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El Secreto de la Humana Alfa
El Secreto de la Humana Alfa
Autor: Nieves G.D.

Capítulo 1 — La alfa profetizada

Autor: Nieves G.D.
last update Fecha de publicación: 2026-08-01 12:22:20

—     ¡Qué ridiculez! ¿Quién te dijo que podías presentarte aquí para presentarte como una alfa frente a mi manada? — Gruñó el alfa frente a Lyra.

Lyra apretó los puños, pero no dijo nada, el alfa, en parte tenía razón, ella llegó llamando a la manada como una líder y eso podía ser considerado una falta de respeto para el alfa.

Ella tenía que presentarse primero ante él, llamarlo y presentarse frente a la manada junto a él, sin pasar por encima de su autoridad.

Si, ella se había equivocado, pero eso no justificaba una humillación.

—     ¿Esta es la supuesta elegida? — Escupió uno de lobos que la rodeaban, con los brazos cruzados y una sonrisa torcida. — Pensé que sería, no lo sé… Más… Algo.

Las risas fueron bajas, pero suficientes.

Lyra miró alrededor, a la manada que la rodeaba, sus miradas de desprecio, de burla, de desconfianza, no era algo que se pudiera ignorar.

Era como si cada lobo presente hubiera decidido ya, sin conocerla y sin decirlo en voz alta, que ella no pertenecía allí, que ella para ellos no significaba nada.

Lyra lo sentía en la piel, en la forma en que las miradas se deslizaban sobre ella, como cuchillas, en los murmullos, en el silencio incómodo que se formaba cada vez que alguien la observaba más de lo necesario.

Esta era la primera manada de Lyra que visitaba en su plan de darse a conocer con los lobos como la Alfa Profetizada, pero ellos no la querían, no confiaban en ella.

Y lo peor era que pretendían humillarla.

Lyra mantuvo la espalda recta en el centro del círculo de piedra, aunque cada músculo de su cuerpo le gritaba que se moviera, que respondiera, que les gritara, que usará sus dones para verlos doblegados.

¿Pero qué significaría para ella si solo usaba su don de autoridad para obligarlos a aceptarla? ¿No se convertiría ella en una líder dictatorial y autoritaria? ¿No sé convertiría en lo que ella odió?

Así como Eros, un alfa que en el pasado la encerró en una jaula y obligaba a todos a hacer lo que él quería, lo que terminó causando su propia destrucción.

Lyra lo recordó claramente y su cuerpo se estremeció.

No, ella no quería ser como él, ella quería encontrar su destino, liderar, usar sus poderes y ayudar, pero ganándose el respeto de las manadas, no su temor.

El círculo alrededor de Lyra estaba lleno, el alfa, sus guerreros, ancianos, lobos, toda la manada estaban ahí reunidos para verla.

Y para juzgarla.

Lyra no respondió, no podía, su cuerpo temblaba de rabia e indignación, y si abría la boca, no sabía qué saldría.

—     Es humana. — Añadió otro lobo. — Ni siquiera huele a una de nosotros.

Eso no era del todo cierto y lo sabían, ella no olía precisamente a humana, Leo, Ares, Roth, muchos lobos ya se lo habían dicho antes.

No olía a lobos, pero tampoco era del todo humana.

Lyra inhaló profundo, recordando cuando su hermana, Selina, le reveló su descendencia, su sangre, su abuela provenían de una antigua descendencia de brujas protectoras de lobos, quienes eran guiadas por los designios de la diosa luna.

Una descendencia que para muchas manadas había desaparecido, pero que ahora volvía con ellas, guías profetizadas de la diosa luna, Lyra para ser alfa de las manadas y Selina para ser la guía espiritual.

Lyra apretó los dedos contra la tela de su vestido, sí, olía diferente, ella lo sabía, pero ser diferente no le restaba valor.

El cuerpo de Lyra comenzó a acalorarse, quizás por la rabia o por la impotencia, pero algo en ella se comenzaba a alterar.

—     Dicen que la luna la eligió… — Continuó el alfa, caminando lentamente alrededor de ella. — Pero yo solo veo a una humana torpe que no sabe ni dónde está parada.

Se formó otro murmullo, más fuerte esta vez, más risas.

Leo, uno de los lobos que acompañaba a Lyra en su travesía, dio un paso al frente, al tiempo que apretaba los puños, todo su cuerpo estaba tenso.

Para él, era insoportable escuchar los comentarios y las burlas de esos lobos ignorantes, pero Lyra le había hecho prometer, que él no se metería, que la dejaría tomar la b****a y defenderse por su cuenta.

Lyra movió su mano rápidamente y con un solo movimiento, Leo entendió la orden, él no debía meterse, así que el lobo no tuvo otra opción más que contenerse y dar un paso hacia atrás, de nuevo.

Lyra tragó saliva, «No respondas. No reacciones. No pierdas el control.» Se repetía mentalmente a sí misma, una y otra vez.

—     Habla… — Ordenó el alfa, deteniéndose frente a ella. — Vamos, defiéndete… Dinos por qué deberíamos seguir a alguien tan débil e insignificante como tú.

El silencio cayó como un golpe, todos la miraban, esperando, exigiendo.

—     No vine a pedir permiso para existir, vine a demostrar por qué deberían escucharme… No soy insignificante, ni débil… — Lyra levantó la vista, con el entrecejo arrugado. — Si de verdad han escuchado de mí, deberían saberlo…

—     Sí, he escuchado de ti, mueves algunas ramas y hojas… Y tienes un extraño don de autoridad… — Comentó el alfa, pensativo. — ¿Y eso es todo? ¿Con solo eso pretendes liderar a todas las manadas de hombres lobos? Ya he visto a supuestos ‘elegidos’ antes, todos terminan muertos… o matando a su manada.

Preguntó el alfa en un tono burlón al tiempo que se cruzaba de brazos, elevando la barbilla con prepotencia.

Y las sonrisas regresaron, la burla, las miradas despectivas a su alrededor.

Lyra intentó ser fuerte, intentó recordar todo lo que había soportado, todo lo que había visto, todo lo que la había traído hasta allí y respiró profundo, pero no fue suficiente.

El aire comenzó a cambiar, no de forma visible, pero Lyra lo sintió.

El suelo bajo sus pies, comenzó a vibrar, apenas un susurro al inicio, luego un latido, otro y otro.

Lyra se quedó inmóvil, su cuerpo seguía aumentando de temperatura, ella sentía mucho calor mientras luchaba por concentrarse, por controlarse, por respirar profundo para dejar a un lado rabia, pero últimamente, parecía que su cuerpo y su mente se comportaba algo diferente.

—     ¿Lo sienten? — Susurró alguien.

Un crujido seco resonó en el círculo y una grieta apareció en el suelo, justo bajo los pies de Lyra.

—     ¿Qué? — Siguió el alfa, ahora con una sonrisa distinta. — ¿Intentas darnos una demostración de tus poderes para que creamos que eres suficiente…? ¿…? ¿O para que te tengamos miedo?

Error… Esas palabras irritaron aún más a Lyra y por un instante, Lyra quiso que ese alfa se callara.

El suelo volvió a temblar más fuerte, mientras que las hojas de los árboles cercanos comenzaron a sacudirse, aunque no había viento.

Lyra cerró los ojos con fuerza, «Detente. Detente. Detente.» Se ordenaba mentalmente, pero no se detenía, era como si algo dentro de ella hubiera decidido seguir.

Y entonces, un latigazo de energía recorrió el cuerpo de Lyra y ocurrió, en medio de los temblores que aumentaban, repentinamente, una raíz emergió del suelo.

Salió rápida, violenta, se alzó como una serpiente y pasó, por un lado, del cuello del alfa, rozándolo, rasguñándolo.

Un solo movimiento más, unos milímetros más hacia un lado y lo atravesaba, terminando en un giro fatal.

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