El Billonario Equivocado: Esposa sin Devolución

El Billonario Equivocado: Esposa sin Devolución

last updateÚltima atualização : 2026-07-25
Por:  Nancy LaraEm andamento
Idioma: Spanish
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16 classificações. 16 avaliações
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¿Qué pasa cuando unes a una experta en catástrofes con un adicto al control total?   Fernanda es un desastre funcional. Dejó la universidad por deudas, está desempleada, debe meses de renta y su orgullo le impide regresar con sus padres a Guadalajara. Una noche de tragos, comete la mayor locura de su vida: escribe "SE BUSCA MARIDO" con labial rojo en una factura de luz vencida y la pega en el pizarrón de un bar. Al día siguiente, la resaca es lo de menos... ¡Su anuncio es la tendencia viral número uno de internet!   Alexander Vasilakis es un implacable billonario griego que rige su vida bajo un estricto algoritmo de éxito. No cree en las emociones, pero una cláusula en el testamento de su abuelo lo obliga a casarse en menos de tres meses para no perder su imperio familiar. Él no busca amor; necesita un contrato de seis meses y una mujer completamente controlable.   Y el destino pone en su pantalla el anuncio de "F.".   Él ya la conoce. Ella es la misma chica caótica que el día anterior inundó su gabardina de diseñador con leche espumosa en una cafetería. Para Alexander, ella es la variable más volátil; para Fernanda, él es el arrogante desconocido que ahora le ofrece una fortuna por firmar un papel.   El trato es simple: fingir el matrimonio perfecto, salvar el imperio de los Vasilakis y divorciarse sin mirar atrás. Ninguno tomó en cuenta que, en este contrato, no se aceptan devoluciones.   ©Todos los derechos reservados. Copyright © 2026 by Nancy Lara

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Capítulo 1

Capítulo 1. Catástrofe con aroma a café

FERNANDA

Me desperté con el segundo aviso de la alarma. Sí, el primero ya lo había noqueado. Veo la hora; aún es temprano. Me quedo divagando en mi cama, viendo el techo. Ayer llovió y se filtra la humedad... ¡Puf!

Si alguien fuera a escribir mi historia, no empezaría con el clásico cuento perfecto. Tampoco con la chica de belleza impecable, con un despertar espectacular, el cabello peinado y ni un solo mechón fuera de lugar. Nada de atuendos planeados con días de antelación, ni desayunos sin prisas con café recién hecho, mucho menos el clásico cliché de la empleada enamorada de su jefe. No, mi vida no sería narrada así.

Mi realidad es que soy un desastre funcional. No tengo novio rico ni poderoso; de hecho, ni novio tengo. Estoy desempleada. Y amo dormir. ¿Quién no disfruta de esos cinco minutos después de apagar la molesta alarma? Me casaría con mi colchón si fuera legal. Malos hábitos, claro.

Son esos mismos malos hábitos los que me hicieron llegar tarde a mis últimas tres entrevistas de trabajo, y los que me tienen deseando un empleo solo para pagar la cuenta del agua, la luz, las rentas vencidas, la deuda de la universidad y tener una despensa decente.

Mi cabello, todavía mojado, es la prueba de que el "cinco minutos más" nunca es suficiente. Lo cepillo como puedo y lo ato en un chongo mal hecho que todavía gotea. Mi vestimenta es cómoda, no elegante. Pero, vamos, es solo una cafetería, no un desfile de modas. ¿O sí?

Vi el anuncio la semana pasada, justo después de recibir la llamada de mi madre pidiéndome que regresara a Guadalajara. Me niego a volver. Me niego a depender de ellos y a sus reglas retrógradas. Mi padre, un hombre prepotente que nos enseñó que en su casa solo se hace lo que él dice, es la razón por la que nunca tuvimos una buena relación. Tenemos mucho en común: mal carácter, somos obstinados y compartimos una adicción a llevar la contraria.

Cuando me vine con mi prima a la Ciudad de México, me lo advirtieron: no terminaría la escuela, me volvería una hippie y terminaría como indigente bajo un puente.

Hoy vivo en un pequeño departamento, no bajo un puente. Y la universidad… bueno, la dejé. Primero, por la deuda de la matrícula. Segundo, porque estoy en mi año sabático —así lo llamo— para descubrir qué quiero en realidad. El problema es que la independencia y jugar a ser un "adulto responsable" me han dejado con más deudas que respuestas. Estoy desesperada. No sé cómo arreglar el desastre que yo solita provoqué, y la tarjeta bancaria no ayuda. Maldito banco que me sedujo con un crédito y meses sin intereses. Al menos apliqué al puesto y recibí una respuesta para la entrevista y prueba de hoy.

Y es precisamente esa desesperación la que me llevó a aceptar la ridícula invitación de mi prima Valeria para ahogar las penas en un bar esta noche. Es viernes y el cuerpo lo sabe.

Mientras termino de arreglarme, pienso: ¿Qué puede salir mal? Es solo hacer y servir café. Ojalá tuviera el poder de tele transportarme, porque ya voy tarde. Se me fue el tiempo divagando. ¡Ni siquiera tengo tiempo de cambiarme la blusa que acabo de manchar con pasta dental! La froto con una toalla húmeda, rezando para que la mancha se esfume al secarse.

Tres doritos después…

¡Milagro! Salir de mi apartamento y que mi vecina me diera un aventón que me dejara cerca de la cafetería. ¡No tiene precio! ¡Aquí estoy!

—Buenos días, vengo por la entrevista de trabajo —le digo a Sam, la chica del mostrador.

Ella me mira de arriba abajo. Mi cabello sigue húmedo, el chongo luce mal hecho y la mancha de la blusa, por supuesto, sigue ahí. Mi maquillaje no es perfecto, pero hice lo que pude—. Tengo cita.

—Sí, déjame le aviso al gerente —dice Sam, dándole la espalda para soltar un grito al famoso "Peter".

Entonces aparece el susodicho.

—Mi nombre es Pedro González, pero puedes decirme Peter. Te haré una entrevista rápida y después una prueba práctica de una hora. Veremos cómo te desenvuelves.

—Está bien —respondo con una sonrisa. ¿Qué puede salir mal?, me digo a mí misma.

Caminé detrás de Peter, sintiendo que esta era mi oportunidad final. Mi momento para demostrar que no soy un desastre y que puedo ser un adulto responsable.

—Muy bien, Fernanda. La parte teórica estuvo excelente. Ahora la práctica. Detrás de esta barra el ritmo es frenético. Necesitamos a alguien que mantenga la calma, la pulcritud y la velocidad. ¿Lista para un latte y un capuchino? Vamos a simular un pedido doble para la Mesa 5. ¡En marcha!

Asiento forzando un gesto. Qué puede salir mal. Es café, no cohetes espaciales.

Me pongo frente a la complicada máquina de espresso. Todo ese metal brillante me devuelve la imagen de mi blusa manchada. Sigo las instrucciones de Peter.

Mi primer error: intento cargar el filtro demasiado rápido. El café molido se derrama por la barra, creando un pequeño montículo marrón que ignoro por la prisa.

—Control, Fernanda, control —pienso, tratando de sonar convincente. Es solo café. Se limpia después.

Comienzo a vaporizar la leche para el latte. El ruido es ensordecedor, pero parece ir bien. La confianza regresa, solo para ser demolida por el capuchino. Peter me había indicado una jarra pequeña para la espuma, pero en mi apuro, tomé la incorrecta y la llené de más.

Cuando intento purgar la varilla de vapor, mi mano se resbala.

—¡PSSSHHHHHHHT!

La varilla se agita bruscamente y un chorro de vapor caliente y leche espumosa a alta presión sale disparado directamente hacia el área de cajas, golpeando el hombro de un cliente que acababa de pagar.

—¡Santo cielo! Fernanda, ten más cuidado. Estás... inundando al señor de la gabardina —exclama Peter, dándole un manotazo a un trapo para secarse la cara.

—¡Oh, por Dios! —Me acuerdo perfectamente de por qué mi madre me expulsó de su cocina. Soy un peligro social aquí.

Intento limpiar el desastre, avergonzada. Mientras lo hago, mi codo choca con la pila de azucareras de la estación.

—¡Crash!

Las azucareras caen al suelo de madera con un estruendo. Una nube de azúcar blanco explota en el aire como una neblina dulce. Esto ya no es un desastre, es un atentado.

Peter me lleva a una mesa lateral, con el ceño fruncido. Siento la mirada de Sam clavada en mi espalda. El ambiente ya no es amigable.

—Fernanda, seamos honestos. Tienes potencial, eres carismática...

—¡Genial! Entonces, ¿el horario? Soy flexible, puedo venir temprano con mi cabello arreglado —iba diciendo cuando Peter levantó una mano, deteniéndome en seco.

—Se trata de tu energía, Fernanda. Como te dije, es demasiado... cataclísmica. Casi quemas a un cliente, provocaste una avalancha de azúcar y tuvimos que cerrar pastelería para desinfectar. Eres un riesgo de responsabilidad civil.

Mi estómago se hunde. No puede ser. La mancha de pasta dental ahora parece un monumento a mi fracaso.

—Lo siento. Gracias por tu tiempo, Peter.

Salgo de la cafetería, huyendo de ese olor a café que ahora me huele a humillación. Las deudas, el orgullo... todo me aplasta. Es en ese momento que saco mi teléfono y le marco a Valeria.

—Fer, ¿cómo te fue? ¿Lo conseguiste? ¿Tendré café gratis todos los días? —pregunta Valeria con una emoción ridícula.

—¡Val, olvídate del café! —digo con la voz ronca, conteniendo las lágrimas—. Me acaban de llamar "riesgo de responsabilidad civil"... No tengo trabajo y no voy a llamar a mis padres. Necesito algo fuerte. Te veo en el bar de siempre en una hora.

Reviso mi bolso y sí, traigo el labial rojo, el que uso cuando mi día acaba siendo más dramático. Hoy necesito drama y audacia. Solo espero que lo que el destino me tiene preparado en ese bar sea menos desastroso que un capuchino.

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Maribel
Maribel
Entre un perfeccionista y un caos que podría resultar fácil y sencillo un Perfecto y verdadero caos de amor jiji
2026-07-31 14:00:14
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Maribel
Maribel
Entiendo a Fer con lo del Griego es bastante difícil a mi me costo mucho aprenderme el abecedario incluso me fui a exámenes extraordinarios de Griego era escrito y hablado
2026-07-30 08:00:00
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Maribel
Maribel
Que rayo más inoportuno ashh
2026-07-28 13:35:39
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Maribel
Maribel
Este pas euro a Xochimilco aceleró a más de un corazón jaja
2026-07-28 13:34:57
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Maribel
Maribel
Juro que me imagino a Alexander agachado poniéndole los zapatos a la bella Dani sela ver para creer jaja
2026-07-28 13:34:10
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