INICIAR SESIÓNOlivia
La canción había terminado, pero yo seguía en la pista, viendo a Noah alejarse hacia su padre. Tendremos tiempo para hablar de Madrid. Había conseguido algo peor que amenazarme: obligarme a admitir con mi silencio que todavía recordaba aquel beso. Me aparté antes de que alguien notara mi desconcierto y encontré a William discutiendo discretamente con Diana cerca del estrado. —Noah acaba de bajar de un avión —decía ella—. Podrías permitirle respirar antes de convertir su regreso en otra de tus estrategias publicitarias. —Esta celebración estaba organizada desde hace semanas. —Precisamente. Organizaste una celebración para un hombre sin preguntarle si quería ser celebrado. —Sigue siendo mi hijo. —Ese nunca fue el problema. Diana notó mi presencia y la discusión terminó. —Aquí está la mujer de la noche —comentó, alzando su copa. William extendió una mano hacia mí. —Te estaba buscando. —¿Ocurre algo? —Nada que deba preocuparte. —Esa es la frase favorita de William justo antes de hacer algo que debería preocuparte. —No le hagas caso —dijo él—. Tuvo demasiado champán durante la cena. —Y tú no has bebido lo suficiente. Diana se alejó. William observó su espalda y luego regresó la atención hacia mí. —¿Qué quería Noah? —¿A qué te refieres? —Bailó contigo. —Es una fiesta, William. Las personas suelen bailar en las fiestas. —Mi hijo no suele hacer nada por simple cortesía. —Solo quería saber cómo habían marchado las cosas durante su ausencia. La mentira salió con una facilidad que me avergonzó. —Quizá Europa consiguió enseñarle algunos modales. Me guio hacia el estrado justo cuando las luces comenzaron a atenuarse. —¿Adónde vamos? —Confía en mí. —William —murmuré—, ¿qué estás haciendo? Él tomó el micrófono. —Queridos amigos, familiares y socios, gracias por acompañarnos esta noche. Como todos saben, esta celebración marca el regreso de mi hijo después de tres años en Europa. Los invitados aplaudieron. Noah permanecía al fondo del salón, con una copa intacta en la mano. —Sin embargo, Noah no es la única razón por la que los reuní aquí. William extendió la mano. —Olivia, ven conmigo. Mi corazón se aceleró. Durante siete años habíamos hablado del matrimonio, pero William siempre esperaba el momento perfecto. Caminé hacia él bajo las luces. —Cuando Olivia llegó a mi vida, yo creía que lo tenía todo —continuó—. Había construido un imperio, conquistado cada meta que me había propuesto y conseguido más de lo que alguna vez imaginé. Pero ella convirtió mis éxitos en algo que valía la pena compartir. Quise escuchar únicamente al hombre que amaba y olvidar los ojos verdes que me observaban desde la penumbra. —Olivia dejó atrás una carrera extraordinaria para construir una vida conmigo. Ha permanecido a mi lado durante los años más exigentes de mi carrera y ha convertido esta casa en un hogar. Esta noche quiero darle, delante de todos, la promesa que merece. William se arrodilló y abrió una caja de terciopelo. El diamante atrapó la luz. —Olivia Whitmore, ¿quieres casarte conmigo? Había esperado aquella pregunta durante años. Sin embargo, antes de responderle, busqué a Noah entre la multitud. Él no sonreía ni me pidió que rechazara a su padre. Solo esperó. —Sí —respondí finalmente—. Me casaré contigo. El salón estalló en aplausos. William colocó el anillo en mi dedo y me besó. Su boca era conocida, cálida y segura, pero mi cuerpo ya había comenzado a distinguir entre seguridad y deseo. —Tengo otra sorpresa —anunció. —¿Otra? —No pienso hacerte esperar más. He organizado todo para que la boda se celebre dentro de diez días. —¿Diez días? —El lugar, los diseñadores y la lista de invitados están preparados. No tendrás que preocuparte por nada. Los invitados celebraron. Yo sonreí para las cámaras. —¿No estás feliz? —susurró William. —Estoy sorprendida. —Quería que fuera perfecto. Perfecto para él, pensé, aunque rechacé de inmediato la idea. —Es perfecto —respondí. William volvió al micrófono. —Y ninguna boda estaría completa sin la familia. Por eso quiero pedirle a mi hijo que permanezca a mi lado como padrino. Todas las miradas se dirigieron a Noah. —No me lo habías pedido —dijo. William rió como si fuera una broma. —Lo estoy haciendo ahora. ¿Qué dices? Noah miró primero a su padre y después a mí. —No me lo perdería por nada. Subió al estrado y William me colocó entre ambos para las fotografías. —Más cerca, por favor —pidió uno de los fotógrafos—. Señor Bennett, coloque el brazo alrededor de su prometida. Noah, acérquese un poco más. Noah se situó a mi lado, rozando mi brazo con la manga de su traje. —Sonrían —ordenó el fotógrafo. Los flashes comenzaron a estallar. —Diez días —murmuró Noah. —No empieces. —Yo no elegí la fecha. —Tampoco te pedí que fueras el padrino. —Pero acabas de convertirme oficialmente en parte de la boda. —Perfecto. Ahora miren hacia la derecha. Obedecimos sin dejar de sonreír. —No permitiré que arruines esto —susurré. —No necesito arruinar nada, Olivia. Fuiste tú quien me buscó con la mirada antes de responderle. Mi sonrisa desapareció un instante. —Una más, señora Whitmore. Esta vez intente relajarse. Noah se apartó. Durante los siguientes minutos quedé atrapada entre felicitaciones mientras William respondía por los dos: el lugar, las flores, los invitados y hasta el diseñador de mi vestido. Diana se acercó cuando él se alejó con unos socios. —Una propuesta, una boda y un padrino en menos de diez minutos —comentó—. William continúa siendo eficiente. —Quería sorprenderme. —Lo consiguió. —¿Sabías que estaba planeando esto? —Sabía que planeaba algo. William no reúne a tantas personas únicamente para recibir a nuestro hijo. —Podrías intentar alegrarte por nosotros. —No he dicho que no me alegre. Solo te daré un consejo que a mí me habría gustado recibir: si quieres algo diferente, dilo antes de que William tenga la oportunidad de anunciar su decisión frente a una habitación llena de personas. —Él me conoce. —William conoce muy bien lo que quiere. No siempre es lo mismo. Diana se marchó. Abrumada por las felicitaciones, salí a la terraza y apoyé las manos sobre la balaustrada. —Bonito anillo. Noah estaba al otro extremo, con su copa todavía intacta. —¿Me seguiste? —Llegué primero. —Entonces me marcharé yo. —No tienes que huir cada vez que estamos solos. —Acabo de comprometerme con tu padre. —Lo vi. Estaba en la fotografía familiar. —Entonces empieza a comportarte como su hijo. Noah dejó la copa sobre una mesa, pero no se acercó. —¿Esto es lo que quieres? —Sí. —Respondiste demasiado rápido. —No necesito pensar mi respuesta. Amo a William. —Entonces mi opinión no debería molestarte. —No me molesta. —También dijiste que Madrid no significó nada. —No vuelvas a mencionar Madrid. Noah sostuvo mi mirada. —Mi padre eligió el anillo, organizó la boda y decidió la fecha antes de hacerte una sola pregunta —dijo finalmente—. Después te colocó frente a cientos de personas y te pidió que aceptaras. —Eso se llama una sorpresa. —Si tú lo dices. —No conoces nuestra relación. —Conozco a mi padre. —No después de pasar tres años lejos. —La distancia no cambia a un hombre como William. Solo hace que los demás olviden quién es. —No necesito que me protejas. —No estoy intentando protegerte. Solo quería saber si dijiste que sí porque deseas casarte con él o porque nunca aprendiste a decirle que no. La pregunta me golpeó con más fuerza de la que debía. —Buenas noches, Noah. Pasé junto a él. —Olivia. Me volví. —¿Por qué me miraste antes de responderle? No pude contestar. Noah regresó al salón, dejándome sola. Bajé la vista hacia el anillo. Era precioso y exactamente de mi talla. Después de siete años, por fin llevaba la promesa que había esperado. Debería haberme sentido feliz. En cambio, solo podía pensar en la pregunta de Noah. ¿Por qué lo había mirado antes de decir que sí?OLIVIAWilliam anunció la cena como si se tratara de una decisión empresarial.—Necesitamos revisar la fase europea sin interrupciones —explicó mientras se ajustaba los gemelos—. Camille traerá los contratos y Noah presentará el calendario de producción.—¿Tenía que ser en la mansión? —pregunté desde el tocador.—Es una cena de trabajo, Olivia —respondió William—. No conviertas todo en un conflicto personal.Resultaba irónico escucharlo después de que había utilizado la idea de Camille como si fuera suya, pero no discutí. Me coloqué los pendientes y bajé con él al comedor.Camille ya había llegado.Vestía de negro, llevaba el cabello recogido y sostenía una carpeta contra el pecho. La empleada que la acompañaba parecía vigilarla, como si William todavía no confiara en dejarla caminar sola por la casa.Noah entró minutos después. Me dirigió una mirada breve antes de saludar a su padre. Desde nuestra conversación en el jardín de invierno, había cumplido su palabra: no me buscaba, no se
CAMILLELos aplausos terminaron, pero la humillación permaneció.William recibió las felicitaciones de los representantes de Laurent Maison como si realmente hubiera pasado meses desarrollando la estrategia europea. Estrechó manos, respondió preguntas y prometió entregar los primeros cortometrajes en seis semanas.Yo permanecí junto a la pantalla, convertida en una empleada más dentro de mi propia idea.Cuando la sala comenzó a vaciarse, Noah recogió sus documentos y me observó. No dijo nada. No necesitaba hacerlo. Su advertencia continuaba golpeando mi cabeza.Reconocer tu talento implicaría darte el crédito.Esperé hasta que salieron los últimos ejecutivos y caminé hacia William.—Necesito hablar contigo —declaré mientras cerraba la puerta.William guardó su computadora en el maletín.—Envíale a Noah el calendario de producción antes de marcharte.—Durante la presentación dijiste que tú desarrollaste la campaña europea.William dejó de ordenar sus documentos.—Yo dirigí la presentac
CAMILLEMi día en las oficinas de Bennett Group comenzó con una mesa prestada, una contraseña temporal y la certeza de que Olivia deseaba verme desaparecer.No me importaba.William había aceptado mi regreso al proyecto. Podía llamarlo decisión contractual o exigencia de Laurent Maison, pero para mí significaba que todavía existía una puerta abierta.A media mañana pedí una reunión con él.Su asistente me hizo esperar cuarenta minutos. Cuando finalmente entré, William estaba detrás de su escritorio, revisando unos contratos.—Tienes diez minutos —indicó sin levantar la cabeza—. Noah espera tu informe antes del mediodía.Me senté y coloqué una carpeta frente a él.—He revisado la estrategia del lanzamiento europeo —expliqué—. Estamos cometiendo un error al utilizar la misma campaña de Nueva York.William abrió la carpeta.—La identidad visual ya fue aprobada.—La identidad puede mantenerse, pero Europa necesita una narrativa propia —argumenté mientras señalaba los bocetos—. París, Milá
OLIVIADormí menos de dos horas.Cada vez que cerraba los ojos, recordaba el beso contra la pared y la forma en que Noah se había apartado.A la mañana siguiente lo encontré en el jardín de invierno. Estaba junto a los ventanales, vestido para ir a la oficina y con una taza de café entre las manos.Noah me vio entrar, pero no se acercó.—¿Hablabas en serio anoche? —pregunté mientras cerraba la puerta.—¿Sobre qué parte? —respondió con cautela.—Sobre no querer ser mi secreto.Noah dejó la taza sobre una mesa.—Sí, hablaba en serio.Su respuesta inmediata me irritó.—Tú sabías desde el principio que esto era complicado —le recordé mientras avanzaba hacia él—. Estoy casada con tu padre.—Precisamente por eso necesito establecer un límite.—¿Ahora necesitas límites?Noah soltó una risa amarga.—Los he necesitado desde Madrid. Simplemente tardé demasiado en comprenderlo.—No puedes besarme de esa manera y después actuar como si no sintieras nada —repliqué.—No estoy fingiendo —respondió N
OLIVIANo tenía ningún motivo para esperar a Noah.Eso me repetí mientras permanecía en el salón de la mansión, mirando por tercera vez el mensaje que me había enviado.Lo había leído frente al restaurante, segundos después de verlo salir con Camille aferrada a su brazo. No respondí. Tampoco pensaba admitir que aquella imagen llevaba horas atormentándome.Cuando la puerta principal se abrió, apagué la pantalla del teléfono.Noah entró con una carpeta bajo el brazo. Al descubrirme junto a la chimenea, se detuvo y observó el salón vacío.—¿Estabas esperándome? —preguntó mientras cerraba la puerta.—No —respondí con demasiada rapidez.Noah arqueó una ceja.—Claro.Dejó la carpeta sobre una mesa y comenzó a quitarse el abrigo. Parecía demasiado tranquilo para un hombre que acababa de cenar con la mujer que había sido amante de su padre durante seis años.—¿Disfrutaste tu cita con la amante de tu padre? —pregunté, incapaz de contenerme.Noah se quedó inmóvil con el abrigo entre las manos.
NOAHCuando Camille Laurent me invitó a cenar dos días después de ser apartada de la campaña, mi primera respuesta fue no.Entonces recibí un correo del director de Laurent Maison. Camille debía entregarme todos los archivos antes de que su reemplazo comenzara a trabajar a la mañana siguiente. El equipo europeo esperaba las correcciones antes de medianoche y yo no disponía de otro momento para revisarlas.Acepté la reunión.Camille eligió un restaurante situado frente al estudio de Olivia.—Podríamos haber hecho esto en la oficina —comenté cuando tomé asiento.—También podríamos trabajar sin comer, pero no veo la necesidad —respondió Camille mientras abría su computadora.Llevaba un vestido rojo que atrajo varias miradas. Yo solamente presté atención a las dos carpetas colocadas junto a su copa.—Esta cena tiene una razón profesional —aseguró.—Procura que continúe así.Comenzamos revisando las fotografías seleccionadas para la campaña internacional. Camille rechazó tres porque los ac







