FAZER LOGINLes pido una disculpa 😔 me surgieron slgunas cosas y tendré que dejar el maratón para mañana. 🥹 Las leo.
—Podemos discutir una participación menor —propuso con cautela—. Estoy dispuesto a reconocer a Davinna como accionista. Podría entregarle un diez por ciento y establecer un fondo para su hijo. Matthias lo miró con una expresión casi divertida. —¿Diez por ciento? —Es una participación considerable. —Para ti, quizá. —Matthias... —Cincuenta, Allen. No estoy regateando el precio de un maldito automóvil. Claudio apretó la mandíbula. La sola idea de entregar la mitad de su patrimonio a Davinna le resultaba insoportable. Sin embargo, no podía ignorar a los tres hombres muertos en el suelo ni la pistola que Matthias acababa de guardar. Mientras los hombres continuaban negociando, Sicario decidió que había llegado el momento de ocuparse de sus propios asuntos. El pequeño capuchino, que hasta entonces había permanecido cerca de Davinna, descendió silenciosamente del mostrador y se acercó a uno de los guardias de Matthias. El hombre estaba demasiado pendiente de la conversación pa
Matthias se acomodó los puños de la camisa mientras observaba a Claudio. La propuesta de negociar había despertado su interés, aunque no precisamente porque necesitara algo de aquel hombre. Tenía suficiente dinero para comprar Allen Holdings varias veces si se lo proponía, pero existían otras maneras de castigar a una familia que había pasado años humillando a Davinna. Antes de continuar, volvió ligeramente la cabeza hacia ella. Davinna permanecía junto al mostrador, con una mano apoyada sobre su vientre y la otra sujetando el borde de la madera. Sus ojos verdes se encontraron con los de Matthias y, por primera vez desde que comenzaron los disparos, sintió que podía respirar con cierta tranquilidad. No porque hubiera olvidado lo ocurrido, sino porque él estaba allí. Conocía su carácter, su violencia y aquella facilidad aterradora con la que conseguía que los demás obedecieran sus órdenes. Sin embargo, nunca se había sentido tan segura como en aquel momento. Matthias sostuvo su mirada
Donatella dejó escapar un sollozo. Había comenzado a comprender que aquel hombre no estaba intentando intimidarla para conseguir una disculpa. Matthias Angelini la observaba con una frialdad que le resultaba imposible soportar, mientras sus dedos continuaban aprisionándole la muñeca. Intentó buscar ayuda en su padre, pero Claudio permanecía inmóvil, con el rostro desencajado y la mirada fija en el hombre que tenía delante.—¡Matthias, por favor! —intervino Carlotta, avanzando un paso—. ¡Está lastimando a mi hija! ¡Ella no sabía que Davinna era tan importante para usted!Matthias volvió lentamente la cabeza hacia ella.—¿Y eso debería importarme?Carlotta abrió la boca, desconcertada por la pregunta.—Lo que quiero decir es que todo esto ha sido un malentendido. Davinna siempre ha tenido un carácter difícil y...—Termina esa frase —la interrumpió Matthias—. Te estoy dando la oportunidad de terminarla.Carlotta enmudeció.Había algo profundamente inquietante en la tranquilidad con la qu
—¡Claudio, vámonos! ¡Estos hombres están locos! ¡Mira lo que han hecho! ¡Todo por culpa de esa maldita muchacha! ¡Siempre ha sido una desgracia para nuestra familia! Aquellas palabras terminaron de romper la poca paciencia que le quedaba a Davinna. Salió de detrás del mostrador a pesar de las advertencias de Elio y se enfrentó a sus padres, con las mejillas húmedas y una expresión de rabia que consiguió hacer callar a Carlotta durante unos segundos. —¡Basta! ¡Estoy harta de que me culpen por todo lo que ocurre en sus malditas vidas! —exclamó, señalando la puerta—. ¡Yo no les robé nada! ¡No les pedí que vinieran aquí y mucho menos que entraran a insultarme delante de mis empleados! ¡Esta es mi pastelería, la construí con mi trabajo y no tienen ningún derecho a venir a destruirla! —¡Baja la voz cuando le hables a tu madre! —ordenó Claudio, avanzando un paso hacia ella. Davinna lo miró con una mezcla de dolor y desprecio. —¿Mi madre? —repitió, volviéndose hacia Carlotta—. ¡Ella
Carlotta retrocedió tambaleándose, llevándose una mano a la mejilla. Durante unos segundos permaneció inmóvil, incapaz de comprender que Davinna acababa de devolverle la bofetada. Jamás había ocurrido algo semejante. Durante años, su hija había soportado sus reproches, sus humillaciones y los constantes favoritismos hacia Donatella sin atreverse a levantarle la voz de aquella manera. Pero ahora la tenía delante, embarazada, con los ojos llenos de lágrimas y una expresión de furia que no reconocía. —¡¿Cómo te atreves?! —gritó Carlotta, recuperándose de la sorpresa—. ¡Soy tu madre, maldita desagradecida! ¡Te voy a enseñar a respetarme! Volvió a levantar la mano, decidida a golpearla nuevamente, pero esta vez no consiguió hacerlo. Unos dedos fuertes se cerraron alrededor de su muñeca antes de que pudiera descargar la bofetada. Elio había entrado en la pastelería al escuchar los gritos y, al encontrar a Carlotta con la mano levantada frente a Davinna, reaccionó inmediatamente. Le apartó
—Esa malagradecida… —murmuró, recordando las discusiones que había mantenido con Davinna antes de echarla de casa—. Después de todo lo que hicimos por ella, todavía tiene el descaro de robarnos. Claudio levantó una mano, intentando impedir que su esposa comenzara a gritar antes de tener alguna prueba. —No sabemos si fue Davinna. Voy a revisar las cámaras y averiguar quién entró en mi despacho. Si descubrimos que ella tuvo algo que ver, tendrá que responder por cada centavo —respondió con dureza. Pero Carlotta ya había tomado una decisión. No necesitaba esperar los resultados de ninguna investigación para enfrentarse a la hija que, según ella, había traicionado la confianza de su familia. ... Davinna llegó a La Dolce Vite poco antes de las diez de la mañana. Elio estacionó frente al establecimiento y descendió primero para comprobar los alrededores. Dos vehículos de seguridad permanecieron a cierta distancia, tal como Matthias había prometido, y ninguno de los hombres hizo intento







