LOGINSemanas atrás, aprovechando la rutina de limpieza y su fachada de hija sumisa e invisible, había instalado un diminuto transmisor de escucha en el reverso de la mesa de noche de la habitación principal.En la pantalla del dispositivo, las ondas de frecuencia oscilaban en verde, al ajustar el volumen, la voz de Edmundo y el siseo manipulador de Pamela resonaron con una nitidez muy aterradora.—Edmundo, me prometiste que compensarías a Cecille por obligarla a esconder que eres su verdadero padre... —exigía la voz de Pamela en la privacidad de su habitación.—Pam, sabes que Cecille es mi verdadera sangre y jamás voy a desampararla —respondió Edmundo con un tono de devoción que Vanessa jamás, en toda su vida, le había escuchado utilizar— Siempre se lo he dado todo y no pienso faltar a mi promesa, pero necesito que controle sus berrinches hasta que cerremos el asunto con Morgana.A Vanessa se le congeló la respiración, sus dedos temblaron ligeramente porque ahí estaba la respuesta y todo e
Edmundo no podía conciliar el sueño esa noche, aunque ya había tomado las medidas necesarias para neutralizar a la nueva jueza del caso, la inquietud no lo abandonaba. Desde que se enteró de la demanda interpuesta por Morgana, no conocía la paz; su consumo de alcohol y cigarrillos se había vuelto incontrolable.Para colmo de males, Don Guillermo no paraba de presionarlo, pues su analista financiero no estaba muy complacido con las irregularidades detectadas en la información contable que le había entregado.—En serio, Pam … comienzo a desear quedarme huérfano de una vez—murmuró Edmundo, presionándose la sien con fuerza debido a la punzante resaca.Pamela a su lado, le entregó una compresa de hielo y se posicionó tras él para darle un masaje pausado en los hombros.—Si sabes que eso sería absurdamente fácil ¿Verdad? —Siseó Pamela con voz sugerente—Tu padre vive en una hacienda aislada y sus empleados responden al dinero, además, eres su único hijo.—¿Y qué pasa si en su testamento deci
Esa misma noche, Cecille se atrincheró en su habitación para ejecutar la contención de daños por la devastadora publicación de @EcosDeLaElite, respaldada por las tácticas del experto recomendado por su madre.—Vamos a ver qué haces ahora, @EcosDeLaElite —se jactó Cecille frente a la pantalla iluminada de su teléfono, esbozando una sonrisa arrogante.Al otro lado de la línea, el especialista trabajaba con precisión, en cuestión de minutos, se desplegaron las cuentas bot con perfiles verificados y antigüedad simulada para inundar la sección de comentarios con mensajes positivos, desviando la conversación hacia la filantropía y el estilo de vida de Cecille.Paralelamente, ejecutó una maniobra de shadow banning masivo: un ejército de usuarios falsos reportó simultáneamente las respuestas más destructivas de la cuenta anónima por “acoso”, logrando que los algoritmos de la plataforma ocultaran temporalmente los hilos más virales y desplazaran el hashtag fuera de las tendencias regionales.C
Elías se acercó y la estrechó entre sus brazos, Morgana se lo devolvió con una fuerza que lo sorprendió; era evidente el peso de la preocupación que llevaba a cuestas, aunque se negara rotundamente a exteriorizarlo.—No tengas miedo— le susurró Elías al oído, con una ternura contenida que reservaba únicamente para ella.En ese cálido lugar, la frialdad de las leyes, el peso del contrato perdido y la amenaza de Edmundo se disolvieron por completo al entrar a la habitación. Sobre la cama, Morgana y Elías hicieron el amor con una entrega casi voraz; una necesidad mutua y urgente de aferrarse a la vida tras la violencia del día.Tiempo después, descansaban abrazados en la penumbra, escuchando el sonido acompasado de sus respiraciones.—¿Sueles dar este tipo de servicio a tus demás clientas? —murmuró Morgana con una sonrisa pícara, rompiendo la quietud.Elías se inclinó sobre ella, selló sus labios con un beso pausado y, al separarse, la contempló con una calidez transparente, casi inédita
El zumbido del teléfono de Morgana rompió el silencio del loft pasadas las once de la noche, en la pantalla de las cámaras de seguridad, observó el sedán negro de Elías avanzaba a baja velocidad por el camino de tierra, apagando los faros principales metros antes de llegar a la puerta de acceso.—Estoy afuera —dijo la voz grave al otro lado de la línea.Morgana guardó el arma en la pretina posterior de su pantalón, cubierta por un suéter holgado, y caminó hacia la entrada principal.Al abrir la puerta, la brisa fría se filtró en la estancia junto con la figura impecable de Elías, a pesar de que llevaba la corbata ligeramente aflojada y los ojos denotaban el peso de un día agotador, su postura erguida no cedía ni un milímetro.Antes de cruzar el umbral, Elías observó el perímetro oscuro con una mirada rápida y metódica.—Entra —dijo Morgana en voz baja, cerrando la puerta y asegurando con los pasadores.Elías caminó hacia el centro del loft, observando de reojo el monitor donde parpade
En el último piso de la torre ejecutiva de la firma contable, Edmundo fumaba un cigarrillo frente al ventanal de piso a techo, contemplando la ciudad con la mirada fija y una expresión de pausado triunfo. Sentía que dominaba la situación por completo.Poco después el teléfono que se encontraba sobre el escritorio de caoba emitió un zumbido discreto. Edmundo accionó el altavoz mientras tomaba un sorbo de su taza de café.—Solano —dijo con voz grave y pausada.—Señor Solano, habla Vallenilla, de Corporación Arcos —dijo la voz al otro lado, cargada de una sumisión incómoda— Solo para confirmarle que acabo de hablar con el jefe de Morgana. El contrato de identidad corporativa ha sido cancelado de inmediato y no volveremos a contratar sus servicios.Edmundo esbozó una sonrisa lenta, satisfecho con la precisión del golpe.—Aprecio mucho su cooperación, Roberto —respondió, haciendo girar los hielos en el vaso—Le aseguro que la junta directiva de su corporación verá recompensada esta muestra







