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Mala Alfa

Penulis: Zabel
last update Tanggal publikasi: 2025-11-09 04:57:22

Impactada por ver aquel hombre que la hizo sufrir, no tuvo otra reacción más que la de una cara pálidas, ojos que describen entre su esclerótica el temor que siente y unos labios ligeramente abiertos.

Era tan viejo que su barba alcazaba la altura de su pecho, su barriga cervecera correspondía a la de una mujer con gemelos, y con cuatro meses de gestación.

Su vestimenta era simplemente la de un Noble de bajo nivel, algo tan impropio en él en el poco tiempo que se había dedicado a conocerlo.

Aunq
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  • El favorito de su majestad    Víctimas del Alfa

    Como fue su rayo el que aniquiló aquellas malezas, el color azul de sus ojos desapareció, dejando en la orilla de aquel penetrante plateado un rojo intenso que se apoderó también de su pupila. Las marcas en su brazo resaltaron, dejando al vivo ambas sangres. A su vez, iluminó la mazmorra. Sobre sus cabezas nacieron lenguas de fuego; el alma de la mujer que la cuidó desapareció en un espiral, cayendo sobre la superficie rocosa como una perla vibrante. Horus se levantó de la espalda de la reina, apartándose de su cuerpo.Le extendió su mano, y al tomarla la elevó, ayudándola a levantarse; lo que más llamaba su atención en aquel fragante momento eran las marcas en su brazo, pecho y vientre. Había escuchado viejas leyendas de aquellos patrones; sin embargo, verlos era una maravilla.Ella se soltó cubriendo sus marcas y desviando la mirada a la perla.Se acercó a ella tomándola entre sus dedos; sobre su palma la apreció para luego cerrar la mano ocultando la perla.Horus la ve inquieto,

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    Como estaba previsto en el juego, la primera parte de la búsqueda de aquellas almas era en la mansión de Ivan. Antigua casa de Horus.En su interior, la luz acobijaba la oscuridad, relucía entre la belleza de su vigencia; la noche llamaba con su ambiente gélido, una que el duque recordaba a la perfección.—Su majestad, ¿puedo hacerle una pregunta? —apretó su mano sin apartar los ojos de los ventanales de la casa y su fachada. Una presión abrupta se apodera de su pecho, de su garganta.—Hazla —buscó su mirada. —¿Quién era su madre? —preguntó. —Una sirvienta que no conocí. Horus dio dos pasos hacia adelante, impulsando a la reina hacia la entrada de la mansión. Bajo la explicación de la muerte, las tres muertes se dieron en el mismo lugar, enterradas en el bosque, dejando que sus lamentos los gobiernen. Al tomar las almas, no solo la reina y el duque salieron del inframundo.Si no, también les daría el descanso eterno a sus hermanos y a la madre de la reina. Al entrar, el silencio

  • El favorito de su majestad    Juego del Alfa

    ∆Horus∆No sé qué es lo que más me duele admitir, que en efecto me duele que esté embarazada de un hombre que no soy yo, o que estoy a punto de casarme con una mujer que no amo, solo para mantener mi sangre en vigencia. Nysa es esa mujer que me duele haber dejado sola; pasó por tanto que justificar ahora sus acciones solo me hace un traidor delante de los ojos de Egipto. Estoy pasmado en el suelo, en posición fetal, con el dolor más sofocante que ha sentido mi alma. Traté de fumar, pero ni siquiera fui capaz de encender la pipa. Para mis pesares, es agobiante sentir una soga atada a mi cuello que no hace nada más que ahogarme; sé que no es real, pero esta sensación me atormenta.—¡Horus!Esa voz…—¡Horus!Vuelve a llamarme con miedo; son las voces de mis hermanos, son infantiles, chillonas, están asustados en alguna parte; son sus lamentos los que me agobian. Los escucho decir mi nombre entre un abismo que llena mi corazón de tristeza al no saber dónde se encuentran. —¡Horus! ¡Levá

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    Eros se apoya en la puerta pegando su cabeza elevada al cielo, cerrando los ojos con fuerza, tratando de contener unas lágrimas imposibles de ocultar; se tapa la boca al momento que sus piernas bajan tocando el suelo del palacio, llorando en silencio.«No solo la dañe, si no también la perjudique, ¿cómo alguien que profetiza dar amor puede causarle tanto daño a la persona que ama?»En aquel momento. Nysa era la reliquia de Oeste, lo que desconocía la reina, pero sí su mano derecha; es que aquel príncipe estaba preparando una ceremonia de compromiso tan pronto se diera su llegada.Ellos dos se amarían, se casarían, tendrían hijos, como había de ser desde el principio. Antes de que ella aceptara el harén, la vida de la reina ya estaba planeada incluso antes del viaje. Como si aquel príncipe de sangre fría conocíera y supiera como serían las cosas más adelante.Como si él estuviera escribiendo los capítulos de su vida.Antes de ser visto se levantó dirigiéndose a sus aposentos con las ma

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    Nysa No tardamos mucho en llegar a la casa de Horus; es un gran palacio cubierto de oro y arena blanca a sus alrededores, maravillosas plantas como palmas en la entrada que dan sombra tan pronto han de llegar sus invitados; es un pasillo entero con acordeones de oro en su tronco.Al bajar, es de mi grata impresión que la servidumbre de Horus usa la cabeza rapada, un delineado fino y telas tan transparentes que dejan a la vista sus paños menores. Eros baja detrás de mí; siento su presencia a mis espaldas. Seguido de esto, es su voz la que me hace mirarlo con dulzura. No comprendo en qué momento me sentí atraída por este hombre. —Su majestad, creo que sería prudente que bajara acompañada de Lord Ivan. También Lo creo, pero necesito a Horus.—Relájate, todo a su debido tiempo —observó a la servidumbre, dándome cuenta de que entre ellos hay una mujer con vestiduras más cubiertas, con unos hermosos ojos rosa. Piel morena y cabello morado; no sé de qué región proviene tal belleza, pero

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    El silencio que ahora ha de cruzar valles infernales cubiertos de arena, son los mismos en los que tanto Nysa como sus acompañantes cambiaron sus vestiduras a telas finas blancas, casi traslúcidas. Lleva sobre su cuello una cadena con el símbolo de su región, las marcas son sombras sobre su piel. Su cabello es recogido en un moño dejando el flequillo adelante, sus zapatos son sandalias doradas con un ligero tacón, sin contar los aretes florales dorados que cuelgan de su oído, largos y penetrantes. Sobre sus manos sostiene un abanico, el cual mana aire con el movimiento de su muñeca pegada a su cuello. «Qué clima más sofocante» Desde la distancia más pulcra de una pirámide, constituida por una ventana, Sky observa recostado sobre un estante como los carruajes de la reina se aproximan conforme sus banderas son blandidas por el viento. A sus espaldas, observando con grato Interés Horus se acerca cubriendo el mismo su maldición con una bata negra, y guantes del mismo color, conf

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