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Silencios incomodos I.

last update Fecha de publicación: 2026-05-21 10:07:41

POV Dylan

Mientras el socio estuvo ahí siempre existía algo que romper: un comentario fuera de lugar, una broma absurda, una provocación lo suficientemente ridícula para distraernos. Pero ahora no quedaba nada entre nosotros excepto esa tensión insoportable que ya no sabía cómo manejar sin terminar pensando demasiado.

Ya no regrese a la mesa donde había estado cenando con el socio.

Lo que hice fue sentarme frente a Diddier pedirle al camarero que me sirviera otra copa del vino que había estado
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Último capítulo

  • El castigo del Señor D.   Una terrible mala idea.

    POV DylanSilvia tenía razón.Odiaba admitirlo.Lo odiaba con la intensidad de una protagonista que acaba de tomar exactamente la decisión que juró no tomar.Pero tenía razón en lo que me había dicho el día anterior antes de marcharse.Enredarse con mi jefe era una mala idea. Tanto laboral como de manera creativa.Una idea tan espectacularmente cuestionable que probablemente debería venir acompañada de una advertencia legal y un terapeuta de guardia.Por eso, mientras caminaba hacia la oficina aquella mañana, ya había tomado una decisión.Iba a recuperar distancia.Profesionalismo.Dignidad.Especialmente dignidad.Porque hace dos noches atrás había dejado demasiadas cosas peligrosamente cerca de la superficie.No iba a pensar en la lluvia.No iba a pensar en el ascensor.No iba a pensar en la forma en que Diddier me había mirado antes de marcharse.Mucho menos iba a pensar en lo cómodo que había resultado simplemente hablar con él.Definitivamente no.Entré al edificio sintiéndome ba

  • El castigo del Señor D.   Don't worry, be happy.

    POV DiddierJamás pensé extrañar a nadie.No obstante, aquella mañana me descubrí perdiéndome por momentos observando el espacio vacío donde normalmente estaba mi asistente. Hasta entonces no me había dado cuenta de que existía un día a la semana en el que Dylan no estaba a mi lado.Lo descubrí exactamente a las nueve y cuarenta y dos de la mañana.Después de dos años trabajando juntos.Llevaba quince minutos esperando que apareciera con café, una agenda perfectamente organizada y esa calma impecable que normalmente mantenía mi oficina funcionando como un reloj suizo.No apareció.Y, aparentemente, mi cerebro decidió reaccionar como si hubiera desaparecido del planeta.—Diddier.Parpadeé lentamente.Clara seguía de pie frente al escritorio sosteniendo una carpeta mientras me observaba con la misma expresión que usaba antes de burlarse de mí.Mala señal.—Te pregunté tres veces si querías mover la reunión con los japoneses.Miré la agenda abierta frente a mí.Después a ella.Luego otra

  • El castigo del Señor D.   ¿Quién es tu misterioso amante?

    POV Dylan.Mi día de descanso duró exactamente cuarenta y tres minutos.Cuarenta y tres gloriosos minutos de silencio, café caliente y negación afectiva funcional antes de que alguien empezara a golpear mi puerta como si viniera a cobrarme impuestos o a practicarme un exorcismo.Considerando mis últimas decisiones, cualquiera de las dos opciones era válida.Solté un suspiro mientras dejaba la taza sobre la barra de la cocina.Todavía llevaba una camiseta enorme y el cabello recogido de forma sospechosamente improvisada. Mi departamento olía a café recién hecho… y vagamente al perfume de Diddier.No pensé en eso.Me negué activamente a pensar en eso.Los golpes volvieron.—¡Dylan! ¡Sé que estás viva porque contestaste un meme hace veinte minutos!Silvia.Claro.Abrí la puerta apenas.Error.Porque Silvia me observó exactamente tres segundos antes de entrecerrar los ojos como una detective sentimental oliendo sangre.—¿Qué hiciste anoche?Mi corazón tropezó de forma ofensiva.—Buenos d

  • El castigo del Señor D.   25. ¿Quiere subir?

    POV DylanNos quedamos solos después de que el socio desapareció finalmente del restaurante.Y, contra toda lógica, eso empeoró todo.Mientras él estuvo ahí, el caos tenía ritmo. Interrupciones. Sarcasmo. Algo que rompía la tensión cada pocos minutos antes de que se volviera insoportable.Ahora no.Ahora solo quedábamos Diddier y yo sentados frente a frente en una mesa demasiado pequeña para todo lo que estaba pasando entre nosotros.La lluvia seguía golpeando suavemente los ventanales del restaurante. Afuera, la ciudad brillaba húmeda y borrosa bajo las luces nocturnas. Adentro, el personal empezaba a recoger mesas con esa discreción elegante que usan los lugares caros para decirte que ya deberías irte sin tener que expulsarte directamente.Ninguno parecía especialmente dispuesto a moverse.Definitivamente no era buena señal.Jugué distraídamente con la servilleta entre mis dedos mientras evitaba mirar a Diddier demasiado tiempo seguido.Otra decisión sospechosa.Cuanto más intentaba

  • El castigo del Señor D.   Silencios incomodos II.

    POV Dylan.—No puede despedir a un inversionista internacional porque nos descubrió emocionalmente incompetentes.—Puedo intentarlo.La imagen mental de Diddier redactando motivos corporativos para justificar aquello fue tan absurda que tuve que cubrirme la boca para no reír más fuerte.Él me observó en silencio mientras intentaba recomponerme.Lo extraño fue otra cosa.La manera en que su expresión cambió apenas al verme reír.No fue deseo.O no solamente eso.Había algo más tranquilo debajo de toda esa tensión. Algo vulnerable, casi desarmado, como si mi risa hubiera bajado una guardia que él mismo no sabía que seguía sosteniendo.—¿Qué? —pregunté al notar que seguía mirándome.Diddier tardó un segundo demasiado largo en responder.—Nada.No le creí ni un poco.Entrecerré los ojos.—Está haciendo esa cosa.—¿Qué cosa?—Pensar demasiado y decir muy poco.La esquina de su boca se movió apenas.—Es una habilidad útil.—No conmigo.La conversación murió unos segundos, aunque esta vez la

  • El castigo del Señor D.   Silencios incomodos I.

    POV DylanMientras el socio estuvo ahí siempre existía algo que romper: un comentario fuera de lugar, una broma absurda, una provocación lo suficientemente ridícula para distraernos. Pero ahora no quedaba nada entre nosotros excepto esa tensión insoportable que ya no sabía cómo manejar sin terminar pensando demasiado.Ya no regrese a la mesa donde había estado cenando con el socio.Lo que hice fue sentarme frente a Diddier pedirle al camarero que me sirviera otra copa del vino que había estado tomando.El camarero no tardó mucho en llevarme la copa con la cual empecé a jugar.Mala idea.El pequeño movimiento de la copa solo consiguió volverme más consciente de que Diddier seguía observándome.No de forma agresiva.Ni dominante.Solo fija.Atenta.Como si estuviera intentando resolver algo que todavía no terminaba de entender.Levanté la vista al final.—Esto es raro.La esquina de su boca se movió apenas.—Bastante.—¿Y aun así sigue aquí?—Usted también.Touché.Aparté la mirada haci

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