Mag-log inOLIVIA—¿Cómo vas a hacerlo? —pregunté contra el pecho de Noah.Él aflojó el abrazo lo suficiente para mirarme.—¿Hacer qué?—Acabar con mi infierno. Lo acabas de prometer.Quise levantar la cabeza con dignidad, pero la terraza se inclinó ligeramente y terminé sujetándolo de la camisa. El susto me había quitado las ganas de seguir celebrando; por desgracia, no había conseguido quitarme la borrachera.Noah me sostuvo con cuidado.—Primero vamos a salir de aquí —respondió.Su cercanía me distraía de una manera poco conveniente. Tenía la mandíbula tensa y un mechón sobre la frente que quise apartarle. Lo intenté, calculé mal la distancia y le rocé una ceja.Él atrapó suavemente mi mano.—¿Qué haces, Olivia?—Arreglarte el pelo. No estás colaborando.Una sonrisa breve apareció en su boca, aunque sus ojos seguían preocupados.—Puedes criticarme cuando estés sentada.Me acompañó al interior y consiguió una mesa apartada del ruido. Yo me dejé caer en el asiento con menos elegancia de la que
NOAHMi padre se apartó de Camille y se acomodó la corbata. Yo seguía en la entrada, con la carpeta en la mano, intentando encontrar algo que decir que no terminara en una pelea.—Cierra la puerta —ordenó William.La cerré. Camille bajó del escritorio y se alisó el vestido sin mirarme, mientras mi padre recogía su chaqueta. Me desconcertó la tranquilidad con la que lo hacía. Parecía más molesto por la interrupción que avergonzado de que lo hubiera encontrado.—Camille, déjanos solos —le pidió.Ella tomó su bolso, pero vaciló antes de acercarse a la puerta.—William, tenemos que…—Después —la interrumpió él.Camille apretó los labios. Cuando pasó junto a mí, levantó la mirada y reconocí en su ex
CAMILLEHabía elegido el vestido para William y me molestaba admitirlo incluso estando sola frente al espejo del ascensor. Después de cómo me había tratado, debería haber querido verlo arrastrarse. En cambio, llevaba veinte minutos preguntándome si todavía recordaría aquel color.Me acomodé el abrigo antes de salir. La asistente me recibió con una sonrisa prudente y señaló la puerta del despacho.—Puede pasar. El señor Bennett espera a su hijo a las seis.Miré el reloj. Tenía media hora.William no se levantó cuando entré. Permaneció detrás del escritorio, con el teléfono en una mano y el ceño ligeramente fruncido.—¿Qué necesita mi firma que no pueda revisar Noah? —preguntó.Le entregué la carpeta.—La modificación del presupuesto. Tu departamento financiero pidió tu aprobación.William abrió los documentos y comprobó la primera página. Me quité el abrigo mientras leía y lo dejé sobre el respaldo de una silla. Su mirada se detuvo en mi vestido antes de regresar al papel.No sonreí. Q
OLIVIAEl hombre levantó el puño y mi cuerpo se paralizó antes de que pudiera impedírselo.Por un instante no vi a Valeria contra la pared. Vi a William frente a mí. Recordé su expresión, el dolor y aquella certeza horrible de que el hombre que amaba podía hacerme daño.Entonces Valeria gritó.Y algo dentro de mí reaccionó.—¡Suéltala! —ordené.El hombre se volvió, aunque mantuvo una mano cerrada alrededor de la muñeca de Valeria.—No te metas.—La estás atacando en un edificio lleno de personas. Ya me metiste.Avancé sin saber qué pensaba hacer. Él era más alto, más fuerte y estaba furioso. Yo llevaba tacones, una carpeta y unas ganas muy poco útiles de golpearlo.—Vete —insistió el hombre.—Suéltala primero.—Esto es entre ella y yo.—Ella parece querer participar bastante menos que tú.Valeria forcejeó, pero él le torció el brazo. Su gemido me hizo olvidar el miedo.Le lancé la carpeta a la cara.El resultado fue menos impresionante de lo que había imaginado. La carpeta se abrió en
OLIVIALa blusa más cara de mi armario no combinaba con los moretones. Por suerte, tenía mangas largas.Me la puse después de cubrir con corrector las marcas que quedaban cerca de la muñeca. Necesité dos intentos para abotonarme el puño; al tercero, dejé de fingir que me molestaba la tela y admití que me temblaban los dedos.Aquello me hizo llorar.No mucho. Apenas lo suficiente para arruinar el maquillaje y enfurecerme todavía más. Apoyé ambas manos en el lavabo y esperé a recuperar el aire, mirando el desagüe porque no soportaba mi propio reflejo.Nunca había tenido tanto miedo de William.Había discutido con él, lo había desafiado y había imaginado todas las cosas que le diría cuando pudiera dejar de fingir. Pero ninguna de aquellas fantasías incluía esto: vestirme pensando en qué partes de mi cuerpo debía esconder.Durante lo ocurrido había buscado al hombre que amé en su rostro. No lo encontré. Parecía un demonio, aunque lo que me revolvía el estómago era recordar que conocía per
NOAHHabía pasado la noche buscando una razón para dejar de querer a Olivia. A las nueve de la mañana había encontrado incontables. Ninguna había servido de nada, salvo para darme más motivos para estar furioso conmigo mismo. Los presupuestos de Laurent Maison descansaban sobre la mesa de reuniones, mientras yo mantenía el teléfono encendido sobre una pierna, oculto bajo la mesa. Revisaba la pantalla cada pocos minutos, aunque no había recibido un solo mensaje. Lo peor era que, después de todo lo ocurrido, todavía esperaba que ella me buscara.Camille pasó una página y guardó silencio. Levanté la cabeza, preparado para escuchar otra explicación sobre la campaña, pero encontré sus ojos clavados en mí. No llevaba la sonrisa desafiante con la que solía enfrentar a Olivia. Tenía un lápiz entre los dedos y una corrección marcada en rojo. Por primera vez desde que habíamos empezado a trabajar juntos, parecía más irritada que interesada en mi apellido.—Si necesitas estar en otro sitio, pode







