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Exigencias.

last update Fecha de publicación: 2024-10-19 16:37:22

Cataleya se despertó temprano, aun sintiendo la mezcla de emociones del día anterior. El ruido constante de Nueva York era como una banda sonora de fondo para su nueva vida. Con una taza de café en mano, repasó mentalmente lo que esperaba lograr en Ferrer Global. Sabía que las primeras impresiones eran cruciales.

Vestida con un traje color perla y tacones negros, Cataleya tomó un taxi hacia la oficina. Al entrar al edificio, la recibió una ráfaga de actividad: teléfonos sonando, empleados yendo y viniendo, y una energía palpable en el aire. Agradeció que su apariencia impecable ocultara su nerviosismo.

En el ascensor, se encontró con Ignacio Ferrer, a quien había conocido brevemente el día anterior. 

—Hola, Cataleya. ¿Lista para un día emocionante? —dijo con su característica sonrisa amigable.

—Claro, Ignacio. Lista para todo —respondió ella, devolviendo la sonrisa.

Al llegar a su piso, fue recibida por Sofía Martínez, quien le mostró su nueva oficina. 

—Este será tu espacio. El Señor Ferrer quiere verte en su despacho a las nueve. Buena suerte con eso, señorita Ríos —le dijo, guiñándole un ojo.

Cataleya se acomodó en su oficina, revisando algunos documentos antes de dirigirse al despacho de Ezra. Tocó suavemente la puerta y al recibir la orden de entrar, se encontró nuevamente con la imponente figura de Ezra, ahora absorto en unos papeles.

—Buenos días, Señor Ferrer —dijo Cataleya con firmeza.

Ezra levantó la mirada y le hizo un gesto para que tomara asiento. 

—Buenos días, Señorita Ríos. Vamos a revisar algunos puntos importantes sobre el proyecto en el que estarás trabajando.

Mientras discutían los detalles del proyecto, Cataleya no pudo evitar admirar la dedicación y el conocimiento de Ezra. Sin embargo, también sentía la presión de estar a la altura de sus expectativas. La reunión fue intensa pero productiva, y al finalizar, Ezra le ofreció una sonrisa breve pero genuina.

—Eres muy capaz, Señorita Ríos. Confío en que harás un excelente trabajo —dijo Ezra.

—Gracias, Señor Ferrer. No lo defraudaré —respondió ella, con una determinación que resonó en su voz.

A lo largo del día, Cataleya se sumergió en su trabajo, descubriendo más sobre la dinámica de la empresa y formando alianzas clave con colegas como Sofía e Ignacio. Aunque su enfoque principal era el trabajo, no podía ignorar la creciente atracción que sentía por Ezra, a pesar de su firme decisión de mantener su corazón cerrado.

Esa noche, mientras cenaba con su amiga Bea en un pequeño restaurante italiano, Cataleya le compartió sus impresiones sobre el primer día.

—Es todo lo que imaginaba y más, Bea. Pero hay algo en Ezra… no sé cómo explicarlo —dijo, moviendo su tenedor en los espaguetis.

—¿Atractivo, enigmático y un poco intimidante? —sugirió Bea con una sonrisa pícara.

—Exactamente. Pero no estoy ahí para eso. Este trabajo es mi oportunidad de crecer y dejar atrás todo lo que pasó con Javier —respondió Cataleya, decidida.

—Lo sé, amiga. Solo recuerda que también tienes derecho a ser feliz —le dijo Bea, tomando su mano con afecto.

Cataleya asintió, sabiendo que tenía razón, pero también consciente de que su enfoque debía estar en su carrera y en proteger su corazón de más dolor.

●◉◎◈◎◉●

Los días siguientes en Ferrer Global fueron un torbellino para Cataleya. Desde el primer momento, Ezra no dudó en asignarle tareas complejas y desafiantes. Él era exigente, siempre esperando lo mejor de ella, pero también ofrecía una dirección clara y precisa.

Y así, cada mañana, Cataleya se levantaba temprano, lista para enfrentarse a las pruebas del día. Llegaba a la oficina con su atuendo siempre impecable: elegantes trajes de colores sobrios y su cabello perfectamente recogido. Pasaba largas horas en reuniones, analizando reportes financieros y desarrollando estrategias empresariales.

En una de esas reuniones, Ezra la observaba con atención. Sabía que la estaba poniendo a prueba, pero también quería verla crecer. 

—Señorita Ríos, necesito que prepare un análisis detallado del mercado para nuestra próxima expansión en Asia. Debe estar listo para el viernes —le dijo con tono firme.

Cataleya asintió, aceptando el reto. Pasó horas en su oficina, investigando, recopilando datos y preparando su presentación. Cada vez que se sentía abrumada, recordaba sus objetivos y su deseo de demostrar su valía.

Ezra, por su parte, no era fácil de impresionar. Tenía un ojo crítico y esperaba perfección en todo momento. A veces, sus comentarios eran duros, pero siempre constructivos.

—Este análisis es bueno, pero puedes profundizar más en estos aspectos —le decía, señalando áreas específicas para mejorar.

Cataleya aceptó sus críticas con gracia, trabajando aún más duro para cumplir con sus expectativas. Sentía una mezcla de admiración y frustración hacia Ezra. Admiraba su dedicación y conocimiento, pero su nivel de exigencia era agotador.

—Siento que moriré sin poder disfrutar de todos los placeres de la vida —susurro para sí misma. 

Una noche, mientras revisaba su presentación en su apartamento, recibió un mensaje de Ezra, algo que la tomó por sorpresa. 

—Cataleya, necesito que revises estos documentos antes de la reunión de mañana. Confío en que harás un excelente trabajo.

Cataleya suspiró, pero se sentía impulsada por la confianza que Ezra depositaba en ella. Trabajó hasta tarde, asegurándose de que cada detalle estuviera perfecto.

Finalmente, llegó el día de la presentación. Cataleya entró en la sala de reuniones con la cabeza en alto, sus notas bien organizadas y su confianza renovada. Ezra, junto con otros ejecutivos, la observaban atentamente mientras exponía su análisis.

Cataleya se desenvolvió con seguridad, presentando datos, gráficos y estrategias con claridad y precisión. Cuando terminó, hubo un breve silencio antes de que Ezra hablara.

—Maravilloso trabajo, señorita Ríos. Este es el nivel de calidad que esperaba —dijo Ezra, con una sonrisa de satisfacción.

Cataleya sintió una oleada de alivio y orgullo. Había superado uno de los mayores desafíos hasta el momento y, aunque sabía que Ezra seguiría exigiéndole, estaba decidida a seguir creciendo y aprendiendo.

Esa noche, mientras se relajaba en su apartamento, recibió un mensaje de Bea: 

—¿Cómo te fue hoy? ¡Cuéntame todo!

Cataleya sonrió y comenzó a escribir: 

—Fue intenso, pero creo que estoy empezando a encontrar mi lugar aquí. 

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Último capítulo

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Quiero conquistarte

    Después del beso con Ezra, Cataleya sintió una mezcla de emociones que la abrumaban. Se dirigió al baño, al cerrar la puerta detrás de ella, se apoyó en el lavabo, mirando su reflejo en el espejo.—¿En qué demonio estás pensando, Cataleya? —se dijo a sí misma en voz baja, su voz llena de frustración—. ¿Eres tonta o qué?Se pasó una mano por el cabello, tratando de ordenar sus pensamientos. El beso había despertado sensaciones que creía dormidas en su corazón. Sentía cómo una oleada de calidez y deseo la envolvía, recordándole que su capacidad de amar no estaba tan muerta como había pensado.—No puedes dejarte llevar por esto —se regañó mentalmente—. Es tu jefe, y tienes un contrato que cumplir. El amor no está en las cláusulas y… no eres nada para él.Pero por más que intentara racionalizar la situación, no podía negar lo que había sentido en ese beso, porque no era un beso cualquiera, era ¡el beso! Uno que le hacía sentir mariposas revoloteando en el estómago. Había sido suave y llen

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Te extrañe.

    La semana pasaba, y Ezra no regresaba a la oficina ni se comunicaba con Cataleya. Cada día que pasaba, la ansiedad de la mujer aumentaba. Intentó mantener su profesionalismo, pero no pudo evitar sentir que la ausencia de Ezra le recordaba dolorosamente a otra época de su vida.Cada vez que miraba su teléfono, esperaba ver un mensaje o una llamada de él. Si entraba a su oficina, esperaba encontrarlo allí, sentado detrás de su escritorio. Pero la realidad era que Ezra no estaba, y el vacío que dejó era palpable. Sin embargo, todo aumentó también cuando Ignacio no fue a mitad de semana. Un día, mientras organizaba unos documentos, los recuerdos de Javier comenzaron a invadir su mente. La forma en que él la había abandonado sin explicación, dejándola sola y sin respuestas. La sensación de incertidumbre y dolor que había sentido entonces era muy similar a la que sentía ahora.—No puedes seguir así, Cataleya —se dijo a sí misma, tratando de ahuyentar los pensamientos negativos. Pero las em

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Ausencia.

    Cataleya pasó sus manos por su cuerpo, al menos tenía su ropa interior, aunque no le daba la tranquilidad que necesitaba. Con manos temblorosas, tomó la nota que estaba en la mesa y la leyó:“Buenos días, Cataleya. No pasó nada anoche, así que no te preocupes. Estabas muy pasada de tragos, pero tu belleza brillaba con luz propia incluso en ese estado y no quería dejarte sola, por eso te traje aquí. Desayuna antes de irte. —A.P.”Cataleya dejó escapar un suspiro de alivio, sintiendo cómo la tensión abandonaba su cuerpo. Saber que su amiga no tuvo acción, la tranquiliza de cierta manera. Se dejó caer de nuevo en la cama, cerrando los ojos por un momento mientras procesaba la información. Alguien había estado allí para cuidarla, asegurándose de que estuviera a salvo.Después de unos minutos, se levantó y buscó su ropa. Se vistió rápidamente, sintiéndose un poco más tranquila, ahora que sabía que estaba en buenas manos, un buen caballero que no se aprovechó de su estado.Salió de la habi

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Besos apasionados.

    Mientras esperaban, Ezra no pudo evitar observar a Cataleya con preocupación. Aunque estaba disfrutando de la noche, no podía dejar de preguntarse si el alcohol había nublado su juicio.—Eres muy guapo —dijo Cataleya mirándolo a los ojos. Ezra solo sonrió, pero en su mente, las dudas persistían. ¿Estaba Cataleya consciente de lo que decía? ¿O el alcohol estaba influyendo en sus palabras y acciones? No quería aprovecharse de la situación, a pesar de que su mente y su corazón decían cosas diferentes. Después de un rato, Bea se acercó tambaleándose ligeramente debido a los tragos. Sus ojos se iluminaron al ver a Ezra, aunque no lo reconoció.—Cataleya, ¿quién es ese guapo hombre que está contigo? —preguntó Bea, su voz llena de curiosidad y deseo.Cataleya, con una sonrisa irónica, respondió sin pensarlo mucho. —Se parece a mi jefe, pero es tan serio, pero como un juez en un tribunal, que nunca iría a estos lugares. Debe ser su gemelo divertido.Bea soltó una carcajada, claramente pasa

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Una noche para olvidar.

    Llegó el fin de semana, y Cataleya decidió que necesitaba una noche para olvidar sus preocupaciones. Llamó a su amiga Bea y juntas planearon una salida a una discoteca de la ciudad. Quería bailar, beber y perderse en la música, dejar atrás todo lo que la había estado agobiando.Mientras se preparaba para salir, recibió una llamada de Ezra. Su nombre en la pantalla la hizo suspirar, pero respondió de todos modos.—¿Y ahora qué quiere? —murmuró.—Hola, Ezra.—Cataleya, estaba pensando que podríamos salir esta noche, solo tú y yo. Podríamos ir a cenar o a algún lugar tranquilo —sugirió el hombre, su voz cálida.Cataleya cerró los ojos por un momento, luchando contra las emociones que eso le provocaba. —Ezra, lo siento, pero ya tengo planes con una amiga. Además, recuerda una de las cláusulas del contrato: mantener nuestras salidas profesionales al mínimo en lugares públicos.Ezra se quedó en silencio por un momento, sorprendido por su respuesta. —Tienes razón, Cataleya. Lo siento, no q

  • El amor del jefe. Ella es su mujer.    Corazón cerrado.

    Esa noche, Cataleya llegó a su apartamento, sintiéndose agotada. Se dejó caer en el sofá, cerrando los ojos mientras las palabras de Ezra resonaban en su mente. Las lágrimas comenzaron a brotar, sin poder contenerlas más. Recordó cómo él la había defendido, cómo le había dicho que le importaba de verdad. A pesar de que su corazón se aceleró en ese momento, la confusión y el dolor resurgieron con fuerza.Cataleya se levantó y caminó hacia la ventana, mirando las luces de la ciudad que brillaban en la oscuridad. Se abrazó a sí misma, tratando de calmarse, pero los recuerdos de su pasado la asaltaron. Pensó en Javier, en cómo la había abandonado sin explicación. El dolor seguía allí, latente, y ahora temía volver a pasar por lo mismo.—¿Por qué es tan difícil? —murmuró, su voz apenas un susurro. —Ezra es guapo, inteligente y parece preocuparse por mí… pero no puedo permitir que entre en mi corazón. No otra vez.Cataleya se secó las lágrimas, intentando recuperar la compostura. —No pue

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