INICIAR SESIÓNMeses después del intento de ritual donde Henry pretendía romper el vínculo y luego deshacerse del bebé híbrido de Lia, la paz se había asentado sobre el bosque, una calma profunda labrada en la sangre de todos aquellos licántropos y vampiros que perecieron protegiendo a su Luna, a su reina, y al heredero de ambos clanes.La rendición de los cazadores había sido total tras la caída de Henry, el último pilar de un odio ancestral contra los vampiros y los licántropos. La alianza entre ambos clanes se había vuelto inquebrantable y la cabaña, reconstruida y ampliada, ya no era una trinchera, sino un hogar.Eran las horas muertas de la noche, el velo negro del bosque se alzaba sobre el cristal de la ventana. Lia estaba apoyada en el marco que daba a la sala, mirando en silencio la reconfortante escena. El fuego de la chimenea se había reducido a un rescoldo carmesí, en el sofá frente a su calor dormía Cassian que, incluso descansando, su cuerpo alto y esbelto imponía un aura fuerte y pode
Lia despertó con el repiqueteo incesante de gotas de agua en la piedra fría. Estaba en una cámara subterránea, húmeda y vasta, anclada a una columna de roca por cuerdas ásperas que le cortaban la piel. El aire era pesado, una mezcla terrosa con incienso y la espesa esencia de la magia ancestral.—Despertaste justo a tiempo, hija —dijo una voz áspera y profunda, que resonó en el silencio de la catacumba.—Padre —siseó Lia, tirando inútilmente de las ligaduras. El sonido de su propia voz era un eco de su impotencia.Henry, su padre, se acercó a la luz temblorosa de los candelabros. En su mano, sostenía un cuchillo de obsidiana con un mango tallado con runas antiguas.—Tu traición ha sido juzgada. La hija que crié para ser una cazadora, ahora es la portadora de la ruina —declaró Henry—. Sabes lo que conlleva el nacimiento del híbrido en tu vientre, esa profecía no puede cumplirse. No puedo permitir que traigas esa abominación al mundo y desates el caos.—¡Es mi hijo! ¡Tu nieto! ¡Y mi am
El día había transcurrido con la lentitud engañosa de un reloj de arena, una quietud que no era más que la calma antes de la tormenta. Y Lia lo había presentido, su vientre, la brújula de su terror, se había tensado con cada hora.La rutina, vestida de normalidad, era el único escudo contra la ansiedad. Lia pasó las horas cerca de la ventana. Cassian y Dorian se mantuvieron cerca, aunque el uno entrenaba a su manada y el otro planeaba la defensa, sus miradas regresaban a ella como agujas a un imán.El atardecer cayó sobre el bosque con un manto de fuego y oro, una belleza cruel. La cabaña se inundó de un resplandor melancólico, presagiando el final de otro día y, quizás, el final de su paz.Cuando Cassian y Dorian regresaron, el aire estaba cargado, más pesado que la humedad. Los tres se movieron en la cocina con una sincronía forzada, como si la cena fuera un ritual cuya interrupción desataría el caos.—No me gusta esta quietud —comentó Lia, sintiendo un escalofrío que no fue provoca
Los días habían comenzado a correr con una calma engañosa, como si el bosque mismo contuviera la respiración antes del inminente rugido de la guerra. Los lobos entrenaban desde el amanecer, sus movimientos precisos resonaban como un solo latido en la tierra húmeda. Cassian se movía entre ellos, impartiendo órdenes con voz firme, su figura erguida y poderosa destacando entre la neblina matinal.Lia los observaba desde una de las colinas, rodeada de los niños de la manada que recogían flores silvestres para adornar las cabañas. Sus risas eran un respiro en medio del caos que se avecinaba. Una mujer de rostro sereno se acercó a ella con un ramo de lavandas.—Dicen que traen paz —comentó, colocándolas en sus manos.Lia sonrió, sintiendo la fragancia dulzona elevarse en el aire frío.—La necesitamos —susurró, acariciando las flores con los dedos.Su mirada regresó a Cassian. Los rayos del sol se filtraban entre los árboles y delineaba los músculos de su espalda bajo la camiseta húmeda.D
Los lobos se desvanecieron entre los árboles, sus siluetas fundiéndose con la penumbra del bosque, mientras los hombres que sostenían a la cazadora la llevaban de regreso a su celda.Mientras el silencio volvía a reinar en la quietud del bosque, casi se podía percibir el ruido de los pensamientos de Cassian y Dorian. Había algo en sus miradas que ni siquiera la oscuridad podía disimular. Una mezcla de duda y premonición.—¿Crees que se refería…? —las palabras de Cassian se desvanecieron en la brisa, como si temiera invocar aquello que ambos intuían.—No lo sé —respondió Dorian, girándose hacia él—. Pudo haber encontrado alguna manera de comunicarse con ellos pero, ¿ella cómo podría saberlo?Cassian frunció el ceño. El peso de la noche parecía más denso en ese momento, como si cada respiración costara un poco más.—¿Y si solo jugaba con nosotros?Dorian negó despacio, la mirada perdida en el bosque que se extendía frente a ellos.—No tendría sentido.—Debemos preguntárselo a Lia —decla
Cassian fue el primero en percibir que algo andaba mal con Lia, lo sintió como un tirón en lo más profundo de su pecho, como si algo lo arrancara del sueño ligero en que se mantenía. Dorian lo sintió apenas un instante después, un malestar helado que no le pertenecía. Ambos reaccionaron al unísono, sin necesidad de palabras, y salieron hacia la habitación de Lia encontrándose en el corredor. Ella apenas terminaba de acomodarse de nuevo en la cama, una sonrisa tenue curvó su boca al verlos entrar al mismo tiempo a su habitación. —¿Forjaron una amistad mientras estaba inconsciente? —murmuró con voz ronca por el sueño pero un deje de diversión que fué un respiro para Dorian y Cassian. —Por lo visto no tienes más fiebre —habló Cassian mientras avanzaba hacia ella, Dorian lo siguió y cerró detrás suyo—. Ambos te sentimos, ¿que te sucedió? Cualquier mínimo rastro de diversión en el rostro de Lia se desvaneció lentamente, reflejando en sus ojos cansados un ápice de vulnerabilidad, cuand







