INICIAR SESIÓNSicario depositó el anillo en la palma de su mano.Después retrocedió rápidamente hasta colocarse detrás de Davinna, como si buscara protección.Ella no consiguió contener la risa.Matthias examinó el anillo y después dirigió una mirada fulminante al mono.—Algún día vas a conseguir que pierda la paciencia contigo.Sicario respondió enseñando nuevamente los dientes.Davinna continuaba riéndose.Pero su sonrisa se desvaneció poco a poco cuando él se acercó y tomó su mano, dejando que la tensión del momento disolviera las risas en el aire.—Matthias... —murmuró ella, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba al ver la intensidad con la que la miraba. Entonces le colocó la joya.Sin decir una sola palabra más, Matthias la sujetó de la cintura con una fuerza imponente, sentándola sobre su regazo mientras se acomodaba en el sofá. El muslo duro y caliente de él quedó presionado contra la parte interna del de ella, y antes de que Davinna pudiera protestar por el movimiento, Matthias le separó
—Francesco se encargará de su pago. Y recibirán una compensación por lo ocurrido.Matthias tomó su mano.—Según mi experiencia, las mujeres disfrutan ir de compras.Davinna levantó lentamente una ceja.—¿Sabes mucho de mujeres?Había una nota de molestia en su voz que Matthias identificó inmediatamente.La observó durante unos segundos y después sonrió con descaro.—No tanto, de la que realmente quiero saber. Esa lleva a mi hijo en el vientre y parece disfrutar llevándome la contraria.Davinna intentó mantener el ceño fruncido.No lo consiguió.Matthias entrelazó sus dedos con los de ella y comenzó a conducirla hacia la salida.—Vamos a comprar algunas cosas para nuestro hijo.Ella lo miró sorprendida.Hasta ese momento había evitado comprar demasiadas cosas. Todavía faltaban meses para el nacimiento y, aunque había comenzado a entusiasmarse cada vez más con su hijo, no había tenido tiempo de organizar nada.…La primera tienda a la que entraron estaba ubicada en una de las zonas come
Habían escuchado suficientes comentarios sobre las influencias del capo para comprender que, si decidía investigar, podía descubrir cosas que jamás habrían imaginado.—¡Ya hemos tenido suficientes problemas por hoy! —intervino Carlotta, sujetando a Donatella de la mano—. Claudio, vámonos.Donatella se dejó arrastrar, aunque antes de llegar a la puerta volvió la cabeza hacia Davinna.Sicario, que había trepado hasta el hombro de la joven, la observaba fijamente.El pequeño capuchino enseñó los dientes.Donatella se estremeció.—¡Y mantén a esa bestia lejos de mí!Sicario respondió con un chillido que consiguió que Davinna apretara los labios para no reírse.Matthias se limitó a señalar la salida.Claudio tomó a su esposa por el brazo y los tres abandonaron finalmente La Dolce Vite.El silencio que dejaron detrás resultó extraño.Davinna permaneció inmóvil durante unos segundos, mirando la puerta por la que acababa de desaparecer su familia. Había deseado tantas veces encontrar el valor
Donatella observó al pequeño capuchino con una expresión de desprecio. Sicario continuaba acomodado entre los brazos de Davinna, con la cabeza apoyada contra su pecho y una inocencia que resultaba difícil de creer después de haber intentado apropiarse de un encendedor para utilizarlo contra ella.—¡Por supuesto! ¡Ahora también el maldito mono es una víctima! —exclamó Donatella, soltando una carcajada amarga—. ¡Siempre tienes que llamar la atención, Davinna! ¡No soportas que alguien más sea el centro de todo! ¡Desde pequeñas has hecho lo imposible por conseguir que todos te miren!Davinna levantó lentamente la cabeza.Durante unos segundos se limitó a observar a su hermana, preguntándose cómo era posible que continuara comportándose de aquella manera después de todo lo ocurrido. Donatella tenía el maquillaje corrido, el cabello desordenado y todavía temblaba por el miedo que había sentido cuando Matthias le apuntó con una pistola. Sin embargo, parecía incapaz de abandonar aquella neces
—Podemos discutir una participación menor —propuso con cautela—. Estoy dispuesto a reconocer a Davinna como accionista. Podría entregarle un diez por ciento y establecer un fondo para su hijo. Matthias lo miró con una expresión casi divertida. —¿Diez por ciento? —Es una participación considerable. —Para ti, quizá. —Matthias... —Cincuenta, Allen. No estoy regateando el precio de un maldito automóvil. Claudio apretó la mandíbula. La sola idea de entregar la mitad de su patrimonio a Davinna le resultaba insoportable. Sin embargo, no podía ignorar a los tres hombres muertos en el suelo ni la pistola que Matthias acababa de guardar. Mientras los hombres continuaban negociando, Sicario decidió que había llegado el momento de ocuparse de sus propios asuntos. El pequeño capuchino, que hasta entonces había permanecido cerca de Davinna, descendió silenciosamente del mostrador y se acercó a uno de los guardias de Matthias. El hombre estaba demasiado pendiente de la conversación pa
Matthias se acomodó los puños de la camisa mientras observaba a Claudio. La propuesta de negociar había despertado su interés, aunque no precisamente porque necesitara algo de aquel hombre. Tenía suficiente dinero para comprar Allen Holdings varias veces si se lo proponía, pero existían otras maneras de castigar a una familia que había pasado años humillando a Davinna. Antes de continuar, volvió ligeramente la cabeza hacia ella. Davinna permanecía junto al mostrador, con una mano apoyada sobre su vientre y la otra sujetando el borde de la madera. Sus ojos verdes se encontraron con los de Matthias y, por primera vez desde que comenzaron los disparos, sintió que podía respirar con cierta tranquilidad. No porque hubiera olvidado lo ocurrido, sino porque él estaba allí. Conocía su carácter, su violencia y aquella facilidad aterradora con la que conseguía que los demás obedecieran sus órdenes. Sin embargo, nunca se había sentido tan segura como en aquel momento. Matthias sostuvo su mirada







