เข้าสู่ระบบA la mañana siguiente, Camelia descubrió que Fernando había encontrado una nueva forma de irritarla.—No.Fernando se detuvo frente a la mesa.—Ni siquiera sabes qué voy a decir.Camelia señaló lo que llevaba en las manos.—Tienes un vaso de jugo en una y mis vitaminas en la otra. No necesito poderes sobrenaturales.—Tómatelas.—Después.—Eso dijiste ayer.—Y sobreviví.Fernando dejó ambas cosas frente a ella.—Nuestro hijo necesita nutrientes.Camelia levantó lentamente la vista.—Nuestro hijo mide unos pocos centímetros y ya lo estás utilizando para ganar discusiones.—No lo estoy utilizando.—Claro.Tomó su taza de café. Fernando se la quitó.Camelia se quedó con la mano suspendida en el aire.—Devuélvemela.—No puedes tomar más. Ya tomaste.—Media.—Una.—Tú bebiste de la mía.—Eso no reduce la cafeína que entró en tu cuerpo.Camelia abrió mucho los ojos.—¿Desde cuándo sabes tanto de cafeína?—Desde que mi esposa está embarazada.—Eso no es una especialidad médica.—He leído.Cam
Capítulo 211. Una bella sorpresa de bienvenida.Camelia caminó hacia su oficina.La asistente iba detrás.—Señora...—¿Sí?—Antes de entrar...Camelia se detuvo.Giró lentamente.—¿Qué hizo?La mujer abrió los ojos.—¿Quién?—Mi marido.—Yo no dije que...—Tienes cara de que Fernando hizo algo.La asistente intentó esconder una sonrisa.Eso fue suficiente.Camelia cerró los ojos.—Dios mío.Abrió la puerta.Y se quedó completamente inmóvil.—No.La oficina estaba llena de flores.No un ramo. Ni dos. Había flores por todas partes.Sobre el escritorio. En la mesa auxiliar. Junto a la ventana.Incluso había un arreglo enorme ocupando prácticamente una silla completa.Rosas, tulipanes, peonías.Camelia no sabía cómo demonios habían conseguido tantas flores a aquella hora.Y entre ellas... Cajas de chocolates. Muchas. Demasiadas.Camelia abrió lentamente la boca.—Voy a matarlo.La asistente soltó una carcajada.—Son bonitas.Camelia giró.—¡No lo ayudes!—No estoy ayudando.—Estás sonrien
Capítulo 210. Sumando puntos.Camelia dejó de moverse.Él pareció arrepentirse de haberlo dicho.Bajó la mirada.—¿Qué?—Nada.—No.Camelia dejó el bolso sobre una mesa.—Acabas de decir que tienes pesadillas.—No importa.—A mí sí.Fernando apretó la mandíbula.—No hagas esto.—¿Hacer qué?—Mirarme como si ahora tuviera que explicarlo.—No tienes que hacerlo.Se acercó.—Pero tampoco puedes soltarme algo así y esperar que lo ignore.Él permaneció callado.Camelia esperó.Finalmente, Fernando habló.—Vuelvo al hospital.Su voz fue baja.—En sueños.Camelia sintió un nudo en el pecho.—Fernando...—Siempre es distinto.Miró hacia otro lado.—A veces llego tarde.Pausa.—A veces el médico sale y no dice nada.Camelia dejó de respirar.—Y otras veces entro en la habitación y...No terminó. No hizo falta.Camelia sintió que la rabia desaparecía de golpe. No completamente. Pero sí la parte que le impedía verlo.Fernando soltó una risa seca.—Ridículo.—No.—Sé que estás bien.—Fernando.—S
Camelia supo que Fernando estaba tramando algo cuando bajó las escaleras y encontró a tres hombres esperando junto a la puerta.Se detuvo.Miró al primero.Después al segundo.Finalmente, al tercero.Trajes oscuros.Auriculares.Armas discretamente ocultas.Expresiones de hombres que no habían ido allí a repartir correspondencia.Camelia cerró los ojos.—Fernando.Nadie respondió.Inspiró.—¡Fernando!—Estoy aquí.Su esposo apareció desde el pasillo con una taza de café en una mano y el teléfono en la otra.Demasiado tranquilo.Eso confirmó todas sus sospechas.Camelia señaló hacia la entrada.—¿Qué es eso?Fernando miró a los hombres.—Personas.—Gracias. Pensé que eran jirafas.Uno de los guardias bajó la mirada.Fernando tomó café.—Preguntaste qué eran.—¿Por qué hay tres hombres armados en la puerta?—Dos.Camelia parpadeó.—Estoy viendo tres.—El tercero conduce.Ella se quedó mirándolo.Fernando bebió nuevamente.—No.—¿No qué?—Lo que sea que estés planeando.—No estoy planean
Capítulo 208. La apuesta.—Excelente.Tomó el vaso.Lo vació de un trago.—Ahora también tengo psicóloga.Su teléfono vibró. Luciano lo miró.Era un mensaje de Elías.Abrió el mensaje.“Necesito un favor.”Luciano soltó una risa seca.—Claro.Escribió:“¿Ya embarazaste a alguien más?”La respuesta apareció casi inmediatamente.“Vete al infierno.”Luciano sonrió.Mejor.Si Elías insultaba, al menos seguía siendo él.“¿Qué quieres?”Pasaron unos segundos.“Un contacto inmobiliario en Portugal.”Luciano frunció el ceño.Leyó otra vez.Después escribió:“¿Para qué?”La respuesta tardó.Demasiado.Luciano se incorporó.“Elías.”Tres puntos.Desaparecieron.Volvieron.Finalmente:“Voy a buscar una casa.”Luciano abrió mucho los ojos.—No puede ser.Marcó inmediatamente.Elías respondió al cuarto tono.—¿Qué?—No.—¿No qué?—No voy a permitir que tengas esta conversación por mensajes.—Luciano...—¿Una casa?Silencio.—Sí.Luciano se levantó.—¿En Portugal?—Sí.—¿Por qué?—Porque la quiero
Capítulo 207. No podía odiarlo.La sonrisa murió.Ahí estaba el golpe.—¿Te lo dijo?—No hizo falta.Luciano soltó aire.—Yo vi el juguete. La vi allí. Pensé que finalmente...Se detuvo.Renata no dijo nada.Él tragó saliva.—Le pregunté si podía recoger mis cosas.Renata sintió que el pecho le dolía.—¿Y qué respondió?—Que no.La palabra fue seca.—Dijo que había venido a verme. Nada más.Renata bajó lentamente la mirada.—¿Te explicó por qué te había dejado?—Ese día no.—¿Volvió otras veces?—Dos.—¿Solamente dos?—En varios años.Renata no encontró palabras.Luciano, sí.—La segunda vez me explicó lo de mi padre.Eso cambió inmediatamente el rumbo.—¿Por qué?—Porque le pregunté.—¿Qué le preguntaste?—Quién era.Luciano regresó hacia el escritorio.—Había empezado a entender que los demás niños tenían historias. Algunos sabían quiénes eran sus padres. Otros no.Tomó el vaso.—Yo sabía quién era mi madre.Una pausa.—No sabía nada del otro lado.—¿Y ella te contó?—Lo mínimo.—Qu







