LOGINLa luz del sol alumbraba de forma deslumbrante la torre ejecutiva donde operaba la firma contable Solano & Asociados. Edmundo descendió del vehículo con la barbilla en alto, acomodándose la corbata de seda con un ademán de perfecta compostura. Tras la tensión de la noche anterior y el fracaso de sus matones en el túnel, la notificación del diferimiento judicial de setenta y dos horas firmado por la jueza Elena Rojas había actuado sobre él como un bálsamo reconfortante."Una simple anciana asustada", pensó con una sonrisa amarga y satisfecha mientras cruzaba el vestíbulo privado. Bastó una flor de luto y la fotografía de su nieta para recordarle a la justicia quién mantenía el verdadero control en esa ciudad. Elías Cuervo podía ser un abogado brillante, pero se había estrellado contra el muro de la realidad: en el fuero mercantil, el poder y la intimidación siempre dictaban la última palabra.Al salir del ascensor en el piso de la dirección general, los empleados se apresuraron a salud
Eran las ocho y quince de la mañana cuando la jueza Elena Rojas cruzó el pasillo privado hacia su despacho en el Palacio de Justicia, tras asumir la causa de Morgana Viera ante el intempestivo reposo de la jueza Salazar y la recusación del juez Mendoza, Elena sabía que tenía sobre sus hombros un expediente muy complicado.Con más de tres décadas de impecable ejercicio en el tribunal mercantil, su reputación de mujer inquebrantable precedía cada una de sus sentencias. Se acomodó las solapas de su abrigo, sacó la llave de su bolso y abrió la puerta de su oficina.Y al encender la luz, se detuvo en seco, porque sobre el escritorio reposaba la carpeta del expediente Viera vs. Solano, y en el centro reposaba un objeto ajeno, una fotografía reciente de su nieta de siete años sonriendo en el patio de su escuela del día de ayer.Al lado de la foto, descansaba un crisantemo blanco y una nota mecanografiada:"La justicia requiere la sabiduría del tiempo, su señoría. Un paso apresurado antes del
Semanas atrás, aprovechando la rutina de limpieza y su fachada de hija sumisa e invisible, había instalado un diminuto transmisor de escucha en el reverso de la mesa de noche de la habitación principal.En la pantalla del dispositivo, las ondas de frecuencia oscilaban en verde, al ajustar el volumen, la voz de Edmundo y el siseo manipulador de Pamela resonaron con una nitidez muy aterradora.—Edmundo, me prometiste que compensarías a Cecille por obligarla a esconder que eres su verdadero padre... —exigía la voz de Pamela en la privacidad de su habitación.—Pam, sabes que Cecille es mi verdadera sangre y jamás voy a desampararla —respondió Edmundo con un tono de devoción que Vanessa jamás, en toda su vida, le había escuchado utilizar— Siempre se lo he dado todo y no pienso faltar a mi promesa, pero necesito que controle sus berrinches hasta que cerremos el asunto con Morgana.A Vanessa se le congeló la respiración, sus dedos temblaron ligeramente porque ahí estaba la respuesta y todo e
Edmundo no podía conciliar el sueño esa noche, aunque ya había tomado las medidas necesarias para neutralizar a la nueva jueza del caso, la inquietud no lo abandonaba. Desde que se enteró de la demanda interpuesta por Morgana, no conocía la paz; su consumo de alcohol y cigarrillos se había vuelto incontrolable.Para colmo de males, Don Guillermo no paraba de presionarlo, pues su analista financiero no estaba muy complacido con las irregularidades detectadas en la información contable que le había entregado.—En serio, Pam … comienzo a desear quedarme huérfano de una vez—murmuró Edmundo, presionándose la sien con fuerza debido a la punzante resaca.Pamela a su lado, le entregó una compresa de hielo y se posicionó tras él para darle un masaje pausado en los hombros.—Si sabes que eso sería absurdamente fácil ¿Verdad? —Siseó Pamela con voz sugerente—Tu padre vive en una hacienda aislada y sus empleados responden al dinero, además, eres su único hijo.—¿Y qué pasa si en su testamento deci
Esa misma noche, Cecille se atrincheró en su habitación para ejecutar la contención de daños por la devastadora publicación de @EcosDeLaElite, respaldada por las tácticas del experto recomendado por su madre.—Vamos a ver qué haces ahora, @EcosDeLaElite —se jactó Cecille frente a la pantalla iluminada de su teléfono, esbozando una sonrisa arrogante.Al otro lado de la línea, el especialista trabajaba con precisión, en cuestión de minutos, se desplegaron las cuentas bot con perfiles verificados y antigüedad simulada para inundar la sección de comentarios con mensajes positivos, desviando la conversación hacia la filantropía y el estilo de vida de Cecille.Paralelamente, ejecutó una maniobra de shadow banning masivo: un ejército de usuarios falsos reportó simultáneamente las respuestas más destructivas de la cuenta anónima por “acoso”, logrando que los algoritmos de la plataforma ocultaran temporalmente los hilos más virales y desplazaran el hashtag fuera de las tendencias regionales.C
Elías se acercó y la estrechó entre sus brazos, Morgana se lo devolvió con una fuerza que lo sorprendió; era evidente el peso de la preocupación que llevaba a cuestas, aunque se negara rotundamente a exteriorizarlo.—No tengas miedo— le susurró Elías al oído, con una ternura contenida que reservaba únicamente para ella.En ese cálido lugar, la frialdad de las leyes, el peso del contrato perdido y la amenaza de Edmundo se disolvieron por completo al entrar a la habitación. Sobre la cama, Morgana y Elías hicieron el amor con una entrega casi voraz; una necesidad mutua y urgente de aferrarse a la vida tras la violencia del día.Tiempo después, descansaban abrazados en la penumbra, escuchando el sonido acompasado de sus respiraciones.—¿Sueles dar este tipo de servicio a tus demás clientas? —murmuró Morgana con una sonrisa pícara, rompiendo la quietud.Elías se inclinó sobre ella, selló sus labios con un beso pausado y, al separarse, la contempló con una calidez transparente, casi inédita







