INICIAR SESIÓNAl cruzar el umbral, se encontró con los ojos inquisitivos de Alicia, quien la observó de arriba abajo con una media sonrisa socarrona. Hope sintió que el pulso se le disparaba, convencida de que su amiga poseía la facultad sobrenatural de leer sus pensamientos más oscuros y pecaminosos. Se aclaró la garganta con disimulo, retomó su sitio entre las sábanas y se encogió de hombros con estudiada indiferencia.
—¿Se puede saber por qué has tardado una eternidad? Dudo mucho que el agua estuviera al otro lado del océano, mentirosita. Sé perfectamente que huiste porque la película te aterrorizaba —reprochó Alicia entre risas, ignorando por completo el cataclismo emocional que su compañera ocultaba tras una mueca forzada.
—Me has descubierto, lo admito. Ya sabes que el terror no es lo mío y siempre busco cualquier excusa para estirar el tiempo. Pero aquí estoy de vuelta, y veo que la cinta aún no termina —respondió Hope, parpadeando con pesadez mientras los párpados comenzaban a ceder ante el cansancio acumulado.
—¡Lo sabía! No tienes por qué torturarte viendo esto si te produce pesadillas. Podemos apagarlo ahora mismo y poner una comedia romántica de esas empalagosas que tanto te encantan, ¿qué te parece? —ofreció su amiga con generosidad, dispuesta a cambiar de rumbo.
Hope asintió con gratitud fingida, anhelando con toda su alma que aquella nueva proyección lograra barrer de su mente la sombra persistente del beso que la había consumido minutos antes. Tragó saliva con dificultad; el día había sido una sucesión interminable de catástrofes: la revelación devastadora de su supuesta madre por la mañana, y ahora aquel desvío moral junto al padre de su mejor amiga. Lo único que deseaba con desesperación era cerrar los ojos y sumergirse en un sueño profundo que borrara temporalmente la existencia, aunque sabía muy bien que el amanecer traería consigo la ineludible obligación de enfrentarse a la realidad.
Poco a poco, el fragor de la jornada cedió terreno. El insomnio que presagiaba su ansiedad se desvaneció de manera milagrosa; contagiada por el ritmo pausado de la noche, Hope se dejó vencer por el agotamiento y cayó en un sueño plácido casi sin percatarse.
Alicia, en cambio, seguía combatiendo contra el tiempo, encorvada sobre el escritorio frente a la pantalla iluminada, intentando saldar a última hora un proyecto universitario cuya fecha de entrega se le había venido encima de manera imperdonable. Se sentía una pésima estudiante, consumida por el remordimiento de su propia desidia. Evaluó la posibilidad de despertar a Hope para pedirle ayuda, pero el profundo descanso de su amiga le inspiró demasiada compasión como para interrumpirlo.
Fue entonces cuando unos golpes secos y sigilosos resonaron en la puerta de la habitación. Al abrir con el ceño fruncido, Alicia descubrió a su padre de pie en el pasillo, con el rostro descompuesto por una fatiga impropia de esas horas.
—¿Papá? Ocurre algo grave? —preguntó con un hilo de voz, sintiendo una punzada helada en el pecho.
—Necesitamos hablar, hija. Acabo de recibir una llamada urgente y las noticias son terribles... Se trata de tu madre —articuló Ashton con extrema dificultad, intentando prepararla para el golpe.
Las exclamaciones ahogadas y el revuelo repentino en el pasillo atravesaron el sueño de Hope como una cuchilla afilada. El pánico la sacudió al instante, arrancándola de la cama con el corazón en un puño. Al asomarse a la puerta, el panorama desolador confirmó sus peores temores: la exesposa de Ashton, la madre de Alicia, había fallecido de forma trágica, quitándose la vida en plena madrugada.
La incredulidad y el dolor estallaron en gritos desgarradores que sacudieron los cimientos de la mansión. Alicia yacía fundida en el pecho de su padre, destrozada por una orfandad repentina que la reducía a lágrimas incontenibles. Desde el umbral de su refugio, Hope observaba la escena con el alma encogida; a pesar de que la mujer en vida le había resultado altanera, fría y profundamente desagradable, la tragedia la dejaba sin palabras. Su único objetivo en ese momento era brindar un apoyo inquebrantable a su mejor amiga en medio de aquel laberinto de luto.
Horas más tarde, tras la intervención del personal médico que debió suministrar un sedante a Alicia para calmar la crisis nerviosa, la mansión quedó envuelta en un silencio sepulcral. Incapaces de conciliar el sueño, Ashton y Hope terminaron sentados frente a frente en la mesa del comedor, compartiendo una taza de café humeante en la madrugada avanzada.
—Deberías subir a descansar, Hope; mañana el cansancio te pasará factura —repitió él por enésima vez, rompiendo el silencio con voz ronca.
—No quiero irme todavía... necesito estar despierta por si Alicia me necesita —respondió ella con la mirada fija en el fondo de la taza.
—Ve a la cama a dormir; ella está profundamente sedada y no despertará en horas. Si lo prefieres, puedes pasar el resto de la noche en su habitación.
* Capítulo
Siguiendo la sugerencia, Hope había optado por instalarse en el dormitorio de su amiga, velando su sueño con una ternura infinita mientras le acariciaba la espalda con suavidad cada vez que un sollozo involuntario agitaba el cuerpo de Alicia. La perspectiva de perder a una madre se le antoja un abismo incomprensible, aunque ella misma cargara con la reciente revelación de que la mujer que la crio no compartía su sangre.
Cuando los primeros rayos del alba comenzaron a filtrarse a través de las persianas, iluminando las sábanas de seda gris, Hope se percató de que Alicia ya se había incorporado antes que ella. Con un suspiro pesado, se puso de pie, sintiendo el persistente aroma del perfume masculino de Ashton impregnando sutilmente el ambiente, un rastro sensorial que despertaba en su interior una peligrosa adicción. Tras asearse rápidamente en el cuarto de baño asignado y enfundarse en ropa presentable, bajó hasta la cocina con la esperanza de encontrar algo de claridad.
El personal de servicio, visiblemente consternado por la tragedia, le ofreció un desayuno abundante: tostadas con mermelada, huevos revueltos, tocino crujiente y una humeante taza de café. A pesar del banquete, el apetito brillaba por su ausencia; el nudo en su garganta le impedía disfrutar de los alimentos, con la mente fija en el sufrimiento de su amiga y en la misteriosa ausencia de Ashton y Alicia, quienes habían salido de la mansión muy temprano.
Decidida a romper el aislamiento, tomó su teléfono móvil dispuesta a marcar el número de su amiga, pero una llamada entrante interrumpió su pulso. Al mirar la pantalla, descubrió el nombre de Leonardo, el hombre al que había llamado padre durante toda su vida, el artífice de la gran mentira que había dinamitado su mundo.
Su primer impulso fue rechazar la llamada y bloquear el contacto para siempre. Sin embargo, una necesidad visceral de confrontarlo pudo más. Deslizó el dedo para responder, dejando escapar todo el rencor acumulado:
—¿Con qué derecho me llamas, Leonardo? Después de todo lo que ustedes han hecho... No sé cómo tienes el descaro de telefonearme. Y ahórrate cualquier explicación barata, porque no pienso creer ni una sola palabra. Ya lo sé todo. Jamás imaginé que fueras capaz de mentirme de esta manera, pisoteando mi vida sin importarte el daño colateral.
—Escúchame por favor, hija... las cosas no son como imaginas. No debiste marcharte de esa manera de la casa. Sé perfectamente que ella no tiene derecho a tratarte así, pero yo te quiero como si fueras de mi propia sangre. Perdóname por no haberte dicho la verdad antes, pero creí que no era relevante. Mi cariño hacia ti siempre ha sido sincero, nunca fue un montaje. Tu tía habrá actuado con crueldad, pero yo te he criado con todo el amor del mundo y quiero que regreses. Vamos a solucionar esto juntos, te lo suplico —suplicaba la voz temblorosa al otro lado de la línea.
Las palabras de Leonardo, por sinceras que sonaran, chocaban contra un muro indestructible de desamor y orgullo herido.
—No voy a regresar, ni lo sueñes. He tomado una decisión definitiva. No estoy dispuesta a soportar el desprecio feroz de esa mujer ni un solo día más. ¿Acaso soy culpable de haber venido a este mundo? Me duele profundamente lo ocurrido con su fallecimiento, y ojalá las cosas hubieran sido distintas, pero ya no hay marcha atrás. Atesoraré los momentos buenos que tú me diste, Leonardo, pero para mí esa casa ya no es un hogar.
—Me duele el alma saber que las cosas terminaron así... Ya hablé con ella infinidad de veces, pero se niega a entrar en razón. Esto incluso ha destruido nuestra relación de pareja, porque yo no tolero el trato que te dio. Solo dime que estás a salvo, que tienes un techo donde refugiarte, Hope —insistió él con un nudo en la garganta.
—Sí, estoy bien. Alicia me ha acogido en su casa, así que no tienes de qué preocuparte por mí. Si no hay nada más que decir, tengo pendientes que atender...
Leonardo comprendió que la charla había llegado a su fin. Tras reiterarle su apoyo incondicional y recordarle que, a pesar de los papeles, él siempre sería su padre, la comunicación se cortó abruptamente.
Hope dejó caer el teléfono sobre la mesa de la cocina y hundió el rostro entre las palmas de sus manos. Las lágrimas, contenidas durante demasiado tiempo, brotaron con una fuerza indetenible, sacudiendo su cuerpo en un llanto silencioso y desgarrador. Se sentía completamente sola, a la deriva en un mundo hostil donde los cimientos de su identidad se habían derrumbado, dejándola únicamente con los jirones de un secreto prohibido que latía con fuerza en su pecho.
El tiempo pasó rápidamente y, con cada día que pasaba, la familia de Clara y Alejandro se fortalecía. Lucas había crecido, y su risa llenaba la casa de alegría. Clara se había adaptado a su nuevo papel como madre y pareja, y Alejandro había demostrado ser un padre excepcional. Juntos, habían construido un hogar lleno de amor y felicidad, pero también habían enfrentado obstáculos que pusieron a prueba su relación.Una tarde, mientras Clara organizaba el cuarto de Lucas, encontró una carta que había escrito hace meses, antes del nacimiento de su hijo. Era un recordatorio de sus temores y dudas sobre el futuro. En la carta, Clara había expresado sus inseguridades sobre abrir su corazón y arriesgarse a amar. Al leerla, sintió una mezcla de nostalgia y orgullo. Había recorrido un largo camino desde entonces.Clara decidió que era el momento de compartir la carta con Alejandro. Lo encontró en la sala, jugando con Lucas. La escena era perfecta: Alejandro riendo, Lucas feliz, y Clara sintió u
El día del nacimiento del bebé llegó con el sol brillando radiante y una brisa suave que atravesaba la ciudad. Clara se encontraba en el hospital, rodeada de luces y el murmullo de voces. La ansiedad y la emoción la invadían mientras esperaba en la sala de partos. Alejandro estaba a su lado, sosteniendo su mano con firmeza, su mirada llena de amor y apoyo. Desde la última conversación sobre sus sentimientos, ambos habían decidido avanzar juntos, no solo como padre y madre sustituta, sino como pareja.Clara había tomado la decisión de abrir su corazón a Alejandro, y en el proceso, descubrió que el amor podía florecer en las circunstancias más inusuales. Habían hablado sobre sus sueños, sus miedos y, lo más importante, sobre cómo deseaban criar al bebé que pronto llegaría al mundo. Cada conversación los había acercado más, y ahora, en este momento tan crucial, sabían que estaban listos para enfrentar lo que viniera.Cuando las contracciones comenzaron, Clara sintió que el dolor era inte
Los días pasaron y la relación de Clara y Alejandro se tornó más profunda y significativa. A pesar de las complicaciones iniciales, ambos decidieron enfrentar sus sentimientos con honestidad. Sin embargo, la realidad seguía presente: Clara era una madre que tenía que proteger a su hija, y Alejandro, un hombre que había abierto su corazón. La presión de sus circunstancias no se desvanecía, y la incertidumbre sobre el futuro seguía acechando en cada conversación.Una mañana, Clara se despertó con una sensación de determinación. Había decidido que era el momento de tomar el control de su vida y de su futuro. Después de pensarlo mucho, decidió que debía proponerle a Alejandro una reunión para hablar sobre su relación y el camino que querían seguir. La idea de abrir su corazón era aterradora, pero la conexión que habían formado era demasiado fuerte como para ignorarla.Esa misma tarde, Clara se reunió con Alejandro en un parque donde solían pasear. La brisa suave y el canto de los pájaros
Los días después de la reveladora cena con Alejandro fueron un torbellino emocional para Clara. En su mente, la idea de un amor naciente chocaba con la realidad de su situación. Cada vez que veía a Alejandro, la tensión entre ellos se hacía más intensa, y Clara no podía evitar sentir mariposas en el estómago. Sin embargo, también sabía que su relación se basaba en un contrato, y eso complicaba las cosas más de lo que podía imaginar.Clara se esforzaba por mantener la distancia emocional, pero la sinceridad de Alejandro la empujaba a cuestionar sus propios sentimientos. Era un hombre admirable, generoso y, lo más importante, mostraba un interés genuino en ella y en Sofía. A veces, mientras conversaban, Clara se perdía en sus ojos, olvidando por completo el contrato que las unía.Una tarde, Alejandro la invitó a un evento benéfico en el que participaría. Clara, sintiéndose un poco nerviosa, decidió aceptar. Quería que Alejandro viera a Sofía y que la pequeña pudiera conocer a su futuro
A continuación novela cortitaCapítulo 1: El ContratoClara observaba por la ventana de su pequeño departamento en el centro de la ciudad, mientras la lluvia caía suavemente sobre el cristal. La luz tenue del atardecer iluminaba su rostro cansado, reflejando las preocupaciones que la mantenían despierta por las noches. Desde que su esposo la había dejado, la vida se había vuelto una lucha constante para mantener a su hija, Sofía, de seis años. Las facturas acumuladas y el deseo de ofrecerle un futuro mejor la mantenían en pie, pero el estrés era abrumador.Una tarde, mientras revisaba su correo electrónico, encontró un mensaje que cambiaría su vida. Era de una agencia de reproducción asistida que buscaba a una madre sustituta para un millonario llamado Alejandro Castillo. El correo detallaba la oferta: un contrato lucrativo y todas las necesidades cubiertas durante el embarazo. Clara se sintió intrigada, pero también escéptica. ¿Era realmente posible que alguien estuviera dispuesto a
Había sido bastante doloroso darse cuenta y ponerse al corriente de que Maximiliano sabía toda la verdad, no importa si dos días antes se había colocado al tanto, de todas maneras no había sido lo suficientemente valiente, como para de de decirle que ya lo sabía. Valentina había estado molesta los primeros días y así pasó incluso casi dos meses, pero llegó el momento en el que ambos pudieron encontrar al momento adecuado para poder hablar sobre ese asunto y olvidar todo eso que ya tenía que quedarse en el pasado, ya no se podía hacer nada para cambiar lo que se desencadenó. Sin embargo las cosas con el padre de Maximiliano no cambiaron en absoluto. A la joven de costaba demasiado mirar al padre de Maximiliano de otra forma que no fuera como la de una persona señalando a alguien más por un hecho así, algo tan atroz como atropellar a una persona y luego dejar a a la víctima tirada como si fuera una basura. Desde ese día en que maximiliano le confesó todo a la muchacha sobre el pasado







