Se connecterAna creía estar construyendo el futuro perfecto. Era una estudiante dedicada, trabajaba en un proyecto capaz de garantizarle la oportunidad profesional de sus sueños y confiaba plenamente en su novio y en su hermana. Hasta que regresó antes de tiempo y los encontró juntos en la cama. La traición escondía algo todavía peor: Lucas solo se acercó a ella para robarle su proyecto, y Alexandra, su propia hermana, lo ayudó. Humillada, abandonada por su familia y sin un lugar adonde ir, Ana termina en un bar, donde conoce a David Beckman, un poderoso multimillonario marcado por la muerte de su esposa. Lo que debería haber sido una única noche de escape se convierte en algo imposible de olvidar. Ana desaparece antes de que David despierte, dejando solamente una nota y a un hombre completamente obsesionado con encontrarla. Días después, sin dinero y necesitando empezar de nuevo, Ana acepta trabajar como niñera en una lujosa mansión de Nueva York. Sin embargo, su nuevo jefe es exactamente el hombre de aquella noche. Ahora, viviendo bajo el mismo techo, Ana deberá cuidar de Sophie, la reservada hija de David, resistirse a la atracción que todavía siente y enfrentarse a Lídia, la mujer elegida para convertirse en la esposa de él mediante un acuerdo millonario. Pero David ya tomó una decisión: Ana no es solo la niñera de su hija. Es la mujer que lo devolvió a la vida, la obsesión que no pudo olvidar y la única persona a la que no está dispuesto a perder. Esta vez, no permitirá que vuelva a escapar.
Voir plusDavid Permanezco sentado en la terraza de la casa del lago después de que Ana sube a su habitación para organizar algunos documentos de la universidad. Confieso que preferiría pasar el resto del día con ella, pero sé que necesita resolver sus problemas y no quiero que piense que voy a interferir en cada decisión que tome. Además, Sophie está jugando con Margaret en el jardín, así que aprovecho unos minutos de tranquilidad para revisar los mensajes que Tiago me envió durante la mañana.Entre los correos de la empresa y algunos documentos pendientes, encuentro una actualización de los abogados sobre el acuerdo matrimonial con la familia de Lídia. Su padre ha realizado inversiones importantes contando con nuestra futura unión, y existen varios negocios relacionados con aquel compromiso. Sin embargo, nada de eso cambia mi decisión. No voy a casarme con Lídia, aunque tenga que asumir personalmente las consecuencias financieras de cancelar las negociaciones.Durante mucho tiempo creí que a
David Ana no regresó al comedor. Esperé durante algunos minutos, intentando prestar atención a Sophie mientras me explicaba que quería caminar cerca del lago después del desayuno. Respondí en los momentos adecuados, pero mi mirada volvía una y otra vez hacia la puerta de cristal por la que Ana había salido. La llamada la había alterado. Lo vi en la rigidez de sus hombros, en la forma en que apretó el teléfono y en la lágrima que intentó ocultarme. Quería saber quién había conseguido lastimarla desde tantos kilómetros de distancia. Quería un nombre, una dirección y un motivo. Pero Ana todavía no confiaba lo suficiente en mí para entregarme ninguna de esas cosas. Y aquello me irritaba más de lo que debería. No porque creyera tener derecho a invadir todos sus secretos. Me irritaba porque alguien estaba haciéndola sufrir y yo permanecía sentado, sin saber contra quién debía actuar. Mi teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Tiago. “El nuevo código de acceso de la casa d
DavidAna no regresó al comedor.Esperé durante algunos minutos, intentando prestar atención a Sophie mientras me explicaba que quería caminar cerca del lago después del desayuno. Respondí en los momentos adecuados, pero mi mirada volvía una y otra vez hacia la puerta de cristal por la que Ana había salido.La llamada la había alterado.Lo vi en la rigidez de sus hombros, en la forma en que apretó el teléfono y en la lágrima que intentó ocultarme. Quería saber quién había conseguido lastimarla desde tantos kilómetros de distancia. Quería un nombre, una dirección y un motivo.Pero Ana todavía no confiaba lo suficiente en mí para entregarme ninguna de esas cosas.Y aquello me irritaba más de lo que debería.No porque creyera tener derecho a invadir todos sus secretos. Me irritaba porque alguien estaba haciéndola sufrir y yo permanecía sentado, sin saber contra quién debía actuar.Mi teléfono vibró sobre la mesa.Era un mensaje de Tiago.“El nuevo código de acceso de la casa del lago ya
SamanthaEstaba en casa intentando poner un poco de orden en mi vida cuando el timbre comenzó a sonar sin parar.No era el toque normal y educado de alguien dispuesto a esperar. Era insistente, irritante y casi agresivo. La persona del otro lado parecía querer arrancar la puerta de su sitio con solo mantener el dedo sobre el botón. Dejé la computadora portátil sobre la mesa, respiré hondo y caminé hasta la entrada con la poca paciencia que me quedaba.Cuando miré por la mirilla, puse los ojos en blanco.Alexandra y Lucas.Los dos estaban en el pasillo de mi edificio con la expresión de quienes acababan de perder el control de su propia vida. Lucas llevaba una camisa arrugada, tenía el cabello desordenado y el rostro marcado por la desesperación. Parecía no haber dormido bien en varios días. Alexandra, en cambio, estaba furiosa. No triste ni arrepentida. Furiosa. Como si el mundo hubiera cometido una injusticia imperdonable contra ella.Abrí la puerta solo lo suficiente para poder mira












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