FAZER LOGIN—Abuelo, abuelo… despierta, por favor…Las lágrimas le nublaban la vista a Vanessa. Con los brazos rodeaba los hombros de su abuelo y lo sacudía con suavidad, derrumbada, con el corazón despedazado.No se atrevía siquiera a pensar en lo de la muerte de su madre. Temía no aguantarlo, perder la concentración un segundo y, junto con eso, perder hasta la empresa.Por eso apretaba los dientes y resistía, obligándose a no recordar la imagen de su madre atrapada en el auto, consumida por las llamas.Pero cada vez que soñaba, soñaba con aquella escena de hace diez años. La noche teñida de rojo por el fuego, el humo espeso que subía sin parar.Su madre fue devorada por las llamas, se debatió en agonía dentro del auto y al final quedó reducida a un cuerpo carbonizado frente a ella y a su padre.Vanessa se apretaba el pecho, partida de dolor. Apenas podía respirar; las lágrimas le brotaban con más fuerza y casi se quedaba sin voz de tanto llorar.Rafael escuchó el ruido desde la puerta y entró. A
Al pensar que el abuelo podría despertar, Vanessa se sintió emocionada y nerviosa al mismo tiempo, y llegó al hospital lo más rápido que pudo.Entonces vio a Rafael y al profesor Ulloa conversando frente a la puerta de la habitación, y corrió hacia ellos con prisa.—¿El abuelo despertó?Vanessa los miraba con esperanza, y el corazón le latía con fuerza. Desde que su abuelo se había puesto mal, no había dejado de sentir miedo y culpa, y en cada momento rogaba que estuviera a salvo y que despertara pronto. Incluso ahora, temblaba sin poder controlarse.Rafael vio esa expectativa en sus ojos y frunció ligeramente el ceño.—Vanessa, primero escúchame…Aunque Rafael todavía no había terminado de hablar, a Vanessa le bastó ver esa expresión para quedarse helada.—¿Qué pasa? Si es algo malo, no me lo digas; entro a verlo yo misma.Vanessa intentó apartar a Rafael para entrar, pero de pronto él la sujetó con fuerza del brazo, la atrajo hacia sí y la abrazó.Sintió que el mundo se le venía abaj
—Confío en que la señorita León nos dará una sorpresa antes que la ingeniera Zárate y pondrá en alto el nombre de Cartaluz.Vanessa se puso un poco seria. Con semejante responsabilidad encima, era difícil no sentir la presión. Pero ya no le tenía miedo a la presión; al contrario, le parecía un reto estimulante.Sobre todo porque debía redimirse por lo de aquel año, cuando su sistema todavía inmaduro causó la muerte de su madre.Después de almorzar con ellos, Vanessa los acompañó hasta el auto. A cada uno le hizo un obsequio.—Sé que al subsecretario Quintana le encanta la pintura. Hace poco conseguí un cuadro, “Mil Millas de Ríos y Montañas”, pero yo entiendo muy poco de arte y sería un desperdicio que se quedara en mis manos. Se lo regalo especialmente a usted; solo en sus manos esta obra no quedará desaprovechada.Vanessa había hecho su investigación y sabía que al subsecretario Quintana le apasionaba la pintura.En particular elogiaba sin reservas esta “Mil Millas de Ríos y Montañas
Camila se quedó atónita. En ese momento, Rodrigo ya había salido de la habitación y habló desde la puerta.—Vigílenla bien. No la dejen hacer alguna locura.Camila respiraba agitadamente de furia. Golpeaba la cama con las dos manos como una desquiciada, como si no sintiera dolor alguno.¡Odiaba a Vanessa con toda su alma! ¡Ella pudo haberlo tenido todo, y ahora esa otra se lo arruinó!***Mientras tanto, la Vanessa que supuestamente le arruinó todo a Camila terminaba de dejar a Bianca en casa.Como sabía que Bianca salía ese día del hospital, desde temprano contrató a una enfermera particular y a una señora del servicio para que se ocuparan de sus cuidados y de la cocina.Bianca estaba sentada en la silla de ruedas, tratando de no cargar el pie lastimado, pero al ver que Vanessa ya se iba, apretó la mandíbula y se apoyó en los brazos de la silla para levantarse.—¿Por qué te paras? Ten cuidado.Vanessa cruzó la sala rápidamente y la sostuvo para que no se cayera. Bianca mantenía el otr
Vanessa subió al auto enseguida y se alejó de él sin volver a mirarlo. Lo que sí lo notó fue que Bianca parecía una enamorada devota a la que acababan de abandonar. Pero lo que Bianca más admiró fue la actitud de Vanessa.—Me dejaste con la boca abierta.A Rafael le palpitaron las sienes y se las frotó con la mano. Mientras tanto. Rodrigo fue a ver a Camila a la habitación del hospital.—¿Por qué siguen sin retirar esas publicaciones? ¿No dijiste que lo ibas a arreglar? Esa gente me está insultando con cosas horribles. ¿Lo estás manejando o no?Camila tenía la cara cubierta de vendas; solo asomaban los orificios de la nariz, la boca y un par de ojos rencorosos.—Diego me dijo que estás atacando al Grupo León —siseó—. ¿Cómo va todo? Quiero que esa mujer lo pierda todo. ¡Acábala por mí!Rodrigo le hizo una seña al cuidador para que saliera. Camila, desesperada por la respuesta, volvió a acosarlo con preguntas. Entonces la miró con frialdad.—¿Crees que por tener poder e influencia los Zá
Daniel alejaba a Bianca, pero ella no se quedaba tranquila y giraba la cabeza de vez en cuando para mirar hacia donde estaban los demás.—¿En serio no le va a pasar nada a Vanessa si nos vamos así?Al verla tan inquieta, Daniel la calmó.—Aunque el señor Zárate parezca amenazante, no se atrevería a hacerle daño a la señorita.Bianca asintió y solo entonces se tranquilizó un poco.—¿Tan rápido lo pensó, señor Zárate?Mientras tanto, Vanessa vio que Rodrigo se acercaba y fue la primera en hablar.—¿Tanta prisa? ¿Qué? ¿Miedo de no poder proteger al Grupo León? —Rodrigo vestía un traje negro de alta costura y tenía una presencia arrogante y cortante.Bajo el cuello de la camisa apenas se alcanzaba a ver una cadena de metal. Vanessa hizo una mueca, pero su mirada fría no tenía rastro de humor.—Tengo miedo de que terminemos destruyéndonos mutuamente.Todo en ella dejaba claro que no era una mujer con la que se pudiera jugar. Rodrigo la miró con cinismo.De pronto vislumbró, no muy lejos det







