MasukVivian regresó a la habitación poco más de una hora después de haber salido.Entró hablando sola muy bajito, todavía con el celular en una mano.—Vale, perdoname, se complicó más de lo que pensé...La frase quedó a medias.La cama estaba vacía.Al principio no se preocupó. Pensó que Valentina podía estar en el baño o incluso que hubiera bajado a buscar algo para comer, así que dejó el celular sobre una mesa y avanzó hacia el interior de la habitación.—¿Vale?No hubo ninguna respuesta.Fue hasta el baño y lo encontró vacío.Regresó a la habitación y entonces reparó en algo que le hizo fruncir el ceño.Vivian abrió el placard casi por reflejo. La mochila de Valentina no estaba.La valija seguía allí.También estaba el pijama viejo que Valentina usaba siempre, doblado sobre una silla, y el perfume que acostumbraba usar, todavía junto al espejo.No parecía que se hubiera ido definitivamente.Pero faltaba la mochila.Vivian recordó de inmediato lo que había ocurrido el día anterior: Valen
Daniela Casanova no esperaba visitas. Cuando un guardia le informó que alguien había solicitado verla, levantó la cabeza con sorpresa. —¿Quién? —Lo va a saber cuando entre. Daniela soltó una pequeña risa. —Bueno. Iré a ver quién se acordó de mí. Caminó hasta la sala sin apuro, convencida de que sería algún abogado, Félix o incluso alguien relacionado con el juicio. Por eso, cuando cruzó la puerta y vio a Valentina sentada del otro lado, la sorpresa apenas alcanzó a asomarse antes de convertirse en una sonrisa. Valentina ya estaba allí. Llevaba una bolsa discreta abrazada contra el cuerpo. Dentro estaba la urna de Lorena, aunque Daniela no tenía forma de saberlo. Apenas la vio, sonrió. —Mirá quién vino. Mi querida hijastra. Valentina no respondió al saludo. —Vine a verte una última vez. Daniela inclinó la cabeza. —¿Y Lorena? Los dedos de Valentina se cerraron alrededor de la urna. —No pronuncies su nombre. Daniela la estudió durante unos segundos. Había algo distinto e
Damián entró a la habitación cuando ya había pasado la medianoche.Valentina estaba despierta.No había encendido más que una lámpara y permanecía sentada en la cama, con las piernas cubiertas por la manta y la fotografía de Lorena entre las manos.Damián cerró la puerta con cuidado.—Pensé que estabas durmiendo.—No pude.Se quitó el saco y lo dejó sobre una silla antes de acercarse.—¿Cómo te sentís?Valentina dejó la fotografía sobre la mesa de luz.—Cansada.Damián se sentó junto a ella y se pasó una mano por el rostro.—Yo también. Lo que hizo Bianca no solo la complicó a ella. Disculpame, Vale. Lissandro Monteiro nos cerró varias puertas con distribuidoras y estoy teniendo problemas para hacer llegar materias primas a los hoteles. Todavía me falta resolver un montón de cosas y sé que te prometí que iba a estar con vos, pero se me fue todo de las manos.Ella lo observó unos segundos y después tomó su mano y comenzó a acariciarle los dedos.—Gracias.Damián frunció el ceño.—¿Por
Valentina despertó poco después del mediodía y lo primero que hizo fue extender una mano hacia el otro lado de la cama. Encontró las sábanas vacías. Permaneció unos segundos con la palma apoyada sobre el colchón, todavía desorientada por el sedante, hasta que recordó dónde estaba y por qué había dormido tantas horas. Entonces regresó todo. El hospital. El vestido de flores. Las puertas del ascensor cerrándose frente a ella. Cerró los ojos y retiró la mano. Vivian, que estaba trabajando con la computadora desde uno de los sillones, levantó inmediatamente la cabeza. —Vale. Valentina giró hacia ella. —¿Qué hora es? —Pasó el mediodía. —Dormí muchísimo. —Lo necesitabas. Valentina volvió a mirar el lugar vacío a su lado. —¿Damián se fue? Vivian dejó la computadora. —Tuvo que salir temprano. No quería irse. Hay varios problemas con los hoteles y también tiene que resolver lo de Bianca, pero llamó dos veces para preguntar por vos. Valentina asintió despacio. No preguntó na
A las ocho de la mañana, Damián ya estaba vestido y revisando correos en silencio junto a la ventana.Había dormido menos de dos horas.Valentina seguía profundamente dormida gracias al sedante, con el rostro más relajado que durante toda la noche, mientras Vivian permanecía en el sillón cercano con una manta sobre las piernas.Damián volvió a mirar hacia la cama antes de guardar el teléfono.Vivian abrió los ojos.—¿Te vas?—Tengo que hacerlo.—¿Por Bianca?—Por Bianca, por los proveedores y porque Monteiro decidió convertir todo esto en una guerra comercial.Vivian se incorporó.—¿Vas a dejarla sola?Damián negó.—Contigo,ayúdame con ella.Se acercó a la cama y acarició suavemente el cabello de Valentina.Ella no despertó.—Si abre los ojos antes de que vuelva, decile que tuve que salir por trabajo y que regreso apenas pueda.Vivian lo observó.—Se lo prometiste.Damián sostuvo su mirada.—Lo sé.Aquello le pesó más de lo que quería admitir.Se inclinó y besó la frente de Valentina.
Valentina entró al Hotel Santoro lentamente.No habló durante el trayecto.Vivian había intentado preguntarle dos veces si quería detenerse a tomar algo, pero ella había negado sin apartar la vista de la ventanilla. Damián manejó en silencio, revisándola de reojo cada tanto, porque aquella quietud empezaba a inquietarlo más que cualquiera de las crisis de llanto que había imaginado.Cuando llegaron, Valentina bajó del auto antes de que él pudiera abrirle la puerta.Caminó por el lobby sin prestar atención a nadie.El mismo hotel donde tiempo atrás había entrado con miedo, orgullo y demasiadas dudas ahora le parecía ajeno. No porque hubiera cambiado, sino porque ella ya no era la misma mujer que había llegado allí.Subió directamente a la habitación.Damián y Vivian fueron detrás.Valentina abrió el placard y sacó uno de sus pijamas viejos, el que tenía un pequeño agujero cerca del costado. Damián lo reconoció de inmediato y, en cualquier otro momento, probablemente habría hecho algún







