MasukVanessa esperaba afuera del quirófano, consumida por la angustia. Sentía como si algo se hubiera roto dentro de ella; estaba entumecida, incapaz siquiera de sentir dolor.Al poco rato, la familia Cisneros llegó al hospital. Édgar venía sosteniendo a Antonio, que se plantó frente a ella. Al ver lo pálida que estaba, se sintió culpable.—Vanessa, lo de esta noche... nuestra familia te falló —dijo Antonio, y golpeó el bastón contra el suelo con fuerza—. Voy a interrogar a Rafael hasta el último detalle y te voy a dar una explicación.Vanessa siempre sintió un respeto inmenso por Antonio. Lo de esa noche no era culpa de él.Lo miró con ojos vacíos, su voz le salió ronca:—Abuelo Antonio, mi abuelo va a estar bien, ¿verdad?—Sí, claro que sí —se apresuró a responder él.Vanessa asintió apenas y murmuró un leve “sí”, pero su mirada seguía teñida de una tristeza infinita.—Yo también creo que va a estar bien.Así como estaba, parecía no tener vida. Como si algo se le hubiera quebrado por dent
—¿Qué dijo ese sujeto?El corazón expectante de Vanessa se desplomó. Lo miró sin entender, incrédula.—¿Qué... dijiste?Rafael cerró los ojos con fuerza, las pupilas contraídas, y sus ojos se tornaron aún más sombríos al encontrarse con la mirada acusadora de ella.Alexis se acercó a Vanessa sonriendo, desbordante de entusiasmo.—¿Oíste? Te lo dije: él jamás va a reconocerte. ¿Ahora sí me crees?Vanessa sintió una sucesión de puñaladas directas al corazón; una herida abierta por la que su fuerza vital parecía escaparse sin freno. Apretó la garganta y logró forzar las palabras con la voz áspera:—¿En serio?A Rafael se le desencajó el semblante, presa de la angustia, tensó los puños a los costados y se le cerró la garganta.—Rafael, entonces solo era un rumor. Y todos creíamos que esta noche ibas a anunciar la boda.Natalia alzó la voz a propósito.—Yo pensé que la esposa iba a ser la señorita Zárate.A Vanessa le temblaron los labios y tardó en encontrar la voz.—¿Por qué?Estaba destr
Era Rafael. Por fin llegó.Vanessa sintió que la alegría le iluminaba la cara y que al fin podía respirar. Pero los demás cambiaron de expresión, impactados, como si no esperaran que apareciera. Sobre todo Alexis. ¿No se suponía que no vendría esta noche? ¿Qué demonios estaba haciendo Camila?—Rafael...Vanessa, radiante, se recogió la falda del vestido y caminó hacia él a paso rápido, pero al ver otra persona aparecer a su lado, la expresión se le congeló. Se detuvo en seco. ¿Camila? Llegaron juntos.Rafael vestía un traje oscuro que le daba un aire severo y distinguido. A su lado, Camila llevaba un vestido de gala suntuoso y una peluca de rizos largos color vino, al parecer para ocultar la herida que Vanessa le había dejado en la cabeza el día anterior. Pero aquel arreglo, lejos de ser discreto, resultaba llamativo y ostentoso. Los dos eran de apariencia extraordinaria, y verlos juntos transmitía una inesperada armonía.Era inevitable pensar que ella era la esposa que Rafael iba a pr
—¡Es una descarada! Y se supone que viene de buena familia, mira las bajezas que es capaz de hacer.—Ni que lo digas, nos hace quedar mal a todas las mujeres.Esos insultos despiadados contra Vanessa llovían de todas partes, y sin embargo ninguno de los Cisneros, que conocían la verdad, salió a defenderla. Édgar quiso hablar, pero Yolanda lo sujetó con fuerza del brazo.—En este momento, mientras más expliques, peor se pone. Deja que ella lo resuelva sola.Roberto tenía la cara desencajada y el pecho agitado de la furia. Pero confiaba en su nieta: si ella decía que podía resolverlo, podía hacerlo.—Que todo el mundo se calme —ordenó Antonio—. Lo que están diciendo en redes es pura maldad, nada más para levantar falsos. Cuando llegue Rafael, todos van a conocer la verdad.—Abuelo, deja de proteger a Vanessa —dijo Natalia con seguridad—. Rafael no viene porque seguro se quedó consolando a su esposa.Alexis insistió:—Vanessa, Rafael no es para ti. Solo tienes que decir una palabra y acla
Antonio reprendió a Natalia:—¡Cierra la boca, muchacha! ¿Quién te mandó venir?Su mirada severa se clavó en Yolanda, como diciéndole todo sin palabras.Los murmullos a su alrededor no cesaban y las miradas hacia Vanessa eran de absoluto desprecio. Vanessa mantuvo la compostura y observó a Alexis sonreír con burla.—¿Esto es lo que tenías preparado para esta noche?Alexis puso cara de inocente.—Me malinterpretas. Esto no tiene nada que ver conmigo, ¿cómo crees que yo haría algo así?Natalia intervino con voz chillona:—¡Yo tengo un testigo! Puedo demostrar que Vanessa sedujo a Rafael. Solo que él no se casó con ella. Todo el mundo sabe que Rafael y la señorita Zárate, de la capital, se corresponden mutuamente. Todos estos años estuvieron esperándose el uno al otro. Está claro que ella intentó seducirlo, pero no lo logró.Cuando Natalia terminó de hablar, alguien preguntó:—¿Y quién eres tú? No puedes lanzar acusaciones al aire. ¿Dónde está el testigo?Natalia dirigió la mirada hacia I
Quien entró fue Alexis. Vestía un traje costoso y se acercó a ella con una sonrisa.—¿Qué pasa, todavía esperando a Rafael?Vanessa no le respondió. Con cara de pocos amigos, le preguntó:—¿Qué haces aquí? No eres bienvenido, vete.Alexis rio con cinismo.—Vengo a salvarte, para que no pases tanta vergüenza dentro de un rato.Vanessa entrecerró los ojos y lo miró con desconfianza. Alexis siempre fue alguien orgulloso que no aceptaba la derrota. Desde que ella rompió el compromiso, pasando por el momento en que le reveló la verdadera cara de Natalia, hasta que se enteró de su matrimonio con Rafael, no dejó de negarlo todo ni de aferrarse a creer solo lo que quería creer. Por eso, durante todo ese tiempo, sin importar lo que ella dijera, él seguía sin aceptar que ya no lo amaba.—No quiero hablar contigo. Vete.Vanessa llamó a los meseros que estaban afuera.—Sáquenlo, por favor.Los meseros sabían perfectamente qué tipo de evento era aquel. El cumpleaños de Rafael, organizado con todo







