Beranda / Romance / El Ceo, mí Papá / 03 - No tolero errores.

Share

03 - No tolero errores.

Penulis: Lgamarra
last update Tanggal publikasi: 2024-09-24 06:31:19

Clara respiró hondo por enésima vez, ajustando el cuello de su blusa mientras caminaba por el amplio vestíbulo de TechVision. Las paredes de cristal y el suelo de mármol brillante reflejaban su propio nerviosismo. Esto puede ser un cambio monumental, se dijo. Era una oportunidad única, una que no podía permitirse perder.

Con la carpeta de su currículum bajo el brazo y su portafolio en la mano, Clara avanzaba hacia la recepción. Había pasado la última noche revisando cada detalle, preparándose para cualquier pregunta que pudieran hacerle, para cualquier dificultad que pudiera surgir. Sabía que no tenía el lujo de equivocarse; Lucas dependía de ella, y este contrato con TechVision no solo podría estabilizar su carrera, sino también asegurar el futuro de su hijo.

— Buenos días, tengo una entrevista con el señor Ferrer — dijo Clara a la recepcionista, tratando de mantener su tono calmado, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho.

La recepcionista, una mujer de mirada severa y profesional, la miró de arriba abajo antes de asentir y pedirle que esperara un momento. Clara dio un paso atrás, mirando hacia los ascensores al fondo del vestíbulo. Sabía quién era Alejandro Ferrer. Su nombre había resonado en los círculos empresariales de la ciudad durante años. Un hombre joven, altamente exitoso, conocido tanto por su brillantez como por su frialdad. No era alguien fácil de impresionar.

«Pero tengo que hacerlo» pensó Clara. Por Lucas.

Unos minutos después, la recepcionista levantó la vista y le hizo un gesto con la mano.

— El señor Ferrer la verá ahora. Por favor, tome el ascensor hasta el último piso.

Clara asintió, agradecida, y caminó hacia los ascensores. Mientras subía, sentía cómo la tensión en sus hombros se incrementaba. Cerró los ojos brevemente, tratando de calmar ese nudo en el estómago que parecía apretar con cada metro que ascendía.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Clara fue recibida por una oficina moderna, con grandes ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. La luz de la mañana entraba con fuerza, bañando el suelo y los muebles minimalistas con un brillo cálido. Al fondo, una mujer mayor, de rostro serio, le indicó con una seña que avanzara.

— El señor Ferrer la verá ahora — dijo sin levantar la vista de su pantalla.

Clara caminó hacia la puerta de la oficina, sintiendo cómo la ansiedad crecía en su interior. Tocó suavemente la puerta y, cuando escuchó la respuesta desde dentro, entró.

Alejandro Ferrer estaba de pie frente a una de las ventanas, con las manos en los bolsillos de su impecable traje gris. No volteó de inmediato cuando Clara entró, y ese breve silencio fue suficiente para que ella sintiera el peso de su presencia. Finalmente, él se giró, y sus ojos grises la observaron con una mezcla de curiosidad y frialdad calculada.

— Señorita Fernández — dijo, su voz firme y controlada —. Tome asiento.

Clara se acercó a la silla frente a su amplio escritorio de cristal y se sentó, manteniendo su portafolio sobre las piernas. La mirada de Alejandro era impenetrable, pero había algo en su expresión que le hizo sentir que ya estaba siendo juzgada.

— Gracias por recibirme — dijo Clara, esforzándose por sonar segura.

Alejandro no respondió de inmediato. Se acercó a su escritorio, revisó una carpeta que estaba sobre la superficie pulida y, tras un breve silencio, levantó la vista hacia ella.

— Tu currículum es interesante — dijo, sus ojos fijos en los de ella —. Aunque eres nueva en este campo, parece que tienes algunas ideas frescas. ¿Por qué crees que eres la persona adecuada para este proyecto?

Clara se enderezó en la silla, sintiendo que este era el momento crucial. Respiró hondo y comenzó a hablar, explicando su enfoque, sus ideas para la empresa, y cómo creía que podía ayudar a TechVision a mejorar su presencia en el mercado. A pesar de su nerviosismo inicial, las palabras fluían con convicción. Había pasado semanas investigando la empresa, entendiendo su público objetivo, y ahora todo eso salía a la luz en su explicación.

Alejandro la escuchaba en silencio, su mirada atenta pero inexpresiva. Cuando ella terminó, hubo un breve silencio en la sala.

— Interesante — dijo finalmente —. Pero dime, ¿cómo vas a abordar este proyecto con tan poca experiencia en empresas de nuestro tamaño?

La pregunta cayó como un balde de agua fría. Clara había anticipado algo así, pero, aun así, la dureza de sus palabras la desconcertó por un instante. Sin embargo, no tenía opción. No podía permitirse vacilar.

— Creo que la experiencia no siempre se mide en años, señor Ferrer — respondió ella con firmeza —. He trabajado con pequeñas empresas que tenían presupuestos limitados y grandes expectativas. Si puedo lograr resultados bajo esas condiciones, estoy segura de que puedo manejar algo más grande con los recursos adecuados. Además, estoy completamente comprometida con este proyecto. No fallaré.

Alejandro la miró en silencio por un segundo más. Luego, algo cambió en su expresión. Sus ojos se desviaron momentáneamente hacia el currículum que tenía frente a él, y Clara notó cómo su mandíbula se tensaba ligeramente.

— Clara Fernández… — murmuró Alejandro, como si estuviera probando el nombre en voz alta.

Clara lo observó, sintiendo que algo en el ambiente había cambiado, aunque no podía precisar qué.

Alejandro tomó el currículum con una mano y lo revisó de nuevo, con más detenimiento esta vez. Sus ojos se detuvieron en un punto, y de repente, algo en su mirada se endureció. El aire en la sala pareció volverse más denso, cargado de un tipo distinto de tensión.

Alejandro se dio la vuelta, y por un segundo, Clara sintió que le faltaba el aire. Sus ojos, de un gris acerado, la miraron con una intensidad que la hizo titubear. No había ni un atisbo de calidez en su expresión. Parecía medir cada uno de sus movimientos, como si fuera un cazador evaluando a su presa.

— Señorita Fernández — dijo con voz firme, tendiéndole la mano —. Gracias por venir.

Clara estrechó su mano, sintiendo la frialdad de su piel. Había esperado que fuera distante, pero la realidad superaba sus expectativas. Alejandro Ferrer no era solo un hombre frío; era impenetrable, como una muralla.

Al final de la reunión, Alejandro la miró fijamente.

— Gracias por recibirme, señor.

— Confío en que no me hará perder el tiempo, señorita Fernández. No soy alguien que tolere errores.

Clara sostuvo su mirada, sintiendo una chispa de desafío encenderse en su pecho.

— No suelo cometerlos.

Alejandro la miró por un segundo más, evaluándola, antes de asentir ligeramente.

— Veremos.

Clara salió de la sala de juntas sintiendo una mezcla de alivio y tensión. Había superado la primera prueba, pero sabía que trabajar con Alejandro Ferrer no sería fácil. Sin embargo, no podía permitirse fallar. Lucas lo necesitaba. Y ahora, más que nunca, tenía que demostrar que era capaz de enfrentarse a cualquier desafío. Incluso a un CEO implacable.

— Daniel, necesito que investigues a Clara Fernández. Quiero saber todo de ella. Y quiero los detalles hoy mismo.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi
Komen (1)
goodnovel comment avatar
Elvira Portillo
será que el sabe que es la madre de Lucas ?
LIHAT SEMUA KOMENTAR

Bab terbaru

  • El Ceo, mí Papá   Epílogo: Un jardín de recuerdos.

    El sol se deslizaba suavemente por el horizonte, bañando el jardín con una luz dorada que parecía haber sido pintada con los colores del amor y la felicidad. Era un día como cualquier otro, lleno de risas y juegos, pero para Clara, el momento se sentía excepcional. Cinco años habían pasado desde que su vida dio un giro inesperado, llevándola a crear una familia que siempre había soñado tener.Alejandro estaba en el centro del jardín, riendo a carcajadas mientras jugaba a la pelota con Lucas, su hijastro de diez años. Lucas había crecido tanto en tan poco tiempo, y su energía parecía inagotable. La pelota iba de un lado a otro, mientras Lucas mostraba habilidades que ya hacían que su padre sintiera un atisbo de orgullo. Cada pase, cada tiro, era un reflejo de los días que habían pasado juntos, un testimonio de la relación que habían cultivado: un lazo fuerte y lleno de complicidad.Mientras tanto, Clara observaba la escena desde la sombra fresca de un árbol frondoso, sintiendo cómo e

  • El Ceo, mí Papá   104 - Una boda.

    Mientras se abrazaban, Clara se dio cuenta de que no solo estaban celebrando su amor, sino también la familia que habían construido juntos. Lucas, su pequeño, estaba en el corazón de todo, y aunque a veces era difícil encontrar momentos a solas, sabían que lo que compartían era especial.— ¿Qué haríamos sin Lucas? — preguntó Alejandro, rompiendo el silencio, su voz llena de ternura.— Lo haríamos todo por él — respondió Clara, sonriendo mientras acariciaba el rostro de Alejandro —. Nunca me di el tiempo de agradecerte por… ser esa figura paterna que él tanto anhela. Es asombroso.— Sí, lo es — coincidió él, sintiendo que su corazón se llenaba de amor —. Y quiero que siempre sepa cuánto lo amamos. Quiero que crezca sabiendo que su mamá y su papá están aquí para él, siempre.Clara asintió, sintiendo que sus corazones latían al unísono.— Y quiero que siempre sepa que su mamá es feliz, porque tiene a su lado a un hombre increíble.Alejandro la miró con ternura, sintiendo un profundo agra

  • El Ceo, mí Papá   103 - Travesuras antes de la boda.

    La mansión Ferrer, con su majestuosa fachada y exuberantes jardines, estaba llena de vida en la víspera de la boda de Clara y Alejandro. Los preparativos se desarrollaron por toda la casa; las flores estaban colocadas con esmero, y el aroma de la comida recién preparada llenaba el aire. Sin embargo, en medio de toda esa actividad, Clara y Alejandro encontraron un momento de escape en el patio trasero, donde la risa y la emoción eran su refugio.— ¡Vamos, Clara! — gritó Alejandro, riendo mientras corría, con su corazón latiendo a mil por hora. Clara lo seguía de cerca, su vestido blanco ondeando detrás de ella como una nube. La emoción de la inminente boda y la alegría de estar juntos hacían que el mundo a su alrededor desapareciera.— ¡No dejes que Lucas te atrape! — exclamó Clara, con una risa contagiosa mientras esquivaba un arbusto. Desde que había recuperado su memoria y se habían vuelto a encontrar, había algo mágico en su relación. Era como si volvieran a ser niños, llenos de en

  • El Ceo, mí Papá   102 - Una propuesta inesperada.

    La emoción y los nervios se entrelazaban en el corazón de Alejandro mientras se preparaba para la cena de esa noche. Había esperado este momento durante tanto tiempo. Clara, la mujer que había esperado por él hasta recuperar su memoria, la mujer que había hecho todo lo posible por recuperar su amor, era su reina. No podía dejar que esta oportunidad se le escapara. La idea de proponerle matrimonio lo llenaba de alegría, pero también de ansiedad. Quería que todo fuera perfecto. Después de todo, no era un simple gesto; era un compromiso de vida.Clara, por su parte, estaba igual de nerviosa. Había pasado por tanto en los últimos años, y aunque había tenido que hacerse a un lado para proteger a Lucas y a Alejandro, su corazón siempre había pertenecido a él. El día en que recuperó sus recuerdos fue como un amanecer después de una larga noche. No podía imaginar su vida sin Alejandro. Sin embargo, el miedo a que las cosas no salieran como ella deseaba la mantenía inquieta.— ¿Crees que sea b

  • El Ceo, mí Papá   101 - Lucius y Tiamu.

    El sol apenas se había asomado por el horizonte, y la luz tenue que entraba por la ventana iluminaba la habitación de Lucius. A sus once años, la vida le había enseñado más de lo que un niño debería saber. Sabía que el día que nunca esperó finalmente había llegado, el día que lo separaría de todo lo que amaba.— ¡No quiero irme! ¡Mamá, por favor! — gritaba Lucius mientras se retorcía en los brazos de un militar, un hombre de rostro impasible que lo sostenía con fuerza.Sus ojos estaban llenos de miedo y desesperación, mientras sus pequeñas manos luchaban por liberarse de aquel agarre que parecía un abrazo mortal.La madre de Lucius, de rodillas en el suelo, lloraba desconsoladamente.— Por favor, déjenlo en paz. Es solo un niño, no puede irse. ¡No puede! — suplicaba, su voz quebrada por la angustia. La imagen de su madre, desgarrada y vulnerable, era un dolor punzante que atravesaba el corazón de Lucius.— ¡Papá, por favor! — gritó una vez más, su voz llena de desesperación —. Al menos

  • El Ceo, mí Papá   100 - En familia

    Mientras tanto, Sofía seguía resistiéndose, pero Lucius la mantenía firmemente sujeta.— Quédate quieta, zorra asquerosa — graznó —. Mientras más te rehúses, menos compasión te tendrán,— ¡No me hables de compasión! No necesito tu lástima — respondió ella, su mirada llena de rabia —. He perdido todo lo que amaba. No me importa lo que me hagan. ¡Ya no tengo nada que perder!Lucius soltó una carcajada.— No pierdes algo que nunca has tenido; pero si hablas de tus padres, tranquila, ellos tambien irán presos.Más tarde, la tensión en el aire del hospital era palpable. Alejandro había insistido en que Lucas recibiera atención médica, y no solo eso; también necesitaba apoyo psicológico para lidiar con los traumas que había vivido. Lucius, por su parte, caminaba de un lado a otro en la sala de espera, sus pensamientos agitados, como un torbellino en su mente. Sofía había sido trasladada a su país para cumplir con su condena, junto con su familia, había caído como un rayo en medio de su torm

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status