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last update Data de publicação: 2026-05-19 21:56:00

Garlan se encontró en medio de una encrucijada. Desayunar de aquella forma, con la comida caliente, casera y con un olor delicioso... hacía mucho tiempo que no lo hacía. Estaba más habituado a los desayunos de hotel o solo de café en la mañana por lo que la sensación fue gratificante. No era un hombre tan fácil de sorprender, pero en este momento...

Como cuando la frase un alfa se conquista por el estómago se hacía válida.

Razón por la que se enfocó más en comer que hablar con el chico, hasta que notó que él...

-¿Por qué no comes?- le preguntó él tomando un sorbo de café.

-¿Puedo?- la pregunta de Tobias lo desconcertó.

-¿Por qué no podrías?- frunció el entrecejo- Si está servido es por una razón.

-Gracias- el agradecimiento por parte de él lo alteró aún más.

-¿Qué? Acaso tu casa era como el servicio militar en donde tenías que pedir permiso hasta para ir al baño- se burló el alfa con el comentario que no tenía ningún trasfondo. No se esperó que el chico no respondiera, más bien, los hombros de este se pusieron sumamente tensos-

Garlan no siguió insistiendo dada la reacción que percibió, quizás había pedido permiso debido a su retraso mental, tampoco era que iba a indagar mucho en eso, mientras no le diera problemas, y tampoco le quedaba mucho tiempo. Debía ir al trabajo, una empresa no se dirigía sola. Miró el reloj de la cocina minutos después y se levantó dejándolo solo en la mesa. Había notado que no había comido tanto, al menos no como él.

Tobias esperó a que el Ceo desapareciera para soltar los cubiertos y mirar todo lo que estaba en la mesa. Una costumbre que tenía desde ya no recordaba. Se estremeció al indagar en sus memorias del pasado. Mejor no lo hacía, ahora no estaba en su casa, ni junto a sus padres, y por el momento, en lo poco que había interactuado con aquel extraño no se había propasado con él.

***

El chico terminó de vestirse y agarró su bolsa prácticamente vacía. Había guardado todas las cosas de la universidad en su casillero para no tener que mover mucho cuando se mudara. Así que viajaría ligero. Solo no se esperó que cuando saliera Garlan ya se había ido hacía como 15 minutos.

No era un problema realmente, solo sino fuera por el hecho de que él ahora estaba viviendo mucho más lejos que antes de la Universidad, en un recinto residencial donde seguro los autobuses no pasaban y menos los taxis.

Se mordió el labio inferior. Debía haber tenido el atrevimiento de pedirle que lo llevara a la parada más cercana. Chasqueó la lengua, ahora tocaba correr.

Y aun así Tobías llegó sofocado, recostándose con una mano a la pared del aula que le correspondía y las piernas temblando. Lo peor, era tarde, casi había perdido una hora de su primer turno, al menos el profesor era alguien agradable, pero estaba seguro que lo regañaría, después de todo él estaba allí por una beca por lo que debía dar el ejemplo.

Se enderezó y respiró profundo. Abrió la puerta para hacer el menor escándalo, sin embargo.

-Tobias, llegas tarde-

Él apretó los labios. No había necesidad de llamarle la atención de esa forma de una punta de la inmensa aula a la otra cuando, esta era la primera vez que él llegaba un poco retrasado.

-Lo siento- se disculpó él con vergüenza ante la mirada de reproche de los demás alumnos. Algo normal en su vida.

-Ve a verme a la hora de almuerzo- el profesor le dijo con voz seria- Ve a sentarse.

Tobias hizo lo propio en la última fila, completamente solo. No se llevaba con ninguno de sus compañeros, lo habían aislado al enterarse que él había llegado entrando por beca y que además tenía los años saltados, por lo que, aunque ellos se graduarían con 23-24 años de solo un idioma, él lo haría en tres y con solo 21 años.

¿Envidia?

La mayoría.

***

El timbre sonó y Tobias salió de la clase de alemán avanzado en dirección a la oficina del profesor. William era el profesor beta que lo atendía a él, por lo que sabía que la reprimenda debía ser dura, era muy exigente con él alegando que era de los pocos estudiantes que lograría record en la escuela. Impartía inglés después de haber vivido años en Inglaterra y por alguna razón sentía que él estaba muy pendiente a su situación.

Tocó la puerta de su oficina y escuchó como este le dejaba entrar. Su oficina era pequeña pero iluminada y en el medio había una mesa llena de documentos sobre el escritorio. Detrás de él un hombre de treinta tantos años, con el cabello cobrizo oscuro recortado elegantemente dejando a la vista los rasgos agraciados. Era un hombre guapo para ser beta, fácilmente podría pasar por alfa sino fuera por el hecho que no emitía feromonas ni tenía colmillos. Más de una vez había escuchado a compañeras de él hablar sobre su persona, sin embargo, Tobias no estaba interesado precisamente en el romance y como omega... los betas solían pasar aún más desapercibidos.

¿Algo estaría mal con él?

La verdad, tenía tantos problemas en su vida que el romance y el sexo era lo último en su lista. Quizás por eso no se había derretido por el hombre que estaba en su casa, como le había dicho su madre que le pasaría.

-Siéntate Tobias- le ofreció él- ¿Quieres un té o un café?

Él negó y se sentó.

-¿Qué fue lo que ocurrió? Eres un chico ejemplar y en estos tres años que has estado aquí no has llegado nunca tarde. Ni cuando ha llovido.

Tobias inclinó ligeramente la cabeza.

-Me mudé ayer y la ubicación está lejos de donde se puede coger algún medio de transporte. No volverá a ocurrir.

-¿Te mudaste ayer?- él le pregunto sorprendido- No avisaste de nada.

Tobias negó. No era como si estuviese diciendo su vida privada, aunque a la universidad debido a que estaba por beca, cursaba tres idiomas y además realizaba trabajos de traducción que llegaban a pedido por clientes, normalmente tenían que tener un control sobre él y su ubicación. Además... estaba en casa de un desconocido. Sería bueno que al menos alguien supiera sobre él en caso que algo ocurriese.

-Sí, mi madre tuvo que salir de viaje y me dejó en casa de un amigo de ella hasta que volviera. Como sabe, ella... es mi tutora.

El beta se quedó mirándolo fijamente.

-eso es algo que todavía no entiendo. Ya eres mayor de edad, y aunque ella es tu tutora alegando que posees retraso mental no he visto ningún rasgo significativo en todos estos años por lo que no puedas valerte solo.

Tobias solo pudo sonreír débilmente. No era a él al que debían decirle aquello, pero ya estaba trabajando en eso, una de ellas salir de su casa, aun si era para casa de un extraño.

-Y ese tipo ¿lo conoces? ¿Es alfa, beta, omega? ¿te ha hecho algo?

Tobias negó.

-Me ha tratado bien y no, no me ha hecho nada, no tiene que preocuparte- intentaba desviar el tema lo más rápido posible- Y es... beta- mintió.

Si decía que era alfa seguramente el profesor se alarmaría aún más. Era bien sabido el alto lívido que tenía esta casta y lo volátiles que eran sus emociones. Además, que los profesores sabían que él... era omega dado la revisión de su expediente al ingresar, aunque a su pedido y dada su casi nula capacidad de reaccionar a las feromonas y tener celo no lo habían hecho público y él actuaba como un simple beta más. Quizás por eso tenía más problemas en las clases, donde los alfas eran los que solían sobresalir.

Fue entonces que William se corrió hacia adelante y le agarró una de las manos que estaba en el borde del escritorio. La apretó entres sus dedos y acarició sus nudillos con el pulgar.

-Si necesitas ayuda o donde quedarte yo puedo ayudarte. No tienes que tener pena en pedirme algo. Mi casa es grande. Si te sientes incómo...

-Estoy bien- Tobias logró retirar su mano y llevarla al regazo - Si tengo problemas le diré.

William no pareció muy convencido, pero no insistió más dado que Tobias no solía ser muy abierto ni con él ni con nadie.

-Si lo dices- agarró un sobre de su escritorio y se lo dio- Esto me lo dio el profesor de alemán, es para traducción, dentro están los documentos y lo que ganarías por ello. Alguna duda puedes ponerte en contacto con él.

Tobias lo agarró rápidamente y se levantó.

-¿necesita algo más?

William negó.

-Puedes retirarte, pero mi oferta está en pie.

Una gota de sudor corrió por la sien de Tobias retrocediendo un paso.

Una que apenas lo quería en su casa y otro que se lo proponía insistentemente.

-Gracias- respondió rápido y salió de la oficina apretando el sobre contra su pecho. Al menos eso le daba alivio. Cada empleo serían horas sin dormir, pero números en su monedero.

Y pensándolo, muchas chicas estarían como locas si se les dieran una oferta como aquella.

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