Hoy me pillas con ganas de hablar de cine y romances inesperados: el tropo 'enemies to lovers' aparece en el cine español, aunque muchas veces viene disfrazado de choque cultural, celos o rivalidad social más que de odio declarado. He visto que, en España, los guionistas tienden a jugar con barreras externas —familia, regiones, clases— y a partir de ahí construyen la fricción que luego se convierte en atracción. Eso hace que algunas comedias románticas modernas funcionen perfectamente como versiones del trope, sin serlo de forma académica.
Un ejemplo claro es «Ocho apellidos vascos»: la relación entre Rafa y Amaia empieza con engaños, confusiones y un choque cultural permanente; no son enemigos a muerte, pero la dinámica de rechazo-incomprensión que deriva en cariño encaja muy bien con lo que buscamos. En la misma línea, «Ocho apellidos catalanes» repite la fórmula con matices distintos. Por otro lado, «El otro lado de la cama» no es un enemies-to-lovers puro, pero tiene esa tensión entre personajes que se odian/compiten y acaban enredados sentimentalmente; es más enredo y celos que odio real, pero funciona. También pienso en «Tres metros sobre el cielo»: Hache y Babi vienen de mundos opuestos y su relación arranca con choques y malentendidos que alimentan la pasión. No son antagonistas en plan villanos, pero sí rivales sociales y personales que se atraen.
Si lo que buscas es el conflicto romántico más crudo, a veces hay que mirar a series o a adaptaciones literarias recientes, donde el formato largo deja más espacio para desarrollar el viaje de odio a amor. Aun así, el cine español tiene esa forma particular de transformar antagonismo en cariño, mezclándolo con humor, orgullo regional o diferencias de clase. Yo disfruto mucho cuando el guion aprovecha ese contraste para crear química auténtica: se siente más humano y menos artificioso.