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Capítulo 586

Author: Ámbar O.
Para ella, estaba loco. Alexis, muerto de vergüenza, agachó un poco la cabeza y cerró los puños a los costados para contenerse.

—Rafael, solo me preocupaba tu herida; vine a verte, y ya.

Vanessa adivinó que esta visita no era tan sencilla y recogió el plato y el termo de comida.

—Hablen ustedes, salgo un momento.

—Ten cuidado, no te alejes demasiado.

Rafael se lo pidió con dulzura, ignorando la presencia de Alexis. Vanessa bajó la mirada y asintió. Sabía muy bien que esa frase no era para provoc
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    —El doctor dijo que su estado ha mejorado y que hay muchas posibilidades de que despierte.Daniel suspiró aliviado. La alegría se le notó.—Qué buena noticia. Lo importante es que despierte sana y salva.Vanessa alzó la mirada hacia Daniel y sintió compasión por él:—Cuando Bianca despierte y sepa que tiene un amigo como tú, tan preocupado por ella, seguro se pondrá muy feliz.La expresión de Daniel se tensó un poco.¿Un amigo?¿Tenía derecho a ser su amigo?—Usted considera a la señorita Torres una hermana. Por supuesto que yo también quiero que esté bien para que usted no se ponga triste —dijo Daniel con una sonrisa incómoda.Vanessa comprendió y asintió.No dijo nada más.Regresó a la empresa para ocuparse de unos documentos. Pasadas las cuatro de la tarde, recibió una llamada de Rafael.Todavía no habían encontrado a Alexis, pero la investigación sobre el atropello de Bianca había avanzado al esclarecer que, tal como había dicho Daniel, de los dos grupos implicados, el que también

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    —¿Qué pasó?Con la garganta seca, Vanessa logró articular esas palabras. Si se prestaba atención, se notaba un leve temblor en su voz.—No se preocupe, señorita León. No le pasó nada a la señorita Torres. Al contrario, hoy se encuentra bastante bien y tiene muchas ganas de vivir —respondió aliviado el doctor Godoy, que estaba junto a Sergio.Vanessa miró a Sergio, confundida por su mala cara pese a la respuesta del doctor Godoy, el cirujano a cargo de la operación de Bianca.Sergio pareció adivinar lo que pensaba.—Hace un momento hablábamos de cómo podríamos despertar a la paciente.Vanessa se animó:—¿Ya encontraron un tratamiento?—Sí, hay muchas posibilidades —respondió el doctor Godoy.Pero tenía otros asuntos que atender. No dio más detalles, se despidió y se fue. Entonces Sergio le explicó brevemente a Vanessa que debían buscar cosas que le importaran a Bianca y usarlas para estimularla.—Vanessa, eres quien tiene la relación más cercana con ella. ¿Sabes qué es lo que más le imp

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    Al terminar la reunión, Vanessa regresó a la oficina y volvió a sentarse en su silla:—Daniel, ¿necesitas descansar?Después de que Vanessa alzó una ceja y lo miró con preocupación, sin rastro de reproche, Daniel bajó la cabeza, avergonzado:—No hace falta. Perdón, señorita. Le prometo que no volverá a pasar lo de hace un momento.Vanessa no era una persona despiadada, y Daniel llevaba bastante tiempo trabajando con ella.—A veces hay que tomarse un descanso. Si quieres, te doy dos días libres y regresas cuando hayas descansado.—Señorita, de verdad estoy bien —insistió Daniel, firme en su rechazo—. Lo más urgente es investigar lo que pasó ayer.Después le comunicó a Vanessa los resultados de la investigación.—Entonces, ¿los heridos en el choque eran gente de Alexis?Vanessa lo miró sin sorprenderse antes de que Daniel asintiera:—Así es. También mandé investigar al otro grupo. Saben muy bien cómo evitar que los rastreen. No solo llevaban placas falsas, sino que desaparecieron de las

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    Vanessa se acostó temprano aquella noche, pero durmió con el sueño ligero y entrecortado. En uno de sus sueños, Bianca la consolaba:—Cariño, voy a estar bien. Tienes que comer bien, ¿entendido?—Aunque tú no quieras comer, mi ahijado sí tiene que hacerlo.Vanessa la abrazó con fuerza, entristecida:—Despierta pronto, ¿sí?—No me asustes y, sobre todo, no me dejes sola. Papá y mamá ya me dejaron sola; tú no puedes hacer lo mismo.Bianca sonrió y le dio unas palmaditas en la espalda:—Está bien, no te dejaré sola. Te prometo que voy a estar bien, ¿sí?—Está bien.Vanessa respondió con firmeza.Le creía.A primera hora de la mañana siguiente, Vanessa estaba sentada a la mesa, con la cara demacrada, frente al pan con huevo y camarones que había preparado Juana. Del plato se desprendía un aroma delicioso.Vanessa no había comido nada la noche anterior y estaba famélica; se acabó todo.—Está delicioso, doña Juana. Sigue cocinando igual de bien que siempre.Al verla comer con tanto gusto, Ju

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    —¿O viniste para darme buenas noticias?Vanessa fingió estar tranquila para no inquietar a Rafael, pero le dolía verla esforzarse por ocultar su angustia. Se acercó y la abrazó.—Vine a llevarte a casa y también a darte buenas noticias.De él emanaba un aroma fresco de cedro, familiar y cautivador, que la hacía sentirse a salvo mientras a Vanessa se le aguaban los ojos y se le hacía un nudo en la garganta. Cuando logró calmarse, preguntó en voz baja:—¿Qué buenas noticias?—Con Bianca en ese estado, ¿qué noticia podría alegrarme? —dijo Vanessa con voz suave y triste.Angustiado, Rafael la soltó y contempló su cara pálida y sus ojos rojos e hinchados. Le dolió muchísimo verla así, sin que nadie salvo Dios supiera cuánto tiempo llevaba llorando sola en la habitación del hospital.Vanessa siempre había sido muy leal a sus seres queridos, de modo que, con Bianca en ese estado, debía de estar asustada y preocupada.—Capturamos a varios de los hombres de Damián. Aunque Damián sigue prófugo,

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    —No hace falta que me lo digas. Lo haré de todos modos —dijo Rafael con la mirada fría.Sergio asintió, levantó la mirada, divisó a Daniel y se acercó. Al pasar a su lado, se detuvo, le dio dos suaves palmadas en el hombro y se alejó, mientras Daniel seguía con el semblante descompuesto.Mientras Rafael esperaba en silencio a Vanessa fuera de la habitación del hospital, sin entrar a molestarla, Ricardo se fijó en Daniel y, cuando Sergio se fue, se acercó a él en pocos pasos.—Vamos por un café. Yo invito.Daniel lo miró aturdido. Su cara de rasgos finos estaba muy pálida.Ricardo no esperó respuesta.—Vamos. —Ricardo lo jaló y se lo llevó.Ricardo tuvo que sostener a Daniel mientras caminaban hasta una cafetería a pocos pasos del hospital, donde el café, aunque no era tan aromático ni tan intenso como el de grano recién molido, se podía tomar.Ricardo entró a comprar café y Daniel esperó afuera.Junto a él fumaba un desconocido. Aunque siempre había detestado el olor a cigarrillo, Dani

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