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Capítulo 45: Resistencia Incalculable

Author: @Maryurisve
last update publish date: 2026-10-10 20:37:33

Elías se acercó y la estrechó entre sus brazos, Morgana se lo devolvió con una fuerza que lo sorprendió; era evidente el peso de la preocupación que llevaba a cuestas, aunque se negara rotundamente a exteriorizarlo.

—No tengas miedo— le susurró Elías al oído, con una ternura contenida que reservaba únicamente para ella.

En ese cálido lugar, la frialdad de las leyes, el peso del contrato perdido y la amenaza de Edmundo se disolvieron por completo al entrar a la habitación. Sobre la cama, Morgana
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    Elías se acercó y la estrechó entre sus brazos, Morgana se lo devolvió con una fuerza que lo sorprendió; era evidente el peso de la preocupación que llevaba a cuestas, aunque se negara rotundamente a exteriorizarlo.—No tengas miedo— le susurró Elías al oído, con una ternura contenida que reservaba únicamente para ella.En ese cálido lugar, la frialdad de las leyes, el peso del contrato perdido y la amenaza de Edmundo se disolvieron por completo al entrar a la habitación. Sobre la cama, Morgana y Elías hicieron el amor con una entrega casi voraz; una necesidad mutua y urgente de aferrarse a la vida tras la violencia del día.Tiempo después, descansaban abrazados en la penumbra, escuchando el sonido acompasado de sus respiraciones.—¿Sueles dar este tipo de servicio a tus demás clientas? —murmuró Morgana con una sonrisa pícara, rompiendo la quietud.Elías se inclinó sobre ella, selló sus labios con un beso pausado y, al separarse, la contempló con una calidez transparente, casi inédita

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    El zumbido del teléfono de Morgana rompió el silencio del loft pasadas las once de la noche, en la pantalla de las cámaras de seguridad, observó el sedán negro de Elías avanzaba a baja velocidad por el camino de tierra, apagando los faros principales metros antes de llegar a la puerta de acceso.—Estoy afuera —dijo la voz grave al otro lado de la línea.Morgana guardó el arma en la pretina posterior de su pantalón, cubierta por un suéter holgado, y caminó hacia la entrada principal.Al abrir la puerta, la brisa fría se filtró en la estancia junto con la figura impecable de Elías, a pesar de que llevaba la corbata ligeramente aflojada y los ojos denotaban el peso de un día agotador, su postura erguida no cedía ni un milímetro.Antes de cruzar el umbral, Elías observó el perímetro oscuro con una mirada rápida y metódica.—Entra —dijo Morgana en voz baja, cerrando la puerta y asegurando con los pasadores.Elías caminó hacia el centro del loft, observando de reojo el monitor donde parpade

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    En el último piso de la torre ejecutiva de la firma contable, Edmundo fumaba un cigarrillo frente al ventanal de piso a techo, contemplando la ciudad con la mirada fija y una expresión de pausado triunfo. Sentía que dominaba la situación por completo.Poco después el teléfono que se encontraba sobre el escritorio de caoba emitió un zumbido discreto. Edmundo accionó el altavoz mientras tomaba un sorbo de su taza de café.—Solano —dijo con voz grave y pausada.—Señor Solano, habla Vallenilla, de Corporación Arcos —dijo la voz al otro lado, cargada de una sumisión incómoda— Solo para confirmarle que acabo de hablar con el jefe de Morgana. El contrato de identidad corporativa ha sido cancelado de inmediato y no volveremos a contratar sus servicios.Edmundo esbozó una sonrisa lenta, satisfecho con la precisión del golpe.—Aprecio mucho su cooperación, Roberto —respondió, haciendo girar los hielos en el vaso—Le aseguro que la junta directiva de su corporación verá recompensada esta muestra

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    En su loft Morgana continuaba trabajando, se distrajo un momento para observar por los grandes ventanales, tenía los auriculares puestos mientras bebía un sorbo de su latte, pulía los detalles finales del manual de identidad visual para Corporación Arcos, su cliente más importante y la cuenta que financiaba más de la mitad de los costos operativos de su oficina en la ciudad sin comprometer sus ahorros.El trabajo era impecable, había dedicado varias semanas haciendo bocetos, seleccionando tipografías, haciendo ajustes cromáticos para lograr una marca sobria y vanguardista, se apresuraba porque tenía una reunión virtual para la entrega final programada para esa misma tarde.El teléfono de trabajo zumbó sobre la mesa de madera, y en la pantalla parpadeó el nombre de Edgar Vargas, su jefe inmediato.Morgana sonrió, porque tenía una buena relación con su supervisor, se retiró los auriculares y atendió con la calidez impecable que la caracterizaba.—Edgar, buenos días. Justo estaba exporta

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    Elías, desde su vehículo monitoreaba el progreso de la demanda de Morgana en contra de Edmundo, por sus contactos en el tribunal ya sabía que la nueva jueza había recibido el expediente.Tomó su teléfono nuevamente e hizo una llamada a Rivas, para darle una nueva instrucción.—La jueza acaba de firmar el decreto de congelación de bienes tras la admisión de la recusación del juez Mendoza —dijo Elías, clavando la mirada en la penumbra del estacionamiento.—Este es un momento muy complicado doctor—admitió Rivas.Elías estuvo de acuerdo porque era una verdad innegable, Edmundo al verse acorralado actuaría con desenfreno.—Nadie sabe dónde estoy y así debe mantenerse por las próximas horas, no voy a comprometer la ubicación de Morgana, cuando la seguridad esté desplegada y la zona limpia, iré a verla personalmente.—Cuídese, doctor Cuervo.Elías cortó la llamada, dejó reposar el teléfono sobre la consola central, recostó la cabeza contra el asiento y cerró los ojos un instante. La incertid

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