Inicio / Romance / El Contrato De Mi Enemigo / El Primer "Te Quiero" Falso

Compartir

El Primer "Te Quiero" Falso

Autor: Emya snair
last update Fecha de publicación: 2026-09-03 20:13:38

CAPÍTULO 10

No me quité la pulsera. Tampoco usé la llave.

La dejé sobre mi mesa de noche, al lado del celular. Como una prueba de que podía irme si quería. Pero no quería.

A las seis, Adrián tocó mi puerta. Dos golpes secos. Como si fuéramos compañeros de oficina, no esposos que se habían besado en la cocina esa mañana.

—Arreglate. Tenemos cena con los inversionistas de Tokio. Van a querer ver a la esposa feliz.

—Estoy cansada.

—Valeria.

—Voy.

Me puse un vestido negro, simple, cerrado hasta el cuello. Sin abertura. Sin escote. Que no me mirara nadie, como él quería.

Cuando bajé, me estaba esperando con otro estuche.

—Adrián, si es otra pulsera con candado, te juro que...

—No es eso. Abre.

Era un anillo. No el de compromiso que me dio para la foto, frío y enorme. Este era delgado, con un diamante pequeño en el centro.

—El otro era prestado. Este es tuyo. Para que no se te olvide que estás casada cuando no estoy.

Me lo puso él mismo. Su mano temblaba un poco.

—Ahora di que me quieres — dije de la nada.

—¿Qué?

—En la cena. Tendré que decir que te quiero. Practiquemos, para que no suene falso. Dime cómo quieres que lo diga.

Se quedó mirándome, con el anillo todavía entre sus dedos y los míos.

—No vas a tener que decirlo — dijo en voz baja.

—Sí voy. Es lo que hacen las esposas enamoradas. En la entrevista de ayer dijeron que nos veíamos muy enamorados. Si quiero que mi mamá crea que esto es real, tengo que hacerlo bien.

Me soltó la mano.

—No digas algo que no sientes, Valeria.

—¿Y qué siento, según tú?

—No lo sé. Pero no digas "te quiero" si es mentira. Hay cosas que, una vez que se dicen, no se pueden borrar. Aunque sea actuado.

Fue la cosa más honesta que me había dicho en cinco días de matrimonio.

La cena fue en un restaurante cerrado solo para nosotros. Cinco japoneses de traje, con traductor, y nosotros en la cabecera.

Yo actué perfecto. Reí cuando Adrián contaba historias, le toqué el brazo, le serví vino. La esposa perfecta.

Hasta que uno de ellos, el más mayor, nos preguntó en inglés con acento:

—¿Cuándo se enamoraron?

Silencio. Adrián me miró. Era mi turno.

Yo sonreí, tomé la mano de Adrián por encima de la mesa y dije:

—Fue el primer día que me gritó. Nadie me había gritado así. Supe que si alguien me iba a aguantar, era él.

Todos se rieron. El traductor tradujo. Más risas.

Adrián no se rió. Me miraba fijo.

—¿Y usted, Sr. Blackwood? — preguntó el mismo hombre.

Adrián no quitó sus ojos de los míos. Apretó mi mano.

—Yo me enamoré cuando me contestó el grito. Cuando no se fue.

No era parte del guion. No lo habíamos ensayado.

Sentí un calor subirme por el cuello. Era falso. Tenía que ser falso.

—Que vivan los novios — dijo uno, levantando la copa.

—Que vivan — repetimos todos.

Adrián levantó su copa y, sin dejar de mirarme, dijo en voz baja, solo para mí:

—Te quiero, esposa.

El restaurante entero aplaudió. Creyeron que era el brindis.

Solo yo supe que lo dijo mirándome a los ojos, con la voz rota, como si estuviera ensayando para no olvidarlo después.

Solo yo supe que por un segundo, lo sentí verdad.

Y solo yo supe que no supe qué contestar.

En el carro, de vuelta, no hablamos. Pero no me soltó la mano en todo el camino. Llevaba su anillo nuevo, su pulsera con candado y su mano apretada contra la mía.

Llegamos al penthouse. Me ayudó a bajar.

Ya en el ascensor, antes de que se abrieran las puertas, me detuvo.

—Lo de la cena... — empezó.

—Lo sé. Era falso. Era para ellos.

—Sí — dijo rápido. Demasiado rápido —. Era falso.

Se abrió el ascensor. Caminamos a puertas separadas, como siempre.

—Buenas noches, Adrián — dije, ya entrando a mi cuarto.

—Buenas noches, Valeria.

Cerré la puerta. Me quité el anillo y lo dejé junto a la llave de oro. Dos cosas que él me había dado que yo no había pedido.

Me acosté, mirando el techo.

Mentira.

Todo esto era mentira.

Entonces, ¿por qué dolía como si fuera verdad?

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El Contrato De Mi Enemigo   Rienda Suelta al Placer

    *CAPÍTULO 13: MALDIVAS - LA NOCHE QUE NO NOS CONTUVIMOS*Llegamos a Maldivas a las 4 de la tarde.El avión privado de Adrián aterrizó y había un bote esperándonos solo para nosotros dos. Yo nunca había visto un mar así. Transparente. Como si fuera mentira.—Bienvenida a nuestra luna de miel, señora Blackwood — me dijo Adrián, con gafas oscuras y con mi mano agarrada como si yo me fuera a caer al agua y perderme.—Todavía no me creo que estamos aquí. De verdad.—Créetelo. Te traje a la mitad del mundo para que no haya papás, ni mamás, ni hermanos, ni prensa. Solo tú y yo.El hotel era una villa sobre el agua. Toda de madera, abierta, con una cama gigante que daba al mar y una piscina privada que se unía con el océano.Entramos y dejé la maleta en el piso. Adrián cerró la puerta con seguro. Dos veces. Con candado.—Por si acaso — dijo, riéndose, pero serio.Yo me asomé al balcón. El viento me pegaba el vestido.—Valeria.Me giré. Él estaba detrás de mí, sin gafas, mirándome como me mira

  • El Contrato De Mi Enemigo   Contrato Real

    CAPÍTULO 13—Firma aquí.Adrián puso un papel frente a mí, en la misma mesa donde firmé el primer contrato hace un mes.Mi corazón se paró.—¿Otro contrato? Adrián, dijimos que...—No es lo que crees. Lee.Lo leí.No era un contrato de divorcio. Era todo lo contrario.*CONTRATO DE MATRIMONIO REAL*_Yo, Adrián Blackwood, declaro que el contrato anterior queda anulado.__Cláusula 1: Valeria Bennett Blackwood ya no me debe nada. La deuda de su padre queda pagada. Para siempre.__Cláusula 2: Este matrimonio ya no dura doce meses. Dura lo que ella quiera que dure. Si dice un día, es un día. Si dice para siempre, es para siempre.__Cláusula 3: La regla número dos se mantiene. Nadie la toca. Solo yo. Pero ahora porque ella quiere que solo yo la toque, no porque yo lo ordene.__Cláusula 4: Yo, Adrián Blackwood, me comprometo a besarla todos los días no porque tenga que hacerlo para la foto, sino porque quiero.__Cláusula 5: Yo, Adrián Blackwood, declaro que estoy enamorado de mi esposa. Desde

  • El Contrato De Mi Enemigo   Doce Meses Ya no Alcanzan

    CAPÍTULO 12Después de la entrevista, algo cambió.Adrián dejó de tocar mi puerta con dos golpes secos. Ahora entraba sin tocar. O mejor dicho, yo dejaba la puerta abierta.Dejó de decir "esposa" como insulto. Ahora lo decía bajito, cuando creía que yo estaba dormida.Y dejó de dormir en su cuarto.No, no dormíamos juntos. Todavía no. Pero a las dos de la mañana, siempre había una excusa.—Se dañó el aire acondicionado de mi cuarto.—Hay un ruido raro en mi balcón, ¿lo escuchas?—Dejé mi cargador aquí.Anoche la excusa fue: "Tengo insomnio."Eran las 2:14. Yo estaba leyendo en la cama, con su camisa blanca puesta. La que me había puesto para la entrevista y que ya no le devolví.Se sentó al borde de mi cama, en pants, sin camisa.—¿Puedo? — preguntó.—¿Quedarte?—Quedarme un rato. Hasta que me dé sueño.—Si te quedas, no te vas a querer ir — dije, sin pensar.—Esa es la idea.Se acostó a mi lado, por encima de las cobijas, respetando una línea invisible en el medio. Los dos mirando el

  • El Contrato De Mi Enemigo   La Foto que No Posamos

    CAPÍTULO 11Desperté porque mi celular no paraba de vibrar.Llamadas perdidas. Mensajes. Mi madre, mis primas, tres números desconocidos.Y un mensaje de Adrián: _No veas Instagram._Obvio que lo vi.Era una foto nuestra. Pero no de la subasta. No de la cena.Era de esta mañana. De ayer en la cocina.Alguien nos había tomado una foto desde el edificio de enfrente, con zoom. Yo sentada sobre la isla, en pijama, despeinada. Adrián entre mis piernas, besándome el cuello. Su saco en el piso. Mi mano agarrándole la camisa.No estábamos posando. No estábamos actuando. Estábamos...—VALERIA, VEN A LA SALA, AHORA.La voz de Adrián. No gritaba. Era peor. Estaba helado.Salí corriendo. Estaba en el sofá, en pants, con su laptop abierta. Su cara era una piedra.—Tu madre me llamó — dijo —. Y la mía. Y mi abogado. Y tres revistas. ¿Sabes cuántas ofertas me llegaron por esa foto? Porque no parece una foto de contrato. Parece...—Parece que estamos enamorados de verdad — terminé yo.—Parece que te

  • El Contrato De Mi Enemigo   El Primer "Te Quiero" Falso

    CAPÍTULO 10No me quité la pulsera. Tampoco usé la llave.La dejé sobre mi mesa de noche, al lado del celular. Como una prueba de que podía irme si quería. Pero no quería.A las seis, Adrián tocó mi puerta. Dos golpes secos. Como si fuéramos compañeros de oficina, no esposos que se habían besado en la cocina esa mañana.—Arreglate. Tenemos cena con los inversionistas de Tokio. Van a querer ver a la esposa feliz.—Estoy cansada.—Valeria.—Voy.Me puse un vestido negro, simple, cerrado hasta el cuello. Sin abertura. Sin escote. Que no me mirara nadie, como él quería.Cuando bajé, me estaba esperando con otro estuche.—Adrián, si es otra pulsera con candado, te juro que...—No es eso. Abre.Era un anillo. No el de compromiso que me dio para la foto, frío y enorme. Este era delgado, con un diamante pequeño en el centro.—El otro era prestado. Este es tuyo. Para que no se te olvide que estás casada cuando no estoy.Me lo puso él mismo. Su mano temblaba un poco.—Ahora di que me quieres —

  • El Contrato De Mi Enemigo   La Llave Del Candado

    CAPÍTULO 9Me desperté con la pulsera todavía puesta.No me la había quitado. El candadito dorado brillaba contra mi muñeca. Era bonita. Y era una advertencia.En la cocina, Adrián ya estaba. Con traje, con café negro, con ojeras. No me miró.—Buenos días, esposa — dijo sin levantar la vista del periódico. Mi cara estaba en primera plana otra vez. Abrazada a él.—Buenos días, carcelero.Por fin me miró. Sus ojos bajaron a mi muñeca.—Veo que te la pusiste.—Veo que no me dejaste opción. ¿Dónde está la llave?Sonrió. Esa sonrisa que me ponía de mal genio.—Yo la tengo.—Obvio.Me serví café. El silencio era incómodo. Como siempre desde que nos casamos.—Hoy no sales — dijo de repente.—¿Disculpa?—Sebastián va a estar en la oficina todo el día. No quiero que te lo cruces.—¿Me estás prohibiendo salir? Eso no está en el contrato, Adrián.—Regla número dos, ¿recuerdas? Nadie te toca. Para eso, nadie te ve.Dejé la taza sobre la mesa con fuerza.—Tú no me puedes encerrar aquí. Tengo clase

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status