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CAPÍTULO 10

Penulis: Newt writes
last update Tanggal publikasi: 2026-10-08 17:32:44

—Vale, vale, vale. Te echo de menos, y lo que pasó en el ascensor fue un error, algo del momento nada más —mintió Crescent por teléfono.

Fue un mal movimiento, porque los gemelos sabían que lo había disfrutado más que nada en el mundo y que solo intentaba mentir para taparlo. Por mucho que negara su atracción hacia sus jefes, sabían que los anhelaba. Así que juraron romper su firme resistencia y conseguir que se enamorara de ellos con locura.

—Ya, claro. Lo que te ayude a dormir por las noches
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  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 21

    «Lo mataré si lo vuelvo a ver cerca de ti, pequeña». Las palabras de Lucian se entremezclaron con los besos, y Crescent jadeó en busca de aire, pero no duró mucho, porque Lucius volvió a apoderarse de su boca.«Eres nuestra. Solo nuestra. Cada caricia, cada sonrisa, cada beso nos pertenece, y no compartimos lo que es nuestro. Nadie te arrebatará de nuestro lado. ¿Me oyes, princesa?».Su pecho se agitaba. Parpadeó para despejar la niebla que tenía en la cabeza, mareada y aturdida.Oírlo le provocó algo. El calor se acumuló en lo más bajo, húmedo, y gimió, ansiando atención. Dios, era una pervertida. Estaban allí de pie reclamándola, regañándola, amenazándola, y ella se excitaba con cada palabra. Estaba perdida, y lo sabía. Sin pensárselo dos veces, apretó sus labios contra los de Lucius y lo besó con todas sus fuerzas. Él respondió agarrándole el culo con fuerza. Lucian se abalanzó sobre su cuello, chupándolo con toda la intención de dejarle una marca, mientras sus manos le amasaban lo

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 20

    —No me hagas repetirme otra vez, Crescent —advirtió Lucius, caminando furioso hacia ellos con la mirada clavada en Xavier.Crescent deseó desesperadamente que apareciera su hada madrina y se la llevara volando a cualquier sitio lejos de su inminente ira.—Solo estábamos hablando, y la última vez que lo comprobé, en este país hay libertad de expresión —replicó Xavier con descaro.*Madre mía, está muerto si no consigo que cierre la boca,* pensó Crescent frenética.Lucius tenía una expresión asesina, con las cejas temblándole y una vena palpitándole a la vista en el cuello, antes de que su mirada volviera de golpe a Crescent. Entonces recordó su escalofriante amenaza del almuerzo del día anterior: *«Si veo a algún chico a tu alrededor, juro por Dios que lo mato solo por mirarte, no digamos ya por tocarte».*Crescent ya podía imaginar un millón de formas horribles en que podría descuartizar a Xavier, que, por alguna razón, no parecía inmutarse en lo más mínimo ante sus miradas mortales. A

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 19

    Los tres amigos estaban sentados en su mesa favorita, cotilleando de todo un poco mientras comían contentos. Para Crescent era un alivio estar lejos de sus jefes gemelos, que andaban ocupados con llamadas. Se había escabullido de su despacho, segura de que le cortarían las orejas al volver, pero por suerte la reunión de la mañana se había aplazado hasta la tarde.Crescent se aclaró la garganta.—Maddy, en una sola frase, ¿puedes explicar qué pasó ayer por la mañana y cómo nos dejaste plantados en el almuerzo por los jefes? —movió las cejas con burla hacia su amiga.—Eh, no pasó gran cosa. Vine a trabajar como todos vosotros y me arrastraron a comer por la fuerza —se encogió de hombros Crescent, sorbiendo su zumo de naranja.—O sea, que sales por casualidad de su coche de la mano, como si fuerais amantes o estuvierais en una relación a tres, y encima comes con ellos al mediodía. Vaya, qué tópico —dijo Pascal, boquiabierto, mirándola con sospecha.—¡Eh, eh, eh! Antes de que me devoréis

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 18

    ¿Por qué tenía que ser siempre tan controlador, con su elegante traje gris de Armani a juego con la corbata y los zapatos azul marino? Crescent juraba que lo odiaba con toda su alma, sobre todo esa estúpida expresión que Lucian llevaba plantada en su sexi cara.*Espera, se supone que estoy enfadada, no que los esté repasando. Crescent, concéntrate,* se dio una bofetada mental.—Vale, pero solo porque tengo hambre... Además, no creo que sea prudente tener tanta confianza con vuestra asistente.—Me alegra que hayas dicho *nuestra* asistente, nena, así que eres asunto nuestro y de nadie más. Ahora ven aquí antes de que pierda la paciencia y te castigue.Crescent sintió que hacía el camino de la vergüenza, sabiendo que no podía ganarles la discusión. Lucian la arrastró despacio hacia el centro de la sala mientras los dos hermanos se levantaban y se quitaban las chaquetas del traje, marcando sus bellos músculos con sonrisas diabólicas.*Madre mía, creo que estoy babeando.*—O sea, que pase

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 17

    Solo pensar en su fin de semana con los gemelos era increíble. Sorprendentemente, habían cumplido su palabra, aunque eso no significaba que se hubieran privado de robarle besos y de provocarla sin parar, dejándola toda acalorada y alterada.Cuando Crescent despertó, fueron de compras a pesar de sus quejas, que cayeron en saco roto, y después pararon en el centro comercial a por su helado de chocolate favorito. Nunca había sabido que fueran *tan* famosos, con un enjambre de paparazzi pisándoles los talones, pero por suerte sus disfraces la salvaron de acabar en una de esas revistas de cotilleo.Por desgracia, después del trabajo de hoy Crescent volvería a la realidad sin ellos. Pero no pensaba dejar que notaran que había cedido. La experiencia es la mejor maestra, y desde luego no quería darle la razón a ese dicho. Así que ahí estaba, sentada justo entre los gemelos mientras iban de camino al trabajo. ¡Ja! La broma les había salido al revés, ya que no la perdían de vista ni un segundo,

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 16

    Lucius observó cómo Crescent se sentaba con las piernas cruzadas, la cara sonrojada y el pelo revuelto, jugueteando con los dedos y evitando mirarlos a los ojos. De pronto, estalló en carcajadas.—Qué hermosa estás cuando estás confundida y excitada.Ella se puso roja como un tomate y escondió la cara en el hueco del cuello de Lucian, justo cuando su estómago soltó un rugido fuerte y frenético.—Ven, nena —dijo Lucian, ayudándola a levantarse—. Vamos a darte algo de comer y a saciar a esa ballena moribunda que llevas dentro.—Perdona que nos hayamos distraído y nos hayamos olvidado del desayuno que te preparamos —añadió Lucius, poniéndole delante un plato lleno de tostadas, una tortilla y beicon, junto con un vaso de zumo de manzana.Ella les regaló una sonrisa letal, de esas que devolverían a alguien a la vida.—No pasa nada, lo entiendo.Le dieron espacio para que estuviera cómoda y se sentaron en el extremo opuesto de la isla para observar lo nerviosa que parecía. La vieron comer c

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