Beranda / Romance / El heredero del ruso / Capítulo 1: Un salvador

Share

El heredero del ruso
El heredero del ruso
Penulis: Joana Guzman

Capítulo 1: Un salvador

Penulis: Joana Guzman
last update Tanggal publikasi: 2026-01-28 06:15:16

Amelia luchaba por no bostezar. Nunca había estado en una conversación tan aburrida como aquella.

¿En que momento había dejado que su mejor amiga la convenciera de aquella locura?

Durante la última media hora, Elias no había dejado de hablar. Podría haber sido divertido escuchar sobre los países que había visitado… si él se hubiera molestado en decir algo realmente importante sobre alguno de ellos. Pero todo lo que decía se reducían a críticas: lo que le faltaba a tal hotel, a determinado restaurante, o cómo se había aburrido de las playas de otro destino. Mientras, por supuesto, se aseguraba de dejarle claro cuán exitoso era y cuánto dinero poseía.

—¿Qué te parece si continuamos esta interesante conversación en mi departamento? —preguntó él.

Amelia apretó los labios para evitar soltar un bufido. 

No había manera de que ella aceptara. Tenía que irse, pero no creía que Elias fuera a aceptar una negativa fácilmente. 

—Tengo que ir al baño —se excusó, tomando su bolso.

—Por supuesto. Aquí te espero.

Amelia se dirigió al baño apresurada; necesitaba un respiro antes de enfrentarse a Elias otra vez.

***

Dimitri salió del baño, sumido en sus pensamientos. Había tenido un día largo y estaba agotado; deseaba regresar a casa, pero había acordado encontrarse con su mejor amigo, Blaze, en aquel lugar para tomar unas copas. Necesitaba unos tragos para lidiar con la cólera acumulada: un maldito imbécil había perdido unos documentos importantes y casi les costaba un contrato clave.

Su teléfono vibró con una notificación justo cuando la puerta se cerraba a sus espaldas. Lo sacó del bolsillo y soltó una maldición al leer el mensaje de Blaze: no iba a llegar. Guardó el celular y comenzó a caminar, pero se detuvo al ver que una pareja bloqueaba la mitad del pasadizo. El hombre tenía a la mujer contra la pared.

Dimitri no quería entrometerse, así que intentó rodearlos, pero entonces escuchó la voz desesperada de la mujer:

—Esto no me gusta. ¿Puedes hacerte para atrás?

—Oh, vamos, preciosa, no hace falta que te hagas de rogar —respondió el hombre con arrogancia.

Durante un segundo consideró continuar de largo. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo allí y, sinceramente, tampoco le interesaba; bien podría tratarse de una pelea de amantes y su intervención quizá no sería bienvenida. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de la mujer, vio la mezcla de pánico y desesperación en ellos. Sin pensarlo más, colocó una mano firme sobre el hombro del hombre.

—¿Está todo bien? —preguntó, con voz firme.

—¿Qué demonios? —El hombre sacudió el hombro bruscamente para despegarlo, pero Dimitri mantuvo la presión sin ceder.

Amelia soltó un suspiro de alivio al darse cuenta de que ya no estaba sola. Apenas había salido del baño cuando Elias la había acorralado, intentando besarla a la fuerza. Su corazón todavía golpeaba con fuerza contra su pecho y su cuerpo permanecía paralizado por el miedo.

Elias se giró hacia el hombre que acababa de aparecer, irritado. 

—¿Por qué no te metes en tus propios asuntos, amigo?

Él lo ignoró por completo. Con calma, extendió la mano hacia Amelia. Sin dudarlo, la tomó y se colocó a su lado. Alto, con pómulos marcados, mandíbula fuerte y hombros anchos, su salvador emanaba una amenaza silenciosa. No estaba segura si solo representaba un peligro para Elias o también para ella. Había una gran posibilidad de que fuera peor que su cita, pero en ese instante era su única oportunidad de escapar sin riesgo.

—¿Qué m****a? —maldijo Elias con cólera, mirándola—. ¿Quién diablos te crees? —Gritó esta vez al hombre junto a ella y lanzó un puñetazo.

Amelia soltó un ahogado grito de susto, pero pronto comprendió que su temor era infundado. Su salvador esquivó el golpe con agilidad, lo tomó del brazo, giró su muñeca hasta forzarla contra la espalda y, con un movimiento firme, lo estrelló contra la pared.

—El hombre que puede darte una paliza aquí mismo y no recibir ningún castigo.

—Está bien… lo siento —gimió Elias, adolorido. 

Amelia rodó los ojos. Ya no era tan valiente ahora que estaba frente a alguien más fuerte que él.

Dimitri soltó al tipo, dio un paso atrás y le hizo un gesto a la mujer para que comenzara a caminar y la siguió de cerca. 

—Gracias por eso —dijo ella—. Me llamo Amelia, por cierto.

—Dimitri.

—Bueno, gracias, Dimitri, y lamento mucho que tuvieras que verte involucrado en mis problemas.

—Deberías pensar en salir con tipos más decentes —comentó él, sin rastro de juicio en la voz, como si simplemente constatara un hecho.

 —Oh, ni siquiera lo conocía hasta hoy. Mi amiga me arregló una cita con él y dijo que era un tipo decente. O es un buen actor o mi amiga tiene problemas para darse cuenta de cuándo alguien es un verdadero estúpido —intentó bromear.

En cuanto llegaron al salón principal, el sonido de la música y el bullicio de las conversaciones se sintieron sorprendentemente relajantes.

—Nuevamente, gracias. Espero algún día poder pagártelo. Creo que debería irme… —dijo Amelia, esbozando una sonrisa nerviosa y dando un paso adelante, pero se detuvo.

No quería volver a casa. Aún estaba afectada por lo ocurrido, y su padre se daría cuenta de que algo le sucedía en cuanto la viera; lo último que quería era preocuparlo. Tal vez podría quedarse un rato en la barra y distraerse… pero eso solo aumentaba la posibilidad de que Elias la abordara de nuevo. Solo pensarlo le recorrió un escalofrío por la espalda.

—¿Estás bien? —preguntó Dimitri.

Debería haberla dejado atrás; ya la había ayudado. Sin embargo, algo en ella despertó su curiosidad. Además, el rastro de miedo que aún se reflejaba en su rostro lo hizo decidir quedarse.

—Sí… solo que no sé a dónde ir ahora —respondió Amelia con un suspiro.

—Quizá tu casa sería el mejor lugar.

—Sí, pero cuando me haya calmado… Vivo con mi padre y no quiero que me vea así.

—Entonces, ¿por qué no me acompañas a tomar una copa?

Amelia dudó un instante. No parecía buena idea después de lo que acababa de pasar con Elias; nada le aseguraba que Dimitri no fuera otro imbécil pervertido. Era atractivo, del tipo rudo.

—O no —dijo él, como si estuviera a punto de marcharse.

—Está bien —aceptó ella impulsivamente. Después de todo, él la había salvado—. Pero la primera bebida va por mi cuenta. Un agradecimiento por ayudarme.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi
Komen (1)
goodnovel comment avatar
athlantis_77
así que una cita a ciegas con un imbecil
LIHAT SEMUA KOMENTAR

Bab terbaru

  • El heredero del ruso    Epílogo 2

    Blaze desabrochó los cinturones del asiento de seguridad de su hijo y lo levantó en brazos antes de rodear el auto para reunirse con Sophie. En cuanto llegó a su lado, tomó su mano y la levantó para darle un beso en el dorso.—¿Cómo te sientes? —preguntó con preocupación.—Mucho mejor.Blaze la observó atentamente, buscando cualquier señal de indisposición.Sophie había empezado a sentir náuseas unos días atrás y, a diferencia de cuando estuvo embarazada de Noah, esta vez no se limitaban a las mañanas. Podían aparecer en cualquier momento del día y prácticamente cualquier cosa parecía desencadenarlas.—¿Segura? Podemos volver a casa si no te sientes bien.—Ni hablar. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a las chicas y tenemos mucho de qué hablar.—Está bien, pero si te sientes mal en algún momento, por favor, dímelo.—Lo haré.Sophie le regaló una sonrisa.Avanzaron hasta la puerta principal y llamaron al timbre. No pasó mucho tiempo antes de que una de las empleadas de Di

  • El heredero del ruso    Epílogo

    Sophie se detuvo a saludar a la asistente de su esposo. Carly se puso de pie y rodeó el escritorio para acercarse a ella.—Sophie, es un placer verte.—Carly, ¿cómo has estado? —preguntó Sophie.—Sinceramente, solo quiero que la semana termine pronto. Apenas llevo una semana de regreso de mis vacaciones y ya estoy esperando con ansias las próximas.Sophie soltó una carcajada.—Sé de lo que hablas. Las vacaciones siempre se me hacen demasiado cortas. —Suspiró—. ¿Cómo estuvo el viaje a las islas griegas?Carly suspiró.—Fue de lo más hermoso. Tu esposo fue muy amable al regalarme el pasaje y la estancia.—Lo soportas a diario, así que creo que te lo mereces.Las dos compartieron una sonrisa.—¿Está mi esposo en su oficina?—No, está en la sala de juntas. Tiene una reunión con unos clientes, pero, si es algo urgente, puedo ir a decirle que estás aquí.—No es necesario. Puedo esperar.De hecho, era mejor así.—¿Te gustaría que te trajera algo de comer o beber?—Si puedes conseguirme uno d

  • El heredero del ruso    Capítulo 52: Toda mía

    Sophie entrelazó los dedos detrás del cuello de Blaze mientras él la sujetaba por la cintura. Pronto la música comenzó a sonar y ambos empezaron a balancearse suavemente al ritmo de la melodía.Todo aquel día había sido perfecto, y le debía gran parte de ello a su mamá, su suegra y Amelia. Las tres habían trabajado sin parar durante los últimos ocho meses para que su boda fuera exactamente como ella la había soñado. Su mejor amiga, en particular, se había encargado de hacer posible incluso aquello que parecía imposible.—¿Te he dicho lo hermosa que te ves? —le preguntó Blaze.Sophie lo miró con una sonrisa. Su ahora esposo también había sido de gran ayuda. Sin él, probablemente se habría vuelto loca con todos los preparativos. Siempre encontraba la manera de ayudarla a relajarse y, aunque no era especialmente bueno eligiendo tonalidades o decoraciones, se había esforzado de verdad cada vez que ella le pedía su opinión sobre algo.—Solo unos cientos de veces, pero aún no me he cansado

  • El heredero del ruso    Capítulo 51: Una noche especial

    Blaze se acercó al micrófono y esperó a que los aplausos terminaran antes de comenzar el discurso que había preparado. Habló sobre el software que había desarrollado y el avance tecnológico que representaba, explicando las nuevas posibilidades que abría para su compañía y las bases que sentaba para sus futuros proyectos. —Pero no puedo llevarme todo el crédito por esto —dijo hacia el final—. Me gustaría agradecer a todas las personas que trabajan con nosotros y que hicieron esto posible. Han sido meses de trabajo duro y sé que he sido bastante exigente con cada uno de ustedes. Espero que no decidan renunciar a causa de esto.Las risas resonaron en el salón.—Gracias a mi mano derecha, Dylan, por no perder la paciencia y encargarse de los aspectos más tediosos.Nuevos aplausos llenaron en el salón. Blaze esperó hasta que se detuvieron para continuar.—Y hay una persona en particular a quien también me gustaría agradecer. Sophie Ward —dijo, señalándola entre la multitud con una mano.E

  • El heredero del ruso    Capítulo 50: Lanzamiento

    Blaze levantó la mirada de su celular al escuchar el sonido de unos tacones. Su novia salió del armario usando un vestido dorado que le sentaba de maravilla.Su mirada descendió, recorriendo sus curvas. El vestido tenía un escote pronunciado que llegaba casi hasta el ombligo. Blaze imaginó lo fácil que sería bajar las tiras del vestido por sus hombros y dejar sus senos al descubierto.Se levantó y avanzó hacia ella. Frunció el ceño al verla retroceder.—No me gusta que pongas distancia entre nosotros, gatita.—Si no lo hago, no creo que vayamos a salir de aquí pronto. Puedo ver en tu mirada que no tienes buenas intenciones y no soy muy buena resistiéndome a ti.Blaze sonrió, presumido.—Mis intenciones siempre son buenas. Llevarte al orgasmo es una buena intención.Sophie apretó los labios, claramente conteniendo una sonrisa.—¿Qué te parece si guardo mis manos y eres tú quien se acerca a mí? —propuso Blaze, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón—. Porque estoy seguro de qu

  • El heredero del ruso    Capítulo 49: Conexión

    Sophie se puso de pie y colocó una rodilla sobre el sillón, seguida de la otra. Llevó las manos hasta la corbata de Blaze y terminó de retirársela antes de comenzar a desabotonarle la camisa. En cuanto terminó, él se deshizo de ella.—Te necesito —susurró Sophie.Blaze la tomó de la cintura y la bajó lentamente sobre su miembro.Ella se apoyó en sus hombros y clavó las uñas en su piel al sentir la intrusión.—¡Blaze! —gimió cuando él terminó de hundirse por completo en su interior.—Joder, gatita —gruñó él, sosteniéndola de la cintura con tanta fuerza que sabía que le dejaría huellas sobre la piel.Los dos se quedaron inmóviles durante unos segundos. Sophie apoyó la frente contra la de él y Blaze acercó los labios a los suyos. Devoró su boca con hambre. El beso subió de intensidad rápidamente.Comenzó a balancear lentamente las caderas de adelante hacia atrás. Se alejó de sus labios y jadeó ante la fricción, aunque no era suficiente, ni de cerca. Su cuerpo le exigía más, mucho más.Us

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status