INICIAR SESIÓNAdvertencia de Contenido / Edad SOLO +18. Contenido erótico explícito. Temas tabú de hermanastros, lujuria obsesiva, sexo gráfico y puro libertinaje. No apto para menores. Claire Chen se está asfixiando. Entre las manos indecentes de su jefe depredador y meses de hambruna sexual, está a punto de quebrarse. Entonces interviene su hermanastro Jake, el creador de contenido adulto viral que no cree en los límites. Una noche lo atrapa en medio de una escena y se rompe. En una semana ya es adicta a sus videos. Para la segunda semana, está en su cama. Pero la posesión es una calle de doble sentido. Cuando Jake se niega a dejar de trabajar, Claire se da cuenta de que hará cualquier cosa por poseerlo. Toda su vida ha sido buena. Ahora va a ser absolutamente despiadada. ¿Qué pasa cuando una mujer que aprendió a desaparecer… aprende a destruir?
Ver másLa luz se sentía diferente por la mañana.Claire despertó con el gris filtrándose por las persianas que nunca se había molestado en abrir, el cuerpo pesado de esa forma deliciosa y sin huesos que solo venía de haber sido follada a fondo, sin piedad. El brazo de Jake era una marca al rojo vivo sobre su cintura. Apenas respiraba. Solo yacía ahí sintiendo los dolores. Los muslos, las caderas, el lugar tierno e hinchado entre las piernas que latía con un pulso sordo y satisfecho.La noche anterior había reconfigurado algo. La vergüenza que había cargado durante años, el peso secreto de su obsesión, se había quemado en el calor de su boca, de sus manos, de la forma en que la había mirado como si fuera lo único en el mundo que valía la pena tocar.Se sentía nueva.Jake se removió detrás de ella, el brazo apretándose, atrayéndola contra su pecho. Lo sintió duro contra su culo. La deseaba. Incluso inconsciente, su cuerpo sabía del de ella.—Hola —murmuró, la voz ronca de sueño. Sus labios enc
Claire se había puesto pantalones de chándal y una sudadera oversized, pero aún así se sentía desnuda. Su coño seguía hinchado, mojado, latiendo con el orgasmo que él había interrumpido. Miraba la puerta, el corazón golpeándole el pecho, sabiendo exactamente quién estaba al otro lado.—Claire. —La voz de Jake se oía apagada, ronca—. ¿Puedo entrar? ¿Por favor?—Sí —respondió ella. La voz se le quebró.La puerta se abrió lentamente. Jake estaba ahí, el cabello revuelto, los ojos oscuros. Parecía destrozado. Parecía hermoso.—Lo siento —dijo de inmediato, entrando y cerrando la puerta detrás de él—. Debería haber tocado. Debería haber… joder, no debería haber mirado. Debería haberme ido enseguida.—Para. —Claire levantó la mano. Los dedos todavía le pegaban. Se los metió en el bolsillo de la sudadera, las mejillas ardiéndole—. No tienes que disculparte. La jodida soy yo aquí. No tú.La expresión de Jake cambió. Cruzó la habitación en tres zancadas.—No estás jodida —dijo en voz baja. Su
El coño de Claire era lo único que la mantenía a flote durante la semana.Esa era la jodida verdad que no podía admitirle a nadie. Ni a su terapeuta, ni a su grupo de chat, y definitivamente no al barista que había empezado a mirarla con preocupación cuando pedía su tercer espresso antes del mediodía. Su cuerpo funcionaba con residuales: cuatro horas de sueño por noche y el constante, abrasador dolor entre sus muslos que ninguna ducha fría podía matar.Porque cada vez que cerraba los ojos, lo veía a él.Jake. Empapado en sudor y sin vergüenza, las caderas golpeando, esa sonrisa de lado que se le había grabado en la retina.Había intentado ser buena. Borró su número del teléfono, tomaba el camino largo al baño para evitar pasar por su puerta cerrada, usaba auriculares constantemente para bloquear los sonidos de él viviendo. Duchándose, cocinando, follándose a otras mujeres en su apartamento mientras ella fingía dormir. Pero su cuerpo no le importaba su moral.Su cuerpo lo quería a él.
La mano de Richard se había demorado en su muslo debajo de la mesa de conferencias, sus dedos rozando cerca de donde ella goteaba, su aliento caliente contra su oído susurrando sobre ascensos y acomodaciones, y su cuerpo la había traicionado por completo.Se había puesto más mojada. No por él. Nunca por ese cerdo hinchado y empapado en colonia, sino por la pura necesidad. Por ser tocada después de meses de hambruna. Sus pezones estaban duros contra la blusa, visibles si alguien se molestaba en mirar, frotándose contra la tela con cada respiración, enviando chispas hasta su coño vacío y contraído.Estaba hecha un desastre, un charco de deseo insatisfecho metido en ropa corporativa, y las luces del ascensor zumbaban como zumbaba su clítoris si alguna vez conseguía cinco minutos a solas.Claire Chen estaba a una respiración de gritar o de llorar. Honestamente no sabía cuál vendría primero. Probablemente llorar. Ya lo había hecho en el baño del piso diecisiete después de que la mano de Ri


















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