INICIAR SESIÓNLos siguientes días fueron tensos. Paulina evitó pensar en Daniel lo más posible, sumergiéndose en el trabajo y pasando cada minuto libre con Daphne.
El domingo, cuando fue a recoger a su hija a casa de Carmen, mantuvo la conversación con Daniel breve y funcional. Él hizo lo mismo.
—¿Cómo estuvo? —preguntó Paulina.
—Bien. Hicimos galletas con mi mamá ayer. Fuimos al parque hoy.
—Suena divertido.
—Sí.
Silencio incómodo.
—Bueno, nos vamos —dijo Paulina finalmente.
—Claro. Adiós, Daph.
—¡Adiós, papi! —Daphne lo abrazó fuerte.
En el auto, Daphne fue inusualmente silenciosa.
—¿Todo bien, cariño? —preguntó Paulina.
—Mami, ¿tú y papi están peleando?
Paulina sintió un nudo en el estómago.
—No, mi amor. ¿Por qué preguntas?
—Porque ustedes se veían tristes. Y no hablaron mucho. Como antes, cuando vivían juntos y estaban enojados.
M****a. Paulina había olvidado lo perceptiva que era su hija.
—No estamos peleando, te lo prometo. Solo estamos... cansados.
Daphne no pareció convencida, pero no presionó más.
Esa noche, después de acostar a Daphne, Paulina le escribió a Daniel.
Paulina: Daphne notó que algo está mal entre nosotros. Preguntó si estábamos peleando.
La respuesta llegó rápido.
Daniel: M****a. ¿Qué le dijiste?
Paulina: Que estábamos cansados. Pero nos vio, Daniel. Necesitamos ser más cuidadosos.
Daniel: Tienes razón. Lo siento. Yo... déjame pensar cómo arreglarlo.
Paulina: ¿Arreglarlo cómo?
Daniel: No lo sé. Pero no podemos hacer que Daphne sufra por nuestra incomodidad.
Paulina suspiró. Tenía razón. Por supuesto que tenía razón.
Paulina: ¿Entonces qué sugieres?
Daniel: Tal vez podríamos... intentar ser amigos de verdad. No solo co-padres funcionando en paralelo, sino amigos reales.
Paulina: ¿Amigos?
Daniel: Sí. Sin toda la tensión romántica o sexual. Solo... dos personas que se llevan bien y crían a una hija juntos.
Paulina: ¿Crees que podemos hacer eso?
Daniel: No lo sé. Pero por Daphne, deberíamos intentarlo.
Paulina lo consideró. Tenía sentido. Y era mejor que la alternativa de caminar en cáscaras de huevo alrededor del otro.
Paulina: Okay. Intentémoslo. Pero necesitamos reglas nuevas.
Daniel: ¿Como cuáles?
Paulina: Nada de quedarnos después de... ya sabes. Entramos, hacemos lo necesario, salimos.
Daniel: ¿Nada de pizza y películas?
Paulina: Nada de pizza y películas. Al menos no en esos días. Podemos pasar tiempo juntos con Daphne, como amigos. Pero necesitamos mantener esos otros encuentros separados y clínicos.
Hubo una pausa larga antes de que Daniel respondiera.
Daniel: Okay. Si eso es lo que necesitas.
Paulina: Es lo que ambos necesitamos.
Daniel: De acuerdo. Entonces... ¿seguimos con el plan para el próximo ciclo?
Paulina revisó su aplicación.
Paulina: En dos semanas aproximadamente.
Daniel: Okay. Me avisas.
Paulina: Lo haré. Buenas noches, Daniel.
Daniel: Buenas noches, Pau.
♡♡♡
Las dos semanas pasaron en una especie de tregua incómoda. Paulina y Daniel hicieron un esfuerzo consciente por ser amigables frente a Daphne, quien pareció relajarse al ver que sus padres volvían a interactuar normalmente.
Tuvieron una cena familiar el viernes, los tres juntos en una pizzería que a Daphne le encantaba. Fue... agradable. Extrañamente normal.
—¿Podemos hacer esto más seguido? —preguntó Daphne mientras comía su pizza de pepperoni—. ¿Cenar juntos?
Paulina y Daniel intercambiaron una mirada.
—Claro, cariño —dijo Daniel—. Podemos hacerlo un viernes al mes, ¿te parece?
—¡Sí! —Daphne sonrió ampliamente.
Después de dejar a Daphne con Daniel para su fin de semana, Paulina se sintió... confundida. La cena había sido fácil, divertida incluso. Se habían reído juntos, habían hablado sin tensión.
¿Era posible que pudieran ser amigos de verdad?
Mariana pensaba que estaba jugando con fuego.
—Paulina, sé honesta conmigo —dijo durante el almuerzo el lunes—. ¿Todavía tienes sentimientos por él?
—Somos amigos. Estamos aprendiendo a llevarnos bien por Daphne.
—Eso no responde mi pregunta.
Paulina removió su ensalada sin comerla.
—No lo sé, Mari. A veces... a veces me recuerda por qué me enamoré de él. Pero luego recuerdo por qué nos divorciamos y...
—¿Y?
—Y no sé qué sentir. Es complicado.
—Se va a poner más complicado cuando quedes embarazada.
—Si quedo embarazada.
—Cuando —insistió Mariana—. Es cuestión de tiempo. Y cuando pase, van a tener que navegar nueve meses de esto, más criar a otro bebé juntos. Las líneas van a seguir difuminándose.
—Por eso establecimos reglas.
—Las reglas solo funcionan si ambos las siguen. ¿Y si uno de ustedes quiere más?
—No pasará.
—¿Estás segura? Porque la manera en que me cuentas sobre sus interacciones... no suena a dos personas que solo están criando juntos.
Paulina dejó su tenedor.
—¿Qué se supone que haga, Mari? Ya acordamos hacer esto.
—Podrías parar. Todavía no estás embarazada. Podrían decidir que es demasiado complicado.
—No puedo hacer eso. Daphne...
—Daphne estará bien. Muchos niños son hijos únicos y viven vidas perfectamente felices.
—Pero yo podría darle esto. Podría darle el hermano que quiere.
—¿A qué costo?
La pregunta quedó flotando entre ellas.
Cuando llegó el momento del siguiente intento, Paulina estaba determinada a mantener las nuevas reglas. Llegó a las ocho en punto, entró directamente, y fue al grano.
No hubo pizza. No hubo charla. Solo lo estrictamente necesario.
Fue incómodo y mecánico y completamente desprovisto de la calidez que había comenzado a desarrollarse.
Cuando Paulina se vistió para irse, Daniel la detuvo.
—Esto se sintió... mal.
—Es como se supone que sea.
—¿Tan clínico? ¿Tan...frío?
—Dijimos que mantendríamos límites.
—Sí, pero esto fue como... como si fuéramos extraños.
Paulina se puso los zapatos sin mirarlo.
—Tal vez eso es más seguro.
—¿Seguro para quién?
—Para ambos.
Daniel suspiró.
—¿Sabes qué? Tienes razón. Esto es más seguro. Más simple.
Pero ninguno de los dos sonaba convencido.
El segundo encuentro de ese ciclo fue igual de incómodo. Y el tercero.
Para cuando Paulina pudo hacerse una prueba dos semanas después, estaba emocionalmente agotada.
Se sentó en el borde de la bañera, sosteniendo la prueba, contando los segundos.
Cuando miró, su corazón se hundió nuevamente.
Negativo.
Dos meses. Dos ciclos. Nada.
Le escribió a Daniel con una sola palabra.
"Negativo."
Esta vez, él no preguntó si estaba bien. Solo respondió:
"Okay. Siguiente mes."
Paulina miró su teléfono, sintiendo una tristeza profunda que no podía nombrar completamente.
¿Era decepción por no estar embarazada? ¿O era tristeza por la distancia que habían creado deliberadamente entre ellos?
No estaba segura.
Lo único que sabía era que esto era mucho más difícil de lo que había anticipado.
Y apenas estaban empezando.
El martes llegó demasiado rápido. Paulina se cambió de ropa cuatro veces, ensayó lo que diría, se preparó mentalmente.Cuando Daniel abrió la puerta, se veía tan nervioso como ella se sentía.—Hola.—Hola.Se quedaron parados ahí, ninguno seguro de cómo proceder.—¿Entonces... volvemos a las reglas? —preguntó Daniel finalmente—. ¿O...?—No lo sé —admitió Paulina—. Honestamente, no tengo idea de qué estamos haciendo.—Yo tampoco.—Pero necesitamos hacer esto. Por Daphne. Para darle el hermano que quiere.—Sí —Daniel asintió—. Ese sigue siendo el objetivo.—Entonces tal vez... tal vez solo hacemos lo que se sienta natural. Sin reglas estrictas, pero también sin expectativas.—¿Eso es posible?—No lo sé. Pero podemos intentarlo.Daniel le extendió la mano.—¿Tregua? ¿Dejamos de intentar forzar esto a ser algo que no es?Paulina tomó su mano.—Tregua.Esa noche fue diferente otra vez. No tan intenso como el sábado, pero tampoco clínico como los intentos del mes anterior. Encontraron un pu
El tercer mes llegó con el cambio de estación. Las hojas comenzaban a caer y el aire se volvía más fresco. Paulina se encontró usando esto como una metáfora mental: cambio, renovación, nuevas posibilidades.Tenía que funcionar esta vez. Tenía que hacerlo.Pero algo más había cambiado también. La tensión entre ella y Daniel había alcanzado un punto casi insostenible. Eran demasiado formales, demasiado cuidadosos, como si caminaran sobre vidrio roto.—Esto no puede seguir así —le dijo Mariana un día durante el café—. Están tan concentrados en no sentir nada que están haciendo todo más raro.—¿Qué se supone que hagamos?—No lo sé. ¿Terapia? ¿Hablar honestamente? ¿Admitir que hay emociones complicadas en juego aquí?Paulina sabía que su amiga tenía razón. Pero admitir que había emociones significaba enfrentarlas, y ella no estaba lista para eso.El sábado por la noche, cuando llegó al apartamento de Daniel para el primer intento del mes, él abrió la puerta con una expresión determinada.—
Los siguientes días fueron tensos. Paulina evitó pensar en Daniel lo más posible, sumergiéndose en el trabajo y pasando cada minuto libre con Daphne.El domingo, cuando fue a recoger a su hija a casa de Carmen, mantuvo la conversación con Daniel breve y funcional. Él hizo lo mismo.—¿Cómo estuvo? —preguntó Paulina.—Bien. Hicimos galletas con mi mamá ayer. Fuimos al parque hoy.—Suena divertido.—Sí.Silencio incómodo.—Bueno, nos vamos —dijo Paulina finalmente.—Claro. Adiós, Daph.—¡Adiós, papi! —Daphne lo abrazó fuerte.En el auto, Daphne fue inusualmente silenciosa.—¿Todo bien, cariño? —preguntó Paulina.—Mami, ¿tú y papi están peleando?Paulina sintió un nudo en el estómago.—No, mi amor. ¿Por qué preguntas?—Porque ustedes se veían tristes. Y no hablaron mucho. Como antes, cuando vivían juntos y estaban enojados.Mierda. Paulina había olvidado lo perceptiva que era su hija.—No estamos peleando, te lo prometo. Solo estamos... cansados.Daphne no pareció convencida, pero no pres
El segundo mes comenzó con una determinación renovada. Paulina se dijo a sí misma que esta vez sería diferente. Esta vez funcionaría.Pero también notó algo más: los encuentros con Daniel se estaban volviendo menos incómodos. Tal vez demasiado cómodos.—¿Quieres pizza antes? —preguntó Daniel cuando ella llegó un martes por la noche—. Pedí de ese lugar que solíamos amar.Paulina vaciló en el umbral. Compartir pizza se sentía... peligrosamente doméstico.—No debería quedarme mucho tiempo. Tengo trabajo pendiente.—Es solo pizza, Pau. Ambos tenemos que comer.Terminó quedándose. La pizza estaba deliciosa, exactamente como la recordaba. Se sentaron en el sofá de Daniel, con la caja entre ellos, hablando de cosas triviales. El nuevo proyecto de él en el trabajo. La presentación que ella tenía que dar la próxima semana. La maestra nueva de Daphne que parecía más estricta que la anterior.Era fácil. Demasiado fácil.—¿Recuerdas cuando pedíamos pizza todos los viernes? —dijo Daniel, limpiándo
El lunes por la noche fue menos incómodo que el sábado. Ya sabían qué esperar, cómo navegar la extrañeza de la situación.—¿Esto se supone que se vuelve más fácil cada vez? —preguntó Paulina mientras se vestía.—Eso espero —respondió Daniel—. De lo contrario, los próximos seis meses van a ser muy largos.El miércoles, había desarrollado una rutina casi cómoda. Paulina llegaba a las ocho, hablaban brevemente sobre Daphne, iban al dormitorio, y después veían algo en la tele antes de que ella se fuera.—¿Crees que funcionó? —preguntó Daniel el miércoles, mientras ella se preparaba para irse.—No lo sabré hasta dentro de dos semanas. Podré hacerme una prueba entonces.—¿Y si no funcionó?—Entonces lo intentamos de nuevo el próximo mes.Daniel asintió, pero Paulina vio algo en sus ojos. ¿Decepción? ¿Alivio?—¿Quieres que funcione? —preguntó ella.—Por supuesto. Quiero decir, es por eso que estamos haciendo esto, ¿no?—Sí, pero... ¿tú personalmente quieres que funcione?Daniel la miró direc
Los siguientes diez días pasaron en una nebulosa extraña. Paulina se encontró hiperconsciente de cada interacción con Daniel, cada mensaje de texto sobre Daphne ahora cargado con el peso de lo que estaba por venir.El jueves por la noche, mientras acostaba a Daphne, su aplicación le notificó que entraría en su ventana fértil en dos días. Miró la pantalla durante un largo momento antes de escribirle a Daniel."Sábado sería el día óptimo. ¿Tu apartamento o el mío?"Borró el mensaje. Demasiado clínico. Volvió a escribir."Según mi ciclo, el fin de semana sería buen momento. ¿Funciona para ti?"También lo borró. Sonaba como si estuviera programando una reunión de negocios.Finalmente escribió simplemente:Paulina: Este fin de semana. Sábado en la noche, si estás disponible.La respuesta de Daniel llegó quince minutos después.Daniel: Okay. ¿En mi lugar? Daphne está con mi mamá ese fin de semana, así que tendré privacidad.Paulina: Perfecto. ¿A las 8?Daniel: Ahí te veo.Paulina dejó el te







