MasukSergio no dejó descansar a Bianca en toda la noche. Al día siguiente, ella no dejaba de insultarlo y decirle que era un desgraciado. Sergio sonrió satisfecho.—Sigue insultándome y esta noche repetimos.Al verlo tan a gusto, Bianca casi llegó a sospechar que él mismo había filtrado esos trapos sucios en internet. Así podría llevarla a vivir a su casa abiertamente y con toda justificación.Bianca recordó lo que no había terminado de preguntarle la noche anterior y volvió a sacar el tema.—¿Doña Herminia se desmayó porque se enteró por lo de internet de que estamos juntos y no lo soportó?Sergio sabía que ella siempre había sido lista. Era lo más normal que lo hubiera adivinado.—No te preocupes por ella.Con eso, Sergio lo admitía. Habló en tono relajado, casi burlándose de sí mismo:—Su nieto es doctor, y en sus chequeos anuales siempre sale sana. No le va a pasar nada.Con los años, se había acostumbrado de sobra a esa táctica. Ya era inmune. Lo que pasaba era que su abuela todavía no
—Te estaba esperando.Sergio se angustió. No se alegró, sino que se preocupó todavía más.—Hace frío. Podías esperarme en la habitación. Anda, regresa adentro y acuéstate, no te vayas a resfriar.Sergio le tomó la mano y, mientras le hablaba con dulzura, se dispuso a llevarla de vuelta a la habitación.—Sergio...Bianca lo retuvo de la mano y no se movió. Sergio se volteó y la miró confundido.—¿Qué pasa?Bianca siempre había sido franca y directa. Si no aclaraba ciertas cosas, no se quedaba tranquila. En lugar de estar con sospechas, prefería preguntárselo.—Tengo que preguntarte algo.—¿Tan seria?Sergio se sorprendió. Bianca no sabía guardarse nada; Sergio lo había notado desde que él entró por la puerta.—Está bien, pregunta. ¿Qué pasa?Bianca ordenó un poco sus ideas y lo miró fijamente a los ojos, de expresión tranquila y amable.—¿Hace tiempo que averiguaste que Andrea tenía que ver con la campaña para desprestigiarme en internet que se volvió tendencia esta vez? ¿Y lo de la otr
Vanessa no quería que Bianca la malinterpretara, así que respondió con un “ajá” y empezó a explicarle:—Aunque descubrimos que hay cierta relación con Andrea, no tenemos pruebas concretas. Por ahora solo son sospechas.A Bianca se le erizó el cuero cabelludo y se le ensombreció la mirada, pero no quería que Vanessa se preocupara.—Lo sé. Si de verdad tiene que ver con Andrea, no se lo voy a perdonar.—Y no solo tú, yo sería la primera en no permitirlo —coincidió Vanessa.Bianca sonrió, reconfortada.—Por algo eres mi mejor amiga.Vanessa también sonrió. Al notar que el ánimo de su amiga no parecía distinto, se fue tranquilizando. No hablaron mucho más y colgaron. Apenas Vanessa colgó, Rafael abrió la puerta y entró en la habitación.Al ver que ella todavía sonreía, llegó a la cama en unos cuantos pasos y le habló con un tono de celos.—¿Con quién hablaba mi esposa para reírse tan contenta?—¿Qué? ¿Estás celoso?—Pues sí, estoy celoso.Rafael se inclinó y le acercó su cara apuesta e imp
Adela no esperó a que él respondiera; se dio la vuelta, subió al auto de lujo que estaba al lado y se fue. Andrea llevaba un rato sentada en el asiento del copiloto del auto de Sergio, esperándolo. Durante todo el trayecto, dentro del auto reinó silencio.Andrea notaba que Sergio no estaba de muy buen ánimo. Supuso que debía de ser por algo que Adela le había dicho hacía un momento.—Perdona la molestia de que me lleves a casa, de verdad lo siento.Andrea se retorcía las manos y buscaba algo de qué hablar. Sergio, concentrado en manejar, respondió con tono tranquilo y distante:—No es nada, me queda de camino.Hizo una pausa y continuó:—Por suerte llegaste a tiempo esta noche y a mi abuela no le pasó nada grave. Gracias.Andrea sonrió con dulzura:—Pase lo que pase, somos amigos, no tienes por qué ser tan formal. Además, entre doña Herminia y yo hay cierta afinidad, y ella también es muy buena conmigo. Solo hice lo que me correspondía.Sergio murmuró y no volvió a hablar.Así siguiero
Sergio entreabrió sus labios finos, como si fuera a decir algo, pero Adela lo detuvo. Lo miró de reojo para indicarle que se callara. Sergio no dijo nada más.Herminia tomó la medicina y, ya desahogado su mal genio, al poco rato se fue quedando dormida. Andrea se quedó acompañándola en la habitación y solo cuando Herminia se durmió salió sin hacer ruido.En el pasillo, Sergio estaba recargado en el barandal, como si la esperara.—Hablemos un momento.Andrea asintió.Fueron al balcón del lado oeste del segundo piso. La noche estaba fresca y soplaba un viento fuerte que les daba en la cara, helado. Andrea llevaba un suéter de cachemira debajo de un abrigo blanco hueso; de pie bajo la luz, se le veía un porte dulce e intelectual.Se ciñó el abrigo.—¿Qué pasa? —preguntó con la voz algo temblorosa.Sergio se dio cuenta de que tenía frío y, como buen caballero, le dijo:—Entremos, no hablemos aquí.—No hace falta.A Andrea le gustaba estar a solas con él y quería seguir así, de modo que se
Doña Herminia estaba recostada contra la cabecera de la cama, sin fuerzas.Miró a Sergio un momento y apartó la mirada sin decir nada, como si estuviera furiosa con él. Al verlo, Andrea le habló para tranquilizarla:—Últimamente no ha descansado bien y, además, ha estado de mal humor; entre una cosa y otra, terminó desmayándose. Doña Herminia, pase lo que pase, tiene que comer bien y mantenerse de buen ánimo para que su salud mejore.Doña Herminia lanzó una indirecta:—Si todos aquí fueran tan dóciles y atentos como tú, no me habrían hecho enojar tanto.Suspiró.—Da igual. De cualquier manera, ya estoy vieja y a lo mejor solo estorbo. Si un día de estos estiro la pata, todos tendrán paz.Adela se alarmó.—Mamá, no hable así de usted misma. Si está enojada, desquítese. En esta casa todos, sin excepción, queremos que usted esté bien.Adela era de carácter apacible y siempre había tenido fama de nuera ejemplar.Eso también tenía muy satisfecha a doña Herminia, que nunca le había encontrad







