LOGINPOV de MiraLo noté primero en mi cuaderno. Cosas pequeñas. Una página que solía estar marcada en la esquina, ahora lisa. Una nota adhesiva movida dos centímetros a la izquierda de donde siempre la dejaba.Me dije a mí misma que estaba siendo paranoica. Luego mi portátil parecía inclinado de forma diferente a como recordaba haberlo dejado, y paranoica dejó de sentirse como la palabra correcta.—Alguien ha estado en mi apartamento —le dije a Bailey por teléfono, manteniendo la voz baja aunque estaba sola—. Cosas pequeñas movidas. Nada llevado.—Mira, ¿estás segura?—Soy estudiante de periodismo. Notar pequeñas inconsistencias es toda mi personalidad. Estoy segura.Se quedó callada un segundo. —Esto es por mí.—Probablemente —admití—. Que es exactamente por lo que no te voy a dejar decirme que me retire y me dejes fuera de ello.—Mira——Lo digo en serio. Todo este tiempo me he sentido como si estuviera mirándoos a ti y a Adrian manejar el peligro real desde fuera de una ventana. Si algu
POV de Bailey—¿Qué primo? —pregunté—. ¿Qué le pasó?Eden se dejó caer en el sillón como si las piernas le hubieran fallado. —Se llamaba Matteo. El sobrino de Cesare, mi primo por el lado de mi madre. Desapareció hace ocho años. Nadie encontró nunca un cuerpo. Mi familia siempre sospechó de la gente de Mathew, pero nadie tenía pruebas, así que nadie se movió al respecto.—¿Y ahora?—Ahora Cesare ha decidido que las pruebas ya no importan. Quiere una razón para ir tras Mathew, y tú— —Eden me miró—. Eres la cosa más valiosa de la vida de Mathew ahora mismo. Eso te convierte en la forma más fácil de herirlo.La mano de Adrian encontró mi hombro. —Dijiste que Mathew tiene reglas. Nada de violencia.—Mathew tiene reglas. —La risa de Eden no tenía humor—. Cesare no responde a las reglas de Mathew. Ese es todo el problema.Llamé a Mathew antes de que Eden siquiera terminara de levantarse para irse.Contestó al primer timbre, como si hubiera estado esperando.—Ya lo sé —dijo, antes de que yo
POV de BaileyNos fuimos poco después de eso. Adrian me sostuvo la mano todo el camino hasta el coche y ninguno de los dos dijo mucho hasta que estuvimos de vuelta en su casa con la puerta cerrada con llave.—Estás callada —dijo.—No sé cómo sentirme sobre esta noche.—¿Qué parte?—Todas. —Me senté en el sofá y me subí las rodillas—. Cesare. Mathew. La forma en que simplemente lo callé sin siquiera pensarlo. Como si fuera fácil.—Fue impresionante.—Eso es lo que me asusta. —Lo miré—. He pasado toda mi vida disculpándome por ocupar espacio. Esta noche me paré en una habitación llena de hombres peligrosos y la controlé sin estremecerme. Y se sintió natural. Como si lo hubiera hecho cien veces antes.Adrian se sentó a mi lado. —Tal vez lo hayas hecho. Solo no en una habitación como esa.—¿Qué se supone que significa eso?—Manejaste a Derek. Manejaste a Glinda al otro lado de una mesa en un centro de detención. Manejaste la bebida de tu madre durante años antes de que ninguno de los dos
POV de Adrian—No sé de qué estás hablando —dije, la voz firme aunque algo frío se había asentado bajo en el estómago.—No, no imagino que lo sepas. —El hombre dejó ambas bebidas sobre el bar, sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo para disfrutar de esto—. Me llamo Cesare. Mi hermano era Antonio Marchetti.El nombre no significó nada para mí. Se lo dije.—Vino a tu padre en una clínica privada, oh, hace veinticinco años ahora. Herida de bala. Grave. Tu padre le salvó la vida. —La sonrisa de Cesare no se movió—. Y luego, tres semanas después, mi hermano desapareció. El cuerpo nunca se encontró. La palabra en ciertos círculos era que tu padre habló. Les dijo a las personas equivocadas dónde podía encontrarse a un hombre herido recuperándose.—Eso no es posible. —La mandíbula se me había puesto tensa—. Mi padre no habla de esa época de su vida. Apenas habló de ello con su propia familia, y mucho menos con desconocidos.—Conveniente, ese silencio. —Los ojos de Cesare se desvi
POV de BaileyLa invitación de Mathew llegó dos días después, entregada por Rourke en persona en lugar de un texto, lo cual me dijo antes de que siquiera dijera una palabra que esta llevaba más peso que las otras.—Una reunión —dijo Rourke, de pie en la puerta del apartamento de Adrian como si hubiera estado de pie en puertas toda su vida y se hubiera acostumbrado a que nadie lo invitara a pasar—. El sábado por la noche. El señor De Carlos quiere presentarte formalmente a la familia extendida.—¿Presentarme como qué, exactamente?—Su heredera. —Rourke lo dijo claramente, como si la palabra no le costara nada, aunque aterrizó en mí como una piedra arrojada desde algún sitio alto—. Es hora, en sus palabras. La gente necesita saber quién eres antes de que los rumores lo decidan por ellos.Después de que se fuera, me quedé en la cocina un buen rato, mirando la encimera sin verla realmente.—No tienes que ir —dijo Adrian, mirándome desde la puerta.—Si no voy, él decide la historia de todo
POV de Bailey—Soy yo —dije, la voz quebrándose en la segunda palabra—. Vincent, soy realmente yo.Hizo un sonido al otro lado, no del todo un sollozo, no del todo una risa, algo enredado en medio. Me dijo más sobre los últimos veinte años de lo que cualquier frase podría haber hecho.—He llamado cada noche —dijo—. Sé que no es… no sé cómo explicarlo. Solo lo dejaba sonar, esperando que contestara, para no tener que averiguar qué decir si no lo hacías. Lo siento. Dios, Bailey, lo siento tanto.—¿Por qué no dejaste un mensaje? ¿Solo una vez?—Porque no sabía cómo empezar. —Su voz vaciló—. ¿Cómo dejas un buzón de voz para la hija a la que abandonaste dos veces? Una vez cuando tenías siete, en una habitación de motel con una nota diciendo que no valías la pena encontrarte. No hay versión de ese mensaje que no suene a una excusa.La mano de Adrian encontró la mía, firme, y me aferré sin apartar la vista del teléfono, como si tocarlo fuera la única cosa que me mantenía en la habitación en






