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Capitulo 5

Autor: Hanabi
last update Data de publicação: 2026-07-14 00:40:15

OLIVIA

—Entonces esta noche acabas de quedarte sin hijo y sin prometida.

Noah no esperó la respuesta de William. Entrelazó sus dedos con los míos y me condujo fuera de la mansión antes de que su padre pudiera detenernos.

Solo cuando las puertas del automóvil se cerraron comprendí lo que acababa de hacer.

Había abandonado mi casa, mi boda y siete años de mi vida.

Con el hijo del hombre que acababa de traicionarme.

Noah arrancó sin preguntar adónde quería ir. Yo tampoco lo sabía. Apoyé la frente contra la ventanilla y dejé que las lágrimas cayeran mientras los edificios de Nueva York pasaban frente a nosotros.

Mi teléfono vibró dentro del bolso. William. Rechacé la llamada. Volvió a sonar segundos después y lo apagué.

Noah no comentó nada. Se limitó a conducir hasta que las luces del centro quedaron atrás y apareció un mirador frente a los rascacielos. Antes de llegar habíamos pasado por una tienda abierta toda la noche; él había entrado y salido con una bolsa pequeña.

Al estacionar, me cubrió los hombros con su abrigo.

—Vas a congelarte.

Me aferré a la tela. Olía a madera y bergamota, exactamente como aquella noche en Madrid.

Noah sacó dos cervezas de la bolsa y me ofreció una.

—No va a arreglar nada —dijo—, pero quizá consiga que dejes de temblar.

—No estoy temblando por el frío.

—Lo sé.

Nos sentamos sobre el capó. Yo bebí un trago; él mantuvo su botella cerrada entre las manos.

Durante unos minutos contemplamos la ciudad sin hablar. Al otro lado del río, las ventanas iluminadas parecían pertenecer a vidas donde nadie acababa de descubrir que su prometido llevaba meses engañándola.

—¿Qué pasó allá atrás, Olivia?

Apreté la botella.

—No quiero hablar de eso. Es algo entre tu padre y yo.

—Si vas a pedirme que respete tus límites, lo haré. Pero no voy a fingir que no te vi llorando por él.

—No estaba llorando por él.

—¿No?

—Lloraba por mí. Por los siete años que perdí.

La expresión de Noah cambió apenas.

Volvió a observar la ciudad.

—¿Hay otra mujer?

No respondí. El silencio fue suficiente.

Noah soltó una risa breve, sin rastro de humor.

—Por supuesto que la hay.

—¿Lo sabías?

—No sabía que existía alguien en particular. Pero conozco a mi padre.

—Yo creía conocerlo también.

El viento levantó algunos mechones de mi cabello. Noah extendió la mano por instinto, pero se detuvo antes de tocarme.

—¿Alguna vez te preguntaste por qué mi padre y yo dejamos de llevarnos bien?

—Pensé que era por la empresa.

—Eso vino después. Cuando era adolescente descubrí que engañaba a mi madre. Al principio quise creer que había ocurrido una sola vez. Después encontré pruebas de que llevaba años haciéndolo.

La botella pesó de repente entre mis manos.

—Nunca me contaste eso.

—No quería convertirte en parte de la guerra entre ellos.

—Diana tampoco dijo nada.

—Mi madre aprendió que advertirle a una mujer enamorada suele conseguir exactamente lo contrario.

Noah guardó silencio antes de continuar.

—Al final la dejó por una modelo de la mitad de su edad.

Comprendí a quién se refería antes de que terminara de mirarme.

—¿Por mí?

—Mi padre te dijo que ya estaban separados cuando te conoció, ¿verdad?

—Dijo que llevaban más de un año.

—Mi madre todavía vivía en la mansión cuando empezaste a salir con él.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—No. Eso no puede ser verdad.

—Olivia, tú no lo sabías.

—Diana me ha visto durante siete años. Ha compartido cenas conmigo. ¿Cómo pudo…?

—Porque ella también entendió que mi padre te mintió.

Volví a mirar mi anillo. William me lo había colocado a la fuerza antes de abandonar la mansión, como si todavía pudiera marcarme como suya.

—Entonces nuestra relación empezó con una mentira.

—Sí.

Se me escapó una risa amarga.

—Supongo que también terminará con una.

Le conté sobre Camila, los mensajes, los hoteles y la promesa de que la boda no cambiaría nada. También repetí lo que William había dicho al recordarme que mi carrera, mi dinero y mis contactos dependían de él.

Noah se levantó.

—¿Te dijo eso?

—Tenía razón.

—No. Consiguió que lo creyeras. Es distinto.

Caminó hasta la barandilla y apoyó las manos sobre el metal.

—Maldito hijo de puta.

La vergüenza regresó antes de que pudiera detenerla.

—Soy una idiota. Pensé que conmigo sería diferente.

Noah se volvió de inmediato.

—Escúchame bien. No tienes nada de qué avergonzarte. Tú confiaste en alguien a quien amabas. El que debería estar preguntándose qué demonios va a hacer con su vida es él.

—Lo dejé todo por William.

—Entonces ya es hora de descubrir qué puedes construir sin él.

Aquellas palabras encontraron un lugar dentro de mí que creía destruido. Bebí lo que quedaba de mi cerveza, me levanté y avancé hasta la barandilla.

—¡Al diablo con William Bennett! —grité hacia la ciudad—. ¡Lo amé, pero puede irse directamente al infierno!

Mi voz se perdió entre los edificios. Cuando me giré, Noah me observaba con una expresión que nunca le había visto.

—¿Qué? —pregunté.

—En Madrid no sonreíste así.

La sonrisa desapareció lentamente de mis labios.

—Noah…

—Aquella noche me besaste y saliste corriendo como si hubieras cometido un crimen. Pasé tres años preguntándome si alguna vez volvería a verte.

Las primeras gotas comenzaron a caer. Me aparté de la barandilla y caminé hacia el automóvil, intentando ordenar todo lo que acababa de descubrir.

La lluvia y el alcohol ocultaron sus pasos.

No lo escuché llegar. La lluvia y el alcohol ocultaron sus pasos. Cuando me volví, ya estaba frente a mí, tan cerca que sentí su respiración sobre mis labios.

—Si quieres que me aleje, dilo —murmuró.

Debí hacerlo. Debí recordar el anillo que llevaba puesto, la boda del día siguiente y el apellido del hombre que tenía delante.

En lugar de eso, lo sujeté de la corbata y lo besé.

Noah se quedó inmóvil un instante. Después sostuvo mi cintura y respondió con una intensidad que me hizo olvidar el frío. Cada vez que yo dudaba, él se detenía, esperando que confirmara que quería continuar.

Y quería.

Sabía perfectamente quién era. Precisamente por eso, el beso se sentía tan peligroso.

Abrió la puerta trasera del automóvil y entramos. La puerta se cerró, aislándonos del resto de Nueva York.

En la penumbra, Noah me recostó contra el asiento. Antes de continuar, apoyó una mano junto a mi cabeza y esperó a que lo mirara.

—Olivia.

—No digas mi nombre.

—Necesito que me escuches. Todavía puedes pedirme que pare.

La luz de la calle se reflejó en mi anillo. Pensé en William, en la boda y en todas las mentiras que acababa de descubrir.

Después miré a Noah.

—No quiero que pares.

Volvió a besarme. Sus dedos llegaron al cierre de mi vestido, pero se detuvieron.

—Desde Madrid —confesó—. No he podido dejar de pensar en esto desde Madrid.

Lo atraje hacia mí, desesperada por acallar la culpa y el recuerdo de aquel beso prohibido que habíamos compartido tres años atrás.

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Comentários (2)
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Rashel Rashelita
Massssssssss
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maría del mar
ufffffffrerereeffff
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