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Mi Segunda Oportunidad

last update publish date: 2026-04-13 16:10:27

Dos días después de despertar en la clínica de la Manada Lycanisius, el cuerpo de Seara se sentía… diferente.

No notablemente más fuerte. Tampoco completamente curado, pero había una extraña ligereza, como si una vieja carga estuviera siendo levantada poco a poco de sus huesos. Sus pasos ya no se sentían pesados, su respiración era más estable.

Aunque Seara aún no lo entendía del todo, desde la batalla ya no sentía que su propio cuerpo la limitara.

Austin caminaba medio paso delante de ella, con las manos en los bolsillos, con una expresión perezosa que contrastaba fuertemente con la alerta en sus ojos. Estaba guiando a Seara por el territorio de la manada, específicamente hacia el edificio de la academia que se alzaba no muy lejos de la casa principal.

Los ojos de Seara recorrieron el edificio grande y robusto, sus muros de piedra cubiertos con antiguos símbolos de la manada. El bullicio a su alrededor la hacía sentirse un poco fuera de lugar; varios jóvenes lobos pasaban, caminando tensos con sus uniformes de entrenamiento.

—No pongas cara de que quieres salir corriendo —dijo él con tono casual sin girar la cabeza.

—No lo estoy —respondió Seara rápidamente.

—Estás pensando demasiado. Es casi lo mismo.

Seara resopló. Antes de poder responder, algo dentro de ella se agitó.

Un impulso extraño pero instintivo. El gruñido de un lobo que acababa de despertar.

[Por fin me escuchas.]

Los pasos de Seara vacilaron por una fracción de segundo. Tragó saliva, su corazón latiendo más rápido.

—¿Quién eres? —preguntó con cautela.

Una risa baja y cálida resonó desde su propio pecho.

[Mi nombre es Arach. Y soy tu loba.]

Seara respiró hondo, intentando caminar con normalidad. —Austin —dijo en voz baja.

—¿Hm?

—Yo… podría necesitar sentarme más tarde. —Seara comenzaba a jadear.

Austin la miró de reojo, alzando una ceja. —Toma nota. Solo llevamos cinco minutos caminando.

Seara quiso ignorar la voz; aún se sentía incómoda con ella en su mente.

—¿Por qué ahora? —preguntó de nuevo.

[Porque finalmente dejaste de luchar contra tu propio cuerpo,] respondió Arach con calma. [También porque estás en territorio de un posible compañero.]

Seara casi tropezó.

“No,” pensó con firmeza. “No empieces.”

[Compañero de segunda oportunidad,] corrigió Arach con ligereza. [El leal, el fuerte, y el que no se irá.]

La imagen de Austin apareció sin previo aviso: su paso relajado, sus hombros sueltos pero preparados, su mirada siempre alerta aunque sus labios sonrieran con frecuencia.

[Austin,] continuó Arach sin dudar. [Lo quiero, Seara.]

Seara apretó la mandíbula. —Puedes querer lo que quieras. No significa que yo esté convencida.

Arach no respondió de inmediato. Luego, lentamente:

[Por eso es una segunda oportunidad.]

Seara no tuvo tiempo de responder cuando sus ojos captaron la escena frente a ella.

Una joven loba caminaba hacia el edificio de la academia, su cabello castaño trenzado con cuidado, su rostro enrojecido cuando Austin disminuyó el paso y le dijo algo. La chica rió suavemente, bajando la mirada con timidez.

Austin sonrió—la misma sonrisa relajada. Seara ya había supuesto que era un seductor experto.

Extrañamente, el pecho de Seara se tensó sin su permiso.

[¿Ves?] La voz de Arach no era burlona. Solo observadora.

—Le sonríe fácilmente a cualquiera —respondió Seara con frialdad—. Eso no es lealtad.

Austin regresó a su lado como si nada hubiera pasado. —¿Qué? —preguntó, notando la expresión de Seara.

—Nada —respondió ella rápidamente.

Estaban casi en la puerta principal de la casa de la manada cuando algo golpeó el hombro de Seara con fuerza.

—¡Lo siento—!

El pequeño cuerpo giró de inmediato y se escondió detrás de ella.

Una loba adolescente, respirando con dificultad, sus ojos azules llenos de pánico.

—Ayúdame —susurró rápidamente—. Escóndeme.

Seara ni siquiera tuvo tiempo de preguntar cuando unos pasos pesados se acercaron.

—¡Ingrid! —la voz de un hombre resonó con dureza—. ¡Deja de correr!

Un instructor de la academia apareció, su rostro tenso. Su mano agarró de inmediato el brazo de Ingrid, tirando de ella para sacarla de detrás de Seara.

—Suéltala —dijo Seara por reflejo, su voz baja pero firme.

El instructor se detuvo, mirando a Seara con las cejas levantadas. —Este es un asunto interno de la academia.

—Está asustada —respondió Seara sin retroceder.

Antes de que la situación empeorara, otras dos figuras se acercaron. Una loba de aspecto arrogante seguida de una chica de cabello negro con expresión fría.

—¿Qué pasó? —preguntó Delcy con tono plano.

—Peleó con Rhea, señorita Thornveil —respondió rápidamente el primer instructor—. Luego salió corriendo.

—¡Eso es mentira! —gritó Ingrid, intentando liberar su brazo—. ¡Rhea empezó! ¡Rompió mi diario personal!

Rhea resopló. —Ese diario está lleno de calumnias. Escribiste mentiras sobre mí.

—¡Eran mis notas sobre el acoso que hiciste!

—¡Porque te lo mereces! —respondió Rhea con brusquedad.

El aire se volvió denso.

Austin dio un paso adelante, su voz ligera pero clara. —¡Alto! Nadie hable. Quiero escucharlo desde el principio.

Delcy se giró hacia él. —Alfa, esto es un asunto disciplinario. Ingrid será castigada.

Seara miró el rostro de Ingrid—sus manos temblaban, sus hombros tensos, sus ojos llenos de ira y miedo mezclados. Esa sensación… familiar.

Dio medio paso al frente. —Se estaba defendiendo.

Todas las miradas se dirigieron hacia ella.

Delcy la observó con una sonrisa poco amigable. —¿Y tú quién eres?

—Vi su reacción —respondió Seara, apretando la mandíbula—. El acoso no es un problema menor. Soy Seara.

—No necesito una lección de una extraña —respondió Delcy con frialdad—. Especialmente de alguien que acaba de llegar.

—El acoso sigue siendo un delito, donde sea que ocurra —dijo Seara con firmeza—. El diario no es un arma. Es evidencia.

Rhea intervino, alzando la voz. —¡Ingrid escribió sobre mí sin permiso!

—Porque tú la lastimaste sin vergüenza. El Alfa podría enfadarse contigo —respondió Seara rápidamente.

Delcy rió brevemente. —¿Ves? Te está influenciando, Alfa.

Austin no respondió de inmediato. Miró a Seara un momento, luego volvió a mirar a Delcy. —Revisen las cámaras.

—¿Qué? —Delcy abrió los ojos con sorpresa.

—Encuentren la raíz del problema. No castiguen solo el resultado.

Delcy se tensó. —No recibo órdenes de… una loba como tú. No te metas en nuestros asuntos.

El empujón llegó en cuestión de segundos. Seara perdió el equilibrio y cayó sobre la fría piedra.

El tiempo pareció detenerse.

Austin se movió antes de que alguien pudiera reaccionar. Ayudó a Seara a levantarse, su mano firme en su espalda.

Cuando se giró hacia Delcy, su sonrisa tranquila había desaparecido por completo.

El aura Alfa estalló—pesada, opresiva, obligando a todos los presentes a inclinar la cabeza. Se sabía a quién iba dirigida.

—Vuelve a tocarla —la voz de Austin fue baja y peligrosa—, y no volverás a enseñar en esta manada, Delcy.

Delcy se quedó en silencio, su rostro pálido, sus rodillas casi cediendo.

El silencio cayó como un martillo.

Seara se mantuvo erguida junto a Austin, su respiración aún agitada, pero su mirada firme.

Dentro de ella, Arach sonrió con satisfacción.

[Ese es el Alfa que elegí.]

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