Compartir

Capítulo 6

Autor: Leslie g
last update Fecha de publicación: 2025-11-28 12:15:00

Cuando ya estaba lista, recibo un mensaje. Sorprendentemente era de Andrew. No sé cómo consiguió mi número, pero me siento aliviada: está confirmando nuestra cena.

Me envía la dirección de un restaurante bastante conocido, así que tuve que atravesar la ciudad con este vestido y tacones… pero no importa.

Por primera vez en mucho tiempo me siento hermosa.

Por primera vez en años me doy un respiro del trabajo, y disfrutaré de una cena sin pensar en la deuda.

Llego al enorme y elegante restaurante al que jamás pensé poner un pie.

Una mujer de sonrisa impecable me recibe. Sus ojos se agrandan cuando menciono el nombre “Andrew Palvin”.

Me escoltan con amabilidad. No a las mesas comunes, no.

A una sala privada, decorada como si fuera un pequeño palacio.

Enderezo la espalda. Siento que incluso mi forma de respirar no va con este lugar.

Dos hombres en la entrada abren la puerta para mí.

Los miro incómoda y, cuando levanto la vista, lo veo a él.

Andrew toma un sorbo de vino con esa calma arrogante que solo él puede tener.

Su traje perfecto. Su cabello impecable. Esa sensación de pertenecer a cualquier lugar sin esfuerzo.

Camino despacio, tratando de controlar mis respiraciones.

Él levanta la vista y sonríe, complacido.

Sus ojos vuelven a recorrerme de pies a cabeza, sin pudor, y esta vez se detienen en mi escote.

Me observa mientras bebe su copa, como si disfrutarlo fuera parte del ritual.

Las palabras de Rubí vuelven a mi mente.

Y comienzo a entenderlas.

Aquí no importa quién es él o quién soy yo.

Ni su clase social ni la mía.

Aquí solo soy una mujer.

Y él, un hombre.

Y por naturaleza —y por primera vez— tengo ventaja.

Suspiro antes de entrar en personaje.

Tal vez yo no sea capaz de llevar esta noche…

pero puedo fingir ser alguien que sí:

alguien más descarada, más segura, más… como Hellen.

—Buenas noches —digo con una sonrisa cortés mientras me siento frente a él.

Él me devuelve la sonrisa y hace un gesto para que nos traigan el menú.

—Veo que me hiciste caso. Te ves muy hermosa.

—Gracias. Usted también se ve muy bien —respondo mientras leo el menú. Solo veo alcohol. Y ningún precio.

Lo miro en pánico y él ríe para sí mismo.

Andrew es rápido; capta todo.

Hace una seña al mesero y ordena vino y todos los platillos.

Luego quedamos solos.

—Este restaurante tiene un único menú. El vino que pedí es uno de los mejores que he probado. O eso dice el sommelier.

Su mirada es amable, cálida incluso.

He tratado con hombres del medio durante años y pocos tienen ese carisma.

Me halaga que parezca una buena persona.

Solo necesito caerle bien y pedirle un favor. Nada más.

—¿Sabes por qué estás aquí? —pregunta sin apartar la mirada de mí.

—Porque le ayudé a elegir un anillo y me gané esta cena —respondo, intentando sonar natural.

Él ríe para sí.

El aire se vuelve extraño.

Pesado.

Cargado de algo que no sé nombrar.

—¿Por qué alguien como yo desperdiciaría una cena solo por eso? —pregunta. Me quedo en silencio—. Tenía curiosidad. Te conozco desde hace… ¿dos años? ¿Uno? Siempre fuiste invisible. Te vi como chofer, como asistente, como sirvienta de Hellen. Siempre apagada. Siempre cansada. Los restos de una mujer. Con esa mirada muerta, como si hubieras renunciado a tus sueños.

Aprieto mis manos bajo la mesa.

Su voz penetrante, sus palabras afiladas como cuchillas.

Así es como me ven.

Así es como viví mi vida.

—Pero de repente —continúa— entraste a mi oficina con una pequeña llama en la mirada. Y tuve curiosidad. Tengo curiosidad —corrige—. ¿Cuál es el motivo por el que quisiste verme? ¿Por qué te pusiste ese vestido escotado? ¿Por qué fijas inocencia frente a mí?

—¿Fingir inocencia? —repito, incrédula.

—Tengo varias teorías —dice, alzando una ceja—. Número uno: quieres vengarte de los malos tratos de Hellen seduciéndome. Y te lo digo desde ahora: jamás la dejaría por ti. Sin ofender —añade, tomando otro sorbo—. Seguro eres encantadora a tu manera.

Suelta veneno con la misma suavidad con la que otros respiran.

Claro.

Tenía que haber algo muy podrido en él para estar con alguien como Hellen.

—O quizás —continúa— lo que quieres es usarme. Sabes que me llaman “el boleto dorado de Hollywood”. Todas mis amantes terminan en la cima. ¿Es eso lo que buscas? ¿Meterte en mi cama para que te consiga algo?

Muerdo mis labios.

Sin pensarlo, tomo la botella y me sirvo más vino.

Él me mira confundido, expectante.

Suelto una risa seca.

Estoy cansada.

Una vez más me ilusioné… y otra vez me topo con un muro.

Toda una vida trabajando duro, en silencio, tragando humillaciones…

y para qué.

No tengo nada que perder.

Bebo mi copa entera de un solo trago.

Andrew alza las cejas, sorprendido.

—¿Y qué? —pregunto, dejando la copa en la mesa—. Si te digo que quiero usarte. Abrirte las piernas. Y que tú me abras las puertas del éxito… ¿Qué dirías tú?

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 172

    Eva La recuperación no fue un milagro, fue esfuerzo. Fue aprender a mover los dedos otra vez sin que me doliera el alma. Fue caminar diez pasos, luego veinte, luego llorar en silencio por haberme cansado tan rápido. Fue terapia física por la mañana y terapia emocional por la tarde. Fue mirarme al espejo y aceptar la cicatriz en mi brazo y abdomen como parte de mi historia, no como el final de ella. Al principio odiaba la lentitud. Yo siempre había corrido. Ahora tenía que aprender a quedarme quieta. Andrew estuvo en cada etapa. No como el empresario imbatible ni como el hombre que enfrentó tribunales, sino como el esposo que me sostenía el cabello cuando las medicinas me mareaban y que celebraba conmigo cuando lograba subir una escalera sin ayuda. Nuestro hijo se convirtió en mi motivación diaria. Me mostraba sus dibujos y decía que yo era “la más fuerte del mundo”. Yo le sonreía, pero en realidad era él quien me estaba reconstruyendo. Rubi dejó de mirarme como si fuera

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 171

    Andrew Habían pasado días desde aquel leve apretón de mano. Días de micro movimientos. De párpados que temblaban. De médicos que hablaban en términos técnicos que yo ya entendía demasiado bien. “Respuesta neurológica favorable.” “Estimulación positiva.” “Pronóstico reservado pero esperanzador.” Yo ya no celebraba palabras. Celebraba gestos. Esa mañana estaba sentado a su lado como siempre, con el café frío en la mesa auxiliar y su mano entre las mías. —Hoy tu hijo decidió que quiere aprender a andar en bicicleta —le contaba—. Dice que tú vas a enseñarle porque yo soy demasiado dramático cuando se cae. Nada. Pero seguí. —Rubi volvió a pelear con un periodista en redes. Te extraña. No sabe cómo no extrañarte. Mi voz se quebró apenas al decirlo, y fue justo en ese instante cuando algo cambió. No fue un sonido claro ni un movimiento evidente, sino una variación mínima en su respiración, un ritmo distinto, como si su cuerpo estuviera intentando recordar el camino de regreso. Le

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 170

    Andrew El monitor mide el tiempo con una precisión cruel, más exacta que cualquier reloj en la pared. Cada pitido atraviesa el silencio del cuarto y me recuerda que sigue aquí, que su corazón no ha dejado de luchar. Y, aun así, sus ojos permanecen cerrados. Han pasado días. O semanas. El hospital tiene una forma cruel de borrar la noción del tiempo. La luz nunca cambia del todo y el silencio siempre pesa igual. Estoy sentado junto a su cama cuando abro los ojos cada mañana, aunque en realidad no me he ido. Duermo en la silla, con la cabeza apoyada en el borde del colchón, porque irme a casa sin ella se siente como traición. Le tomo la mano todos los días y me quedo así, entrelazando mis dedos con los suyos como si el contacto pudiera anclarla al mundo. Le hablo sin pausa, le cuento cosas simples, cotidianas, detalles pequeños de la vida afuera, como si esa normalidad que compartimos durante años pudiera guiarla de regreso hasta mí. —Hoy nuestro hijo intentó convencerme de que

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 169

    Rubi Daniel llegó como si el hospital fuera a derrumbarse si no entraba corriendo. Lo vi aparecer al fondo del pasillo, desorientado, buscando con la mirada algo que no quería encontrar. Tenía el cabello despeinado, la respiración descontrolada, y por primera vez no parecía una estrella de cine. Parecía un hombre asustado. —¿Dónde está? —preguntó apenas llegó—. ¿Cómo está Eva? Andrew no respondió enseguida. Seguía mirando la puerta del quirófano como si su vida dependiera de no apartar los ojos. —Está en cirugía —dijo al fin. Daniel tragó saliva. —¿Y el niño? —Con mis padres. Asintió, pero no creo que realmente escuchara. Todos estábamos oyendo lo mismo: el silencio detrás de esa puerta. Yo tenía el teléfono en la mano. Error. Internet ya lo sabía. Siempre lo sabe. “Tragedia tras la liberación de Hellen.” “¿Ataque premeditado?” “Hellen salió de prisión para vengarse.” Cada notificación era una puñalada nueva. Leí un comentario sin querer. “Era cuestión de tiempo. Sa

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 168

    RubiEl sonido fue lo primero.Un pitido constante, insoportable, que parecía estar dentro de mi cabeza más que en la habitación.Abrí los ojos de golpe y lo primero que vi fue un techo blanco iluminado por una luz artificial demasiado intensa. El aire olía a desinfectante, a limpieza fría, a hospital. Intenté incorporarme y el mundo se inclinó como si el suelo no estuviera firme; algo tiró de mi brazo y al bajar la mirada descubrí la vía intravenosa conectada a mi muñeca.Entonces todo regresó de una sola vez.La casa.El disparo.La camilla.La sábana.—Eva…Mi voz salió quebrada, apenas un hilo. Nadie respondió. El silencio fue peor que cualquier explicación. Sin pensarlo, arranqué la vía; sentí el ardor breve en la piel, pero ese dolor no era nada comparado con el peso que me aplastaba el pecho. Bajé las piernas de la cama, me puse de pie aun cuando el cuerpo me traicionaba, y aunque temblaba, aunque la cabeza me daba vueltas, me obligué a caminar. No podía quedarme quieta. No mie

  • El marido de mi enemiga    Capítulo 167

    RubiDesde el momento en que Eva cruzó la verja supe que algo estaba mal.Era instinto. Ese tipo de sensación que aprieta el estómago sin pedir permiso.Esperé en el auto con la vista fija en el reloj del tablero, viendo cómo los minutos se estiraban más de lo normal. Uno. Tres. Cinco. El silencio alrededor de la casa era demasiado limpio, demasiado quieto. Entonces vi movimiento tras el vidrio de la entrada y mi estómago se cerró al reconocerla. Hellen. Apenas apareció en el marco de la puerta, no lo dudé; tomé el teléfono con manos que ya empezaban a temblar y marqué. Andrew contestó en el segundo timbrazo.—Estamos en casa de Hellen.—No es gracioso Rubi.—No estoy bromeando, Eva vino a hablar con ella pero no se tengo un mal presentimiento.No preguntó nada más.Escuché cómo su tono cambiaba de inmediato, cómo pasaba de voz tranquila a algo más urgente. Me dijo que no me moviera. Que si en diez minutos Eva no salía, llamara.No esperé los diez minutos que habíamos acordado. Algo e

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status