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Capítulo 6

Autor: Hanabi
last update Fecha de publicación: 2026-07-31 22:29:52

OLIVIA

El cierre de mi vestido descendió apenas unos centímetros, pero fue suficiente para que el aire frío del automóvil me erizara la espalda por completo.

Noah hundió la boca en mi cuello con una lentitud perversa, mordisqueando la piel sensible mientras una de sus manos me apretaba el muslo por debajo de la tela, subiendo con un descaro que me cortó la respiración. La otra mano se quedó fija en la cremallera, esperando mi rendición.

—Dime que estás segura —gruñó contra mi piel, con la respiración entrecortada y caliente.

—Lo estoy.

Me giré sobre su regazo sin darle tiempo a procesarlo. Le enredé los dedos en el cabello y le estampé la boca en un beso voraz, hambriento, desesperado. La lluvia azotaba el techo del auto como metralla, empañando los vidrios mientras Noah me aferraba de la cintura con una fuerza brutal, aplastando mi cuerpo contra el suyo hasta que sentí la dureza implacable de su erección presionando contra mi entrepierna.

—Olivia... aquí no —soltó contra mis labios, jadeando, con los ojos verdes encendidos en una necesidad salvaje—. Llevo tres años soñando con tenerte. No voy a hacerte mía en el asiento trasero de un auto. Ven a mi departamento.

El trayecto fue una tortura silenciosa. Cada semáforo en rojo era una excusa para que su mano grande y pesada se colara entre mis piernas, acariciándome sobre la ropa interior húmeda hasta hacerme morder el labio para no gemir.

En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el piso del penthouse, la contención voló en mil pedazos.

Noah me empujó contra la pared del vestíbulo a oscuras. Me quitó el aire de la boca con un beso salvaje que sabía a licor y a posesión. Sus manos bajaron de golpe por mi espalda, tirando de la cremallera hasta el final.

El sonido seco del metal contra la madera resonó en la entrada cuando me arranqué el anillo de compromiso de William y lo tiré sobre la consola.

—Ahora soy toda tuya —le siseé al oído.

Noah me miró como si quisiera devorarme entera. Le desgarré los botones de la camisa mientras él me despojaba del vestido blanco, dejándolo caer al suelo como un trapo inútil. Mis pechos desnudos quedaron al descubierto bajo la penumbra de los rascacielos. Noah soltó un gruñido gutural, se inclinó y atrapó uno de mis pezones entre sus labios ardientes, chupando y mordiendo con un hambre que me arqueó la espalda y me sacó un gemido desgarrador.

Me levantó en vilo de los muslos sin romper el contacto. Enredé mis piernas alrededor de sus caderas mientras me llevaba a la habitación a zancadas, devorándome la boca, el cuello, el escote.

Me arrojó sobre el colchón y cayó encima de mí como un depredador. Se deshizo del pantalón en un movimiento frenético. Estaba imponente, hinchado, palpitando de deseo puro contra mi abdomen.

Noah me abrió las piernas sin rodeos, encajándose entre mis muslos. Deslizó sus dedos por mi humedad, frotando mi clítoris con una presión firme y experta que me hizo clavarle las uñas en la espalda ancha hasta casi sacarle sangre.

—Maldita sea, Olivia... estás empapada por mí —gimió con la voz completamente rota, rozando la punta de su miembro contra mi entrada ardiente.

—Noah, por favor... ya —le supliqué, levantando las caderas hacia él, enloquecida por la fricción.

Se inclinó, me tomó la mandíbula con una mano y se hundió dentro de mí de una sola estocada profunda, implacable y perfecta.

El impacto me llenó por completo, arrancándome un grito ahogado que Noah selló de inmediato con su lengua. La sensación era abrumadora, densa, pura pólvora. Empezó a moverse con un ritmo salvaje y descarado, entrando y saliendo de mi cuerpo con una fuerza que hacía crujir la cabecera de la cama contra la pared.

Cada embestida suya chocaba directo contra mi punto exacto. El calor era sofocante, el sonido de nuestras pieles estrellándose en la oscuridad me nublaba la mente y el ritmo se volvió frenético. Me aferré a sus hombros sudorosos, guiándolo más adentro, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la forma en que su cuerpo me reclamaba centímetro a centímetro.

—Mírame, Olivia —me exigió con la voz ronca, acelerando las embestidas hasta un límite insoportable—. Mírame a los ojos y siente de quién eres.

Lo miré en medio de la penumbra. Sus ojos verdes brillaban con una devoción salvaje mientras sus caderas golpeaban las mías sin piedad. La ola me golpeó sin previo aviso: las paredes de mi cuerpo se contrajeron con una violencia deliciosa sobre él, atrapándolo en un orgasmo demoledor que me hizo arquear el cuello y temblar entera.

Al sentirme desmoronar, Noah perdió el control. Soltó un gemido hondo, hundió las caderas hasta el fondo por última vez y se derramó dentro de mí con espasmos largos y ardientes, temblando sobre mi pecho mientras recuperaba el aliento.

Nos quedamos tendidos enredados en las sábanas empapadas, con el sudor enfriándose sobre nuestra piel y la respiración aún agitada. Noah me rodeaba con un brazo firme, acariciándome la cadera con posesividad absoluta.

El silencio de la madrugada era perfecto. Hasta que un portazo brutal en la entrada del penthouse rompió la calma como un disparo.

Noah se tensó de golpe sobre la cama.

Unos pasos pesados avanzaron por el pasillo.

—¡Noah! —la voz de William retumbó por todo el departamento.

El pánico me congeló la sangre en las venas. Miré a Noah, que saltó de la cama poniéndose el pantalón a oscuras.

Entonces recordé la entrada.

Mi vestido tirado en el suelo. Y justo al lado, el anillo de diamantes sobre la mesa.

Los pasos se frenaron en seco justo detrás de la puerta cerrada de la habitación. El pomo de metal comenzó a girar despacio.

—Abre la puerta, Noah —la voz de William sonó cargada de una furia asesina—. Encontré el vestido de Olivia en tu sala... y el anillo en la entrada. Quiero que me expliques ahora mismo por qué mi prometida no lleva nada puesto.

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