Compartir

El juguete del abogado
El juguete del abogado
Autor: Daly3210

Capítulo 001

Autor: Daly3210
last update Fecha de publicación: 2026-07-02 05:54:35

—¿Estás seguro de que es virgen?

—Lo es.

Dos personas intercambiaron dinero en ese instante.

La joven, cuya presencia parecía no tener la menor importancia para ellos, observó con atención cómo era vendida por una noche.

Luego le arrojaron una prenda diminuta de color blanco que no debería ni siquiera ser considerada ropa.

Lo que vino después fue una sucesión de actividades. Lavaron su cuerpo, lo perfumaron y la revistieron en aquel babydoll que no dejaba nada a la imaginación.

Estefanía observó su reflejo en el espejo. No se podía reconocer. Su rostro empolvado, sus labios pintados de un escandaloso color rojo. Jamás había usado maquillaje antes.

—¡Está lista! —anunciaron.

Poco después fue arrastrada a un auto. Solo llevaba encima un abrigo. Su cuerpo se sentía entumecido y no era por el frío de la noche. Sus piernas temblaban sin control, llevándose la valentía que con gran esfuerzo había logrado reunir.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras observaba el recorrido por la ventanilla, repitiéndose una y otra vez que esto lo hacía por su hermanito.

«Javier, te lo prometo, te sacaré de aquí», le había dicho ella antes de marcharse de ese orfanato.

Había pasado solo una semana desde que cumplió la mayoría de edad y abandonó el lugar donde vivió los momentos más duros de su infancia. Una semana desde que, sin querer, escuchó los planes macabros que el director del orfanato tenía para con su hermano.

«Los muchachos están listos. Con un poco de entrenamiento, servirán para cualquier trabajo».

Y luego de entregarle su planilla de egreso, con esa falsa actitud afable, vino aquel consejo no solicitado:

—Estefanía, sé lo mucho que quieres a tu hermano, pero debes ser realista. Deja que Javier encuentre una familia que lo adopte y le dé las posibilidades de superarse que tú no puedes ofrecerle ahora mismo. De hecho, estoy hablando con unas personas muy importantes... es muy probable que lo adopten el próximo mes. Estará en buenas manos, te lo aseguro.

El auto se detuvo y ella se limpió las lágrimas rápidamente, tratando de serenarse.

«¿Adoptar?», bufó dentro de sí.

Sabía bien que aquello no era más que una pantalla de humo. Necesitaba sacarlo de allí antes de que fuera demasiado tarde. Y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguirlo.

Así fue como terminó en medio de aquel departamento.

El abrigo ya no estaba sobre su cuerpo. Solo era ella con esa prenda diminuta, esperando que la puerta se abriera, contando mentalmente los segundos.

De repente se escuchó el clic de la cerradura. Los ejercicios de respiración que había hecho durante varios minutos quedaron en el olvido. Sentía un pánico tremendo que no lograba combatir.

La silueta de un hombre apareció frente a sí, sin darle tiempo a reaccionar del todo. Las luces del lugar seguían apagadas y ella solo tenía una frase para decir:

—Feliz cumpleaños… —balbuceó con voz trémula, demasiado bajo, demasiado lamentable para poder ser oída por el recién llegado.

Sin embargo, él lo hizo. La escuchó.

—¿Quién eres?

La pregunta la alcanzó justo en el instante en que las luces se encendían, dándole la sensación de estar en medio de un juicio.

El individuo la observó durante un par de segundos sin expresión, chasqueó la lengua con hastío y lanzó al sofá el maletín que llevaba en la mano. Dándole la espalda, sacó su teléfono y marcó un número.

—¿Es en serio? ¿Esta es la sorpresa de la que hablabas?

Ella solo alcanzó a descifrar la palabra “disfruta” en forma de burla proveniente del otro lado de la línea. El hombre habló entonces sin mirarla.

—Vístete.

La orden fue firme, sin derecho a réplica. Se estremeció ante la sorpresa. El poder que desprendía aquella voz la dejó paralizada.

—¿Estás sorda? —gruñó él, mirándola de reojo con una expresión feroz. Sus ojos marrones desprendían una furia que parecía difícil de contener.

Nadie la había preparado para el rechazo. Ella llevaba horas devanándose los sesos sobre cómo comportarse al momento del acto y ahora se daba cuenta de que simplemente no sucedería.

Pero necesitaba que sucediera.

Ya había agotado todas las opciones. La policía no la escuchó. Nadie creyó sus acusaciones contra el director del orfanato.

Esa noche era su último recurso.

El hombre que tenía enfrente perdió la paciencia al ver que no se movía. Se giró y caminó hacia ella con grandes zancadas, tomándola del brazo para arrastrarla sin piedad hacia la puerta.

—No he pedido los servicios de ninguna prostituta. ¡Lárgate de aquí!

El insulto fue un golpe directo a su pecho. Sentía que se asfixiaba. Las lágrimas le nublaban la vista.

Prostituta.

A eso se había reducido.

Sin embargo, no tuvo más opción que decir:

—Por favor, déjeme cumplir con mi trabajo.

Sabía bien que esto podía ser aún peor. Su amiga Carolina ya se lo había advertido: «Con suerte no te tocará un tipo viejo y gordo». Fue ella precisamente quien le dio la idea de vender su virginidad por una buena suma de dinero.

Tuvo suerte en medio de su desgracia. Este hombre no era ni viejo ni gordo. Mucho menos feo, aunque su aura la intimidaba de una manera que apenas podía soportar.

—Por favor… —se aferró a su brazo firme y musculoso, mientras elevaba la mirada hacia él.

El hombre no se inmutó.

Su desprecio era absoluto, observándola como si le diera asco.

Ella no era más que una prostituta a sus ojos.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El juguete del abogado   Capítulo 129

    —Javier, ven, siéntate, quiero hablar sobre algo —le dijo Estefanía a su hermano esa mañana.El rostro del muchacho se puso rígido al instante y ella rió suavemente, sacudiendo una mano.—¿Por qué esa cara? —se burló al ver que Javier parecía haber sido atrapado en alguna travesura, aunque, claro, no era el caso—. No es nada malo.Ella lo llevó hasta el sofá sosteniendo su mano y lo hizo sentar a su lado.Una vez estuvieron sentados muy cerca, Estefanía sonrió dulcemente, detallando el rostro serio y apuesto del joven.No pudo evitar extender la mano y acariciar su mejilla, sorprendiéndose al sentir la sombra casi imperceptible del vello fino que empezaba a despuntar en su piel. Era evidente que se había rasurado.«Su hermanito ya se rasuraba», pensó de repente, abriendo los ojos con asombro.¿Cuándo aprendió?¿Quién le enseñó?Ella ni siquiera era capaz de hacer esas preguntas, demasiado desconcertada por aquel rostro cuyas facciones infantiles habían pasado a la historia. Su mandíbu

  • El juguete del abogado   Capítulo 128

    Graciela estaba dando vueltas en la habitación con una muñeca en brazos. La mecía suavemente, arrullandola como si se tratara de su propia hija. Cuando la puerta del departamento se abrió esa mañana, ella alzó la cabeza bruscamente con los ojos iluminados. Una sonrisa se apoderó de su rostro cansado y ojeroso, antes de susurrar con dulzura:—Papá, llegó, mi amor. Míralo. ¡Es papá!El hombre de pie bajo el umbral esbozó una mueca de puro desdén, mientras observaba a la mujer acercarse con desbordada devoción. —Pasa y siéntate, Cristian. Te prepararé algo para desayunar. Su tono de voz, su postura, todo denotaba que era la viva imagen de una esposa recibiendo a su marido. Cristian se limitó a decir: —¿Estás cuidando bien de mi hija? Sus palabras contenían una acusación que hizo que Graciela sintiera la necesidad de demostrar que estaba cumpliendo bien con su trabajo.—¡Sí! Sí, mi amor, la estoy cuidando muy bien —se apresuró a decir ella, atolondrada. Se pegó la muñeca al pecho

  • El juguete del abogado   Capítulo 127

    Estefanía estaba sentada en la mesa del comedor, tomando pequeños sorbos de una sopa de verduras que Sonya le había preparado.Cristian solo la había acompañado hasta dejarla instalada. Después de asegurarse personalmente de que no saldría ese día y estaría tranquila en casa, se había marchado a resolver algunos asuntos urgentes. Para ser sincera consigo misma, la ausencia de su esposo le daba un poco de respiro.Su mente era un campo de batalla constante. Llena de pensamientos, dudas y temores. Solo estando sola podía sentir que respiraba.—Pruebe un poco más de este caldo, señora —insistió Sonya, acercándole el plato un poco más mientras acomodaba la servilleta a un costado—. Lleva espinacas y zanahorias frescas. El doctor dijo que el hierro es fundamental para el bebé en estas primeras semanas.Estefanía suspiró para sus adentros, sosteniendo la cuchara a mitad de camino.Llevaba menos de un día sabiendo que estaba embarazada y la sobreprotección de todos comenzaba a resultar abrum

  • El juguete del abogado   Capítulo 126

    —A partir de ahora, su salud y la del bebé dependen de un entorno completamente libre de estrés, señora.Las palabras del médico hicieron que Estefanía levantara la vista de las sábanas blancas.Bebé.Todavía no podía procesar que había un pequeño ser creciendo dentro de su vientre.Este bebé era el fruto de su amor por Cristian… un hombre que, a pesar de sus más recientes descubrimientos, no dejaba de ocupar un lugar en su corazón.Sin embargo, jamás pensó que esto realmente sucedería. Tanto tiempo deseándolo y, justo cuando había dejado de quererlo, simplemente se cumplía.A veces el destino era demasiado irónico e impredecible: ella había pedido el divorcio y ahora estaba embarazada.No había manera de escapar. Nunca la hubo.—Nada de impresiones fuertes, cero discusiones y reposo absoluto por las próximas semanas —continuó el doctor, enfocando la mirada en ella directamente—. Su tensión arterial cedió gracias a los fármacos, pero su cuerpo estuvo al límite. Una crisis como la de a

  • El juguete del abogado   Capítulo 125

    Cuando Cristian entró en la habitación del hospital, la imagen que lo recibió le hizo sentir una repentina opresión en el pecho.Estefanía estaba sentada sobre la cama, muy quieta. Tenía la mirada perdida en la nada, sin más lágrimas, pero con los párpados hinchados y enrojecidos.Parecía una muñeca sin vida. Preciosa. Pero dolorosamente rota.Al notar su presencia, sus hermosos ojos verdes se giraron hacia él apenas un segundo.—Yo... no sé cómo pasó... —murmuró con la voz rota y apagada.Sus palabras débiles e inocentes le provocaron otra punzada en el corazón.No soportaba verla así.Acortó la distancia despacio y se sentó en el borde de la cama, tomándole el rostro con infinita delicadeza para besar su frente de forma prolongada, respirando su aroma.—Eso no importa, mi amor —susurró contra su piel—. Ahora vamos a tener un bebé... ¿No te gusta la idea?La mirada de Estefanía volvió a perderse en el vacío, como si flotara en una neblina. Llevó una mano temblorosa hacia su abdomen y

  • El juguete del abogado   Capítulo 124

    Estefanía solo asintió cerrando los ojos, mientras una nueva lágrima se deslizaba por su mejilla.Cristian sabía que algo estaba mal, porque ella no parecía dispuesta a sostenerle la mirada ni a hablar demasiado.Su temor era más que evidente.Y eso le molestaba.Le molestaba, pero no por ella, ni con ella. Jamás sería con ella.—¿Puedo salir un momento y confiar en que vas a esperarme?Sus hermosos ojos se abrieron de nuevo, observándolo bajo esas pestañas húmedas y lastimeras.Estefanía asintió despacio.—Háblame —exigió él ante su silencio.—Yo… te esperaré —pronunció ella, lentamente, como si midiera cada palabra.Cristian chasqueó la lengua.—No lo vas a hacer —dijo, conteniendo la rabia—, pero está bien, Estefanía. Miénteme.Ella se tensó un poco y volvió a esquivarle la mirada.Su mujer iba a huir en cuanto él cruzara esa puerta, ¿no era más que obvio?Suspiró con agotamiento.Hace un momento había perdido un poco el control, lo admitía. Pero jamás le haría daño.Cristian se al

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status