LOGIN—Tuve un pequeño inconveniente —explicó mientras se pasaba una mano por el cabello y observaba nuevamente la ventana.—¿Qué pasó? —preguntó Gemma, observando con preocupación la mancha de sangre que se extendía por un costado de su camisa.Elio soltó un suspiro. Aquella noche había estado a punto de follar con una mujer hermosa que conoció en un club. Habían intercambiado algunas miradas, compartido un par de copas y terminado conversando con suficiente confianza para que ella lo invitara a su casa. Elio no había encontrado motivos para rechazarla. La mujer era atractiva, parecía saber lo que quería. Sin embargo, apenas habían comenzado a besarse en el dormitorio cuando escucharon abrirse la puerta principal. El marido había regresado antes de lo previsto y, por supuesto, encontró a su esposa con otro hombre.La situación se complicó rápidamente. El desconocido comenzó a gritar, insultó a su mujer y después se lanzó contra Elio con un cuchillo que había tomado de la cocina. El guardae
—¡Matthias Angelini! —exclamó Davinna, sintiendo que el calor le subía a las mejillas mientras él comenzaba a caminar hacia la cama.—Me encanta cuando pronuncias mi nombre completo. —El capo soltó una risa grave antes de inclinarse y besarla apasionadamente.Davinna terminó correspondiendo al beso, aferrándose a su cuello mientras Matthias la acomodaba sobre el colchón con toscos modos que apenas pudo controlar. Él se inclinó sobre ella, apartando las fotografías de los vestidos antes de volver a buscar sus labios.Sin darle espacio para respirar, Matthias le rasgó la parte superior del conjunto de dormir, dejando sus pechos erizados e hinchados por el embarazo al descubierto. Davinna dejó escapar un ahogado jadeo de sorpresa, pero el calor que emanaba de su centro se intensificó al instante. Matthias no perdió tiempo: devoró uno de sus pezones con la boca, succionándolo con fuerza mientras su mano grande bajaba para arrancar la prenda inferior.Se desabrochó el pantalón con brusqued
El Palazzo Angelini permanecía iluminado cuando Matthias regresó aquella noche. Había dejado a Francesco encargado de los últimos asuntos relacionados con Devora y, durante el trayecto, había recibido dos llamadas que resolvió con instrucciones breves. No tenía intención de dedicar un minuto más a los muertos. La investigación sobre Lo Sciacallo continuaría y Cesare Morello permanecería bajo vigilancia, pero por aquella noche solamente quería encontrar a Davinna, quitarse la maldita ropa y acostarse junto a ella.La encontró en el dormitorio principal, sentada sobre la cama con varias fotografías de vestidos extendidas a su alrededor. Llevaba un conjunto de dormir color rosa pálido y tenía el cabello recogido en una trenza que descansaba sobre uno de sus hombros. Al escuchar la puerta, levantó la cabeza y le dedicó una sonrisa que desapareció cuando Matthias se acercó para besarla.Davinna arrugó la nariz y se apartó ligeramente.—¿Qué es ese olor? —preguntó mientras volvía a acercar
La advertencia quedó suspendida entre ambos.Cesare comprendió que Matthias no estaba intentando intimidarlo para conseguir alguna concesión. Había expresado una sentencia cuya ejecución dependía únicamente de lo que descubriera durante su investigación.—No tendrás motivos para utilizarla —respondió finalmente, levantándose también.Matthias lo observó unos segundos más.—Por tu bien, espero que tengas razón.Morello inclinó ligeramente la cabeza. No extendió la mano ni intentó despedirse con una cordialidad que ninguno de los dos habría considerado sincera. Simplemente recogió su abrigo y caminó hacia la salida, acompañado por sus hombres.No miró atrás.Había conseguido lo que buscaba.La alianza continuaría y su organización no pagaría por los errores de Devora.Su hija, en cambio, tendría que asumir las consecuencias.…Matthias llegó a la antigua residencia Angelini unas horas después.Durante el trayecto no había hablado demasiado. Francesco le había informado sobre algunos mov
—Tu hija sigue viva. Por ahora.—Lo sé. Francesco fue bastante claro cuando pregunté por ella —respondió Cesare, sin mostrar la preocupación que Matthias habría esperado de un padre cuya hija permanecía prisionera.Aquella tranquilidad llamó su atención.—Entonces supongo que vienes a negociar su liberación —comentó, estudiando cuidadosamente el rostro del hombre.Morello negó lentamente.—No. He venido a dejar clara mi posición respecto a lo ocurrido.Matthias permaneció callado.Cesare tomó un sorbo de whisky antes de continuar.—Devora cometió una estupidez al involucrarse con Salvatore Vitale. No voy a justificarla ni a fingir que desconocía esa relación. Sabía que se acostaban, Matthias. Lo descubrí algunos meses después de la muerte de Leonel y le advertí que tuviera cuidado.El capo apoyó un brazo sobre el sillón.—Qué considerado de tu parte.—Mi hija era viuda y mayor de edad. No tengo por qué vigilar con quién folla ni con quién deja de hacerlo —replicó Morello, sosteniéndole
El encuentro se celebraría en un club privado situado a las afueras de Palermo, una propiedad que no pertenecía a ninguna de las organizaciones involucradas y cuya neutralidad llevaba décadas siendo respetada por las familias más importantes de Sicilia. Allí se habían negociado treguas, intercambiado prisioneros y resuelto disputas que, en cualquier otro lugar, habrían terminado con varios cadáveres. Las reglas eran sencillas: los hombres podían acudir acompañados por sus escoltas, pero las armas debían permanecer bajo custodia del personal de seguridad y ninguna agresión estaba permitida dentro del establecimiento. Romper aquel acuerdo significaba enfrentarse no solamente al propietario, sino a todas las familias que garantizaban su cumplimiento.Matthias Angelini llegó poco después de las ocho de la noche, acompañado por Francesco y cuatro hombres de confianza. Había conseguido controlar las náuseas durante la tarde, aunque todavía experimentaba cierta incomodidad cuando percibía ol







