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Capítulo 2. Labial rojo y efectos secundarios

Author: Nancy Lara
last update publish date: 2026-07-04 10:38:36

FERNANDA

Lo más irónico era que, por primera vez, llegué a la hora acordada. Mi querida prima se tardó una hora completa, así que empecé sin ella. Comencé a ahogar mis penas financieras con mi primer trago y cacahuates salados.

—Mal día, ¿verdad? —me dijo el barman al entregarme la copa.

—Malo, no. Lo que le sigue de catastrófico —respondí dándole un trago largo. Uno para olvidar el desastre de la mañana y otro para desearme suerte. No necesitaba odiarme más.

Justo cuando pedía mi segunda ronda, Valeria por fin cruzó la puerta del bar.

—¡Lo siento tanto, Fer! —se disculpó dejándose caer al lado—. Mi jefa me pidió unos documentos urgentes a la mera hora. Me fue imposible salir a tiempo.

Valeria tiene una vida mucho más en orden que la mía. Es disciplinada y organizada. Al principio vivimos juntas, pero la pobre no soportó a su prima desastrosa. ¿Conoces esa caricatura donde pasa el Demonio de Tasmania y deja una estela de caos? Esa soy yo. Por salud mental, decidí mudarme. Pero la distancia nos sirve para vernos y contarnos nuestras gloriosas aventuras o penas.

—Tranquila, Val. Lo importante es que ya estás aquí —dije dándole un sorbo a mi margarita.

—Bueno, ya sabemos que tu vida es un caos permanente, pero cuéntame: ¿Qué pasó en la entrevista? —me preguntó mientras pedía una cerveza light, porque, por supuesto, está a dieta.

Comencé a relatarle mi desastroso intento de preparar un capuchino.

—¡Vamos, Fer! Arriba ese ánimo —me consoló—. ¡Ese Peter no sabe de lo que se pierde! No eres un riesgo, eres una chica fenomenal. Algo torpe, eso sí.

—¡Soy un riesgo, Valeria! ¡Un fracaso! ¡Me estoy ahogando en deudas! —insistí dándole otro trago a mi copa—. ¡La plomería no da más, la nevera está vacía, debo rentas y mi currículum es una burla! Nadie me da la oportunidad. Claro, en parte es culpa mía por llegar tarde y tener solo bachillerato.

—Tranquila, Fer. Si le pides ayuda a mis tíos, no creo que te la nieguen.

—¡Estás loca! Eso le daría la oportunidad perfecta a mi padre de decirme: "¡Te lo dijimos, tú sola no ibas a poder!". Primero muerta antes de regresar con ellos. Mi orgullo no me lo permite. Si me fui es porque no me daban mi espacio. Para ellos sigo siendo una irresponsable.

—Bueno, te puedo prestar dinero —ofreció Val—. A mí me está yendo bien, te puedo ayudar en lo que encuentras algo. Algo bueno tiene que pasarte.

—Val, gracias por la ayuda, pero no la puedo aceptar. Yo puedo sola. Aunque estoy pensando seriamente en ir a que me hagan una limpia.

—O la flojera, Fer. Tienes que ser más disciplinada. Ya sabes, levantarte temprano, organizar tu día... A lo mejor hacer un journaling, una compañera dice que le sirvió. Pero sobre todo centrarte, buscar algo que te guste. Para eso te tomaste tu año sabático, ¿o no?

—¿Qué journaling ni qué nada? —bufé—. Los trabajos que me interesan piden experiencia, en otros los horarios son extensos, el sueldo no me alcanza o te piden Universidad. No, Val. Necesito un plan... Necesito un...

—¿Un Sugar Daddy? —interrumpió con una sonrisa—. Es el único trabajo donde no tienes que ser puntual y tu desastre sería "encantador" para la gente equivocada. No te esforzarías, solo tendrías que vestirte bien, maquillarte y estar siempre disponible.

—Ya no tomes ese tipo de cerveza, que dices puras tonterías —me reí—. No me gusta lo del Sugar Daddy, aunque suena interesante, pero eso de estar siempre disponible... me suena a sexo fácil.

—¿Te gustaría un esposo entonces? —dijo riéndose.

—No, tampoco eso. Si no puedo conmigo, ¿crees que estoy lista para ocuparme de otros?

Las horas se nos pasaron entre mis quejas, más tragos y muchas risas. Pero la idea de un esposo empezó a resonar en mi cabeza. Sentía a mi diablito decirme al oído: "Hazlo, hazlo", mientras mi angelito susurraba: "No seas impulsiva, piénsalo bien, te puedes meter en más problemas...". Estaba en pleno debate interno.

—¡Val! ¡Vaal! Se me acaba de ocurrir... algo —le dije un tanto borracha.

—¿Qué es, Fer? —me contestó igual de borracha que yo. Ya no bebía su cerveza light.

—¡Un esposo! ¡Sí! ¡Para que me salve de este infierno de adulto! ¿Dónde demonios consigo uno? ¿Hay un... buzón de maridos?

—Creo que sí —balbuceó Val—. Es como cuando le escribes las cartas a Santa o a los Reyes Magos, buscas el buzón en algún lugar y se te cumplen los deseos.

Mis ojos se posaron en el rincón del bar, cerca de la entrada. No vi un buzón, pero sí un pizarrón negro de anuncios con algunas tarjetas pegadas, probablemente de bandas locales o qué sé yo.

—Mira, Val. ¿Crees que funcione?

—¡Ahí! ¡Ese es tu buzón, Fer!

—Amigo, psst —le dijo Val al barman—. ¿Tienes papel y pluma?

Él negó con la cabeza y nos sonrió—. ¿Para qué lo necesitan? Creo que ya no habrá más tragos para ustedes dos.

—Quiero poner un anuncio ahí —le dije señalando el pizarrón y haciendo un puchero—. Es cuestión de vida o deudas. Olvídalo. Se nota que no me entenderías. Tu vida es perfecta. Tienes trabajo y cero deudas.

El chico nos miró un rato, pero fue interrumpido por un pedido al otro lado de la barra.

Con una risa histérica resonando en mis oídos, busqué en mi bolso. Encontré el reverso limpio de una factura de la luz vencida. ¡Genial, es lo que necesito!

—Val, ya encontré papel, ¿tienes pluma?

—No —rebuscó en su bolsa—. Solo el labial rojo, parecido al tuyo.

—¡Re-que-te-ge-nial! —balbuceando, me puse a escribir—: "Se... busca... marido. Rápido, eficiente y que... pague la plomería y renta".

Me levanté de mi asiento, viendo doble y sintiéndome mareada, y llegué a mi objetivo. Pizarrón negro. Usé el borde de un volante, creo que era el dibujo borroso de una persona con un micrófono. Me sentía audaz, así que con el volante pegué mi anuncio. ¡Sí, mi anuncio quedó bien bonito!

"SE BUSCA MARIDO. PROPÓSITO: Solución a crisis existencial y financiera. Urgente. Comuníquese a este cel. 55-XXXXXX-XX. Con F."

Regresé a mi lugar. Un rato después, Valeria y yo nos levantamos, tambaleándonos y agarrándonos. Salimos del bar riendo a carcajadas, olvidándome de mis penas y frustraciones del día y de mi vida.

A la mañana siguiente, el fuerte sonido de mi alarma me despertó con un dolor de cabeza palpitante. La resaca era brutal. Lo apagué y apliqué mi sagrado "cinco minutos más".

Media hora después, me arrastré hasta la cocina y encendí mi teléfono buscando un analgésico. De repente, veo una oleada de notificaciones. Hay mensajes de amigos que no me hablan desde la prepa, y Val me ha enviado cincuenta emojis de risa. Abro la red social de moda y veo una captura de pantalla borrosa en la cima de las tendencias con una etiqueta que dice #MaridoParaLaCrisis.

¡Es mi anuncio!

Mi prima Valeria no solo tomó una foto de mi ridículo "SE BUSCA MARIDO" escrito con labial rojo en la factura de luz, sino que lo subió a internet, me etiquetó y se viralizó. Mi vergüenza ahora era pública y global.

De repente, mi teléfono vibra con un número desconocido. Dudé en contestar. Podía ser spam, una extorsión o, peor, un periodista. Pero recordé que estaba buscando un "trabajo", y terminé por contestar.

—Bueno…

—¿Hablo con F.? —me preguntó una voz ronca y sexy.

—Sí, ella habla…

—Mi nombre es Alexander Vasilakis. Vi su anuncio viral. Y estoy interesado en la... propuesta matrimonial.

¡Oh, por Dios! La taza de café resbaló de mi mano estrellándose en el piso. Los cócteles del día anterior se evaporaron de mi cuerpo. Ya no sentía nada, ni el dolor de cabeza, ni la resaca. Me quedé inmóvil, los recuerdos de anoche pasaron como una película en cámara rápida: Bar. Pizarrón. Papel. Labial rojo.

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