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El hijo de mi prometido me desea
El hijo de mi prometido me desea
Autor: Hanabi

Capitulo 1

Autor: Hanabi
last update Data de publicação: 2026-07-13 23:22:03

Olivia

Cuando Noah se acercó, yo todavía llevaba puesto el vestido blanco con el que había brindado por mi próxima boda con su padre.

No lo escuché llegar. La lluvia y el alcohol ocultaron sus pasos. Cuando me volví, ya estaba frente a mí, tan cerca que sentí su respiración sobre mis labios.

—Si quieres que me aleje, dilo —murmuró.

Debí hacerlo. Debí recordar el anillo que llevaba puesto, la boda del día siguiente y el apellido del hombre que tenía delante.

En lugar de eso, lo sujeté de la corbata y lo besé.

Noah se quedó inmóvil un instante. Después sostuvo mi cintura y respondió con una intensidad que me hizo olvidar el frío. Cada vez que yo dudaba, él se detenía, esperando que confirmara que quería continuar.

Y quería.

Sabía perfectamente quién era. Precisamente por eso, el beso se sentía tan peligroso.

Abrió la puerta trasera del automóvil y entramos. La puerta se cerró, aislándonos del resto de Nueva York.

En la penumbra, Noah me recostó contra el asiento. Antes de continuar, apoyó una mano junto a mi cabeza y esperó a que lo mirara.

—Olivia.

—No digas mi nombre.

—Necesito que me escuches. Todavía puedes pedirme que pare.

La luz de la calle se reflejó en mi anillo. Pensé en William, en la boda y en todas las mentiras que acababa de descubrir.

Después miré a Noah.

—No quiero que pares.

Volvió a besarme. Sus dedos llegaron al cierre de mi vestido, pero se detuvieron.

—Desde Madrid —confesó—. No he podido dejar de pensar en esto desde Madrid.

Lo atraje hacia mí, desesperada por acallar la culpa y el recuerdo de aquel beso prohibido que habíamos compartido tres años atrás.

Horas antes creía conocer mi futuro. Tenía una boda perfecta, un prometido poderoso y una vida segura.

Ahora estaba en el asiento trasero de un automóvil con Noah Bennett.

El hijo de mi prometido.

Días antes…

La mansión Bennett estaba llena de invitados, copas de champán y conversaciones cuidadosamente ensayadas. A mi lado, William hablaba con varios inversores mientras los fotógrafos capturaban nuestra imagen perfecta.

Llevábamos siete años juntos. Lo amaba. O, al menos, estaba convencida de que lo amaba.

Nuestro amor se basaba en la estabilidad, los planes compartidos y la tranquilidad. Durante años me repetí que la falta de pasión era una señal de madurez.

—Sonríe, mi vida —susurró William—. Todos vinieron a conocer al heredero, pero tú sigues siendo la joya de la corona.

—El heredero todavía no aparece.

—A Noah siempre le ha gustado hacer esperar a los demás.

Sonreí para la cámara, aunque mis manos sudaban dentro de los guantes. La fiesta no me preocupaba. Mi verdadero tormento era el regreso del hijo de William.

Tres años antes, durante un viaje a Madrid, Noah y yo nos habíamos quedado solos. Una conversación demasiado íntima terminó en un beso. Noah tenía diecinueve años y yo sabía que aquello estaba mal.

Me aparté antes de que ocurriera algo más y, a la mañana siguiente, fingí que nunca había sucedido.

Pero algunos besos no desaparecen.

Poco después, Noah se marchó a Europa. Durante tres años conseguí convencerme de que nuestro secreto había quedado enterrado en Madrid.

Hasta esa noche.

Las puertas del salón se abrieron.

Noah Bennett acababa de llegar.

El muchacho que recordaba había desaparecido. El hombre que avanzaba hacia nosotros tenía los hombros anchos, las facciones definidas y una seguridad inquietante. Vestía un traje negro sin corbata.

Cuando se detuvo frente a nosotros, Su mirada descendió hasta mi mano izquierda, todavía desnuda, y luego subió lentamente hasta mi boca

—Bienvenido a casa, Noah —dije.

—Gracias, Olivia.

La forma en que pronunció mi nombre me alteró. No dijo «la prometida de mi padre». Dijo Olivia, como si todavía estuviéramos solos en aquella terraza de Madrid.

William le dio una palmada en la espalda.

—Ven. Hay varias personas que quieren hablar contigo.

Noah permitió que su padre se lo llevara, pero antes de marcharse volvió a mirar mis labios.

Me alejé con la excusa de atender a otros invitados. Necesitaba aire y distancia.

En el camino me encontré con Diana, la madre de Noah.

—Relájate, Olivia —comentó—. Mi hijo acaba de llegar y todavía no se adapta al horario. Aunque contigo parecía bastante despierto.

—Noah y yo apenas nos conocemos.

Diana sonrió.

—No tienes que explicarme nada. Hace años renuncié a comprender a los hombres Bennett.

Se alejó, dejándome con la duda de si aquello había sido una broma o una advertencia.

Durante la siguiente hora evité a Noah. Él tampoco intentó acercarse.

Eso debería haberme tranquilizado.

No lo hizo.

La orquesta comenzó una pieza lenta. Yo estaba junto a una columna cuando escuché su voz detrás de mí.

—¿Me concedería este baile, futura madrastra?

—No creo que sea buena idea.

—Todos nos están mirando.

Tenía razón. Rechazarlo provocaría más preguntas que aceptar. Coloqué mi mano sobre la suya.

—Solo una canción.

En la pista, Noah mantuvo una distancia correcta. Para los demás, éramos dos futuros familiares cumpliendo con una obligación social.

Pero yo recordaba lo que aquellas manos habían hecho en Madrid.

—Europa parece haberte sentado bien —dije.

—Tres años sin verme y eso es todo lo que tienes que decirme.

—Estamos rodeados de personas.

—Lo sé. Por eso aceptaste bailar conmigo. Sabías que aquí no podrías huir.

—No estoy huyendo.

—Entonces mírame.

Levanté la cabeza. Sus ojos verdes habían perdido toda indiferencia.

—Los dos sabemos lo que pasó en Madrid.

—Fue un error.

—Repítelo mirándome.

—Madrid fue un error.

—Dime que no pensaste en ese beso durante estos tres años.

Abrí la boca, pero no pude responder.

Noah sonrió apenas.

—Eso imaginé.

—No puedes contarle nada a tu padre.

—Tu secreto está a salvo conmigo. Pero no vuelvas a fingir que aquello no significó nada.

—¿Qué quieres?

Miró por encima de mi hombro. William seguía conversando, completamente ajeno.

—Quiero verte intentar casarte con mi padre mientras me convences de que no sientes nada por mí.

La canción terminó. Noah soltó mi mano.

—Disfruta la fiesta, Olivia. Tendremos tiempo para hablar de Madrid.

Lo vi alejarse hacia William.

En ese momento creí que el peligro era lo que Noah pudiera contarle a su padre.

Todavía no entendía que el verdadero peligro era su paciencia.

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Último capítulo

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    OLIVIAWilliam anunció la cena como si se tratara de una decisión empresarial.—Necesitamos revisar la fase europea sin interrupciones —explicó mientras se ajustaba los gemelos—. Camille traerá los contratos y Noah presentará el calendario de producción.—¿Tenía que ser en la mansión? —pregunté desde el tocador.—Es una cena de trabajo, Olivia —respondió William—. No conviertas todo en un conflicto personal.Resultaba irónico escucharlo después de que había utilizado la idea de Camille como si fuera suya, pero no discutí. Me coloqué los pendientes y bajé con él al comedor.Camille ya había llegado.Vestía de negro, llevaba el cabello recogido y sostenía una carpeta contra el pecho. La empleada que la acompañaba parecía vigilarla, como si William todavía no confiara en dejarla caminar sola por la casa.Noah entró minutos después. Me dirigió una mirada breve antes de saludar a su padre. Desde nuestra conversación en el jardín de invierno, había cumplido su palabra: no me buscaba, no se

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    CAMILLELos aplausos terminaron, pero la humillación permaneció.William recibió las felicitaciones de los representantes de Laurent Maison como si realmente hubiera pasado meses desarrollando la estrategia europea. Estrechó manos, respondió preguntas y prometió entregar los primeros cortometrajes en seis semanas.Yo permanecí junto a la pantalla, convertida en una empleada más dentro de mi propia idea.Cuando la sala comenzó a vaciarse, Noah recogió sus documentos y me observó. No dijo nada. No necesitaba hacerlo. Su advertencia continuaba golpeando mi cabeza.Reconocer tu talento implicaría darte el crédito.Esperé hasta que salieron los últimos ejecutivos y caminé hacia William.—Necesito hablar contigo —declaré mientras cerraba la puerta.William guardó su computadora en el maletín.—Envíale a Noah el calendario de producción antes de marcharte.—Durante la presentación dijiste que tú desarrollaste la campaña europea.William dejó de ordenar sus documentos.—Yo dirigí la presentac

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    OLIVIADormí menos de dos horas.Cada vez que cerraba los ojos, recordaba el beso contra la pared y la forma en que Noah se había apartado.A la mañana siguiente lo encontré en el jardín de invierno. Estaba junto a los ventanales, vestido para ir a la oficina y con una taza de café entre las manos.Noah me vio entrar, pero no se acercó.—¿Hablabas en serio anoche? —pregunté mientras cerraba la puerta.—¿Sobre qué parte? —respondió con cautela.—Sobre no querer ser mi secreto.Noah dejó la taza sobre una mesa.—Sí, hablaba en serio.Su respuesta inmediata me irritó.—Tú sabías desde el principio que esto era complicado —le recordé mientras avanzaba hacia él—. Estoy casada con tu padre.—Precisamente por eso necesito establecer un límite.—¿Ahora necesitas límites?Noah soltó una risa amarga.—Los he necesitado desde Madrid. Simplemente tardé demasiado en comprenderlo.—No puedes besarme de esa manera y después actuar como si no sintieras nada —repliqué.—No estoy fingiendo —respondió N

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    OLIVIANo tenía ningún motivo para esperar a Noah.Eso me repetí mientras permanecía en el salón de la mansión, mirando por tercera vez el mensaje que me había enviado.Lo había leído frente al restaurante, segundos después de verlo salir con Camille aferrada a su brazo. No respondí. Tampoco pensaba admitir que aquella imagen llevaba horas atormentándome.Cuando la puerta principal se abrió, apagué la pantalla del teléfono.Noah entró con una carpeta bajo el brazo. Al descubrirme junto a la chimenea, se detuvo y observó el salón vacío.—¿Estabas esperándome? —preguntó mientras cerraba la puerta.—No —respondí con demasiada rapidez.Noah arqueó una ceja.—Claro.Dejó la carpeta sobre una mesa y comenzó a quitarse el abrigo. Parecía demasiado tranquilo para un hombre que acababa de cenar con la mujer que había sido amante de su padre durante seis años.—¿Disfrutaste tu cita con la amante de tu padre? —pregunté, incapaz de contenerme.Noah se quedó inmóvil con el abrigo entre las manos.

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