes mal?—Desde hace días.—¿Y por qué demonios no has ido al médico?—Porque no sé si estoy exagerando.—Después de todo lo que pasó, prefiero que exageres.Marian soltó el aire.—Eso mismo diría Arturo.—Porque Arturo tendría razón.—Por eso no quiero que se entere.Camelia cerró los ojo
A la mañana siguiente, Camelia descubrió que Fernando había encontrado una nueva forma de irritarla.—No.Fernando se detuvo frente a la mesa.—Ni siquiera sabes qué voy a decir.Camelia señaló lo que llevaba en las manos.—Tienes un vaso de jugo en una y mis vitaminas en la otra. No necesito poderes sobrenaturales.—Tómatelas.—Después.—Eso dijiste ayer.—Y sobreviví.Fernando dejó ambas cosas frente a ella.—Nuestro hijo necesita nutrientes.Camelia levantó lentamente la vista.—Nuestro hijo mide unos pocos centímetros y ya lo estás utilizando para ganar discusiones.—No lo estoy utilizando.—Claro.Tomó su taza de café. Fernando se la quitó.Camelia se quedó con la mano suspendida en el aire.—Devuélvemela.—No puedes tomar más. Ya tomaste.—Media.—Una.—Tú bebiste de la mía.—Eso no reduce la cafeína que entró en tu cuerpo.Camelia abrió mucho los ojos.—¿Desde cuándo sabes tanto de cafeína?—Desde que mi esposa está embarazada.—Eso no es una especialidad médica.—He leído.Cam
Capítulo 211. Una bella sorpresa de bienvenida.Camelia caminó hacia su oficina.La asistente iba detrás.—Señora...—¿Sí?—Antes de entrar...Camelia se detuvo.Giró lentamente.—¿Qué hizo?La mujer abrió los ojos.—¿Quién?—Mi marido.—Yo no dije que...—Tienes cara de que Fernando hizo algo.La asistente intentó esconder una sonrisa.Eso fue suficiente.Camelia cerró los ojos.—Dios mío.Abrió la puerta.Y se quedó completamente inmóvil.—No.La oficina estaba llena de flores.No un ramo. Ni dos. Había flores por todas partes.Sobre el escritorio. En la mesa auxiliar. Junto a la ventana.Incluso había un arreglo enorme ocupando prácticamente una silla completa.Rosas, tulipanes, peonías.Camelia no sabía cómo demonios habían conseguido tantas flores a aquella hora.Y entre ellas... Cajas de chocolates. Muchas. Demasiadas.Camelia abrió lentamente la boca.—Voy a matarlo.La asistente soltó una carcajada.—Son bonitas.Camelia giró.—¡No lo ayudes!—No estoy ayudando.—Estás sonrien
Capítulo 210. Sumando puntos.Camelia dejó de moverse.Él pareció arrepentirse de haberlo dicho.Bajó la mirada.—¿Qué?—Nada.—No.Camelia dejó el bolso sobre una mesa.—Acabas de decir que tienes pesadillas.—No importa.—A mí sí.Fernando apretó la mandíbula.—No hagas esto.—¿Hacer qué?—Mirarme como si ahora tuviera que explicarlo.—No tienes que hacerlo.Se acercó.—Pero tampoco puedes soltarme algo así y esperar que lo ignore.Él permaneció callado.Camelia esperó.Finalmente, Fernando habló.—Vuelvo al hospital.Su voz fue baja.—En sueños.Camelia sintió un nudo en el pecho.—Fernando...—Siempre es distinto.Miró hacia otro lado.—A veces llego tarde.Pausa.—A veces el médico sale y no dice nada.Camelia dejó de respirar.—Y otras veces entro en la habitación y...No terminó. No hizo falta.Camelia sintió que la rabia desaparecía de golpe. No completamente. Pero sí la parte que le impedía verlo.Fernando soltó una risa seca.—Ridículo.—No.—Sé que estás bien.—Fernando.—S







