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La huida

Penulis: ARYO
last update Tanggal publikasi: 2026-04-24 22:56:27

Mateo condujo sin preguntar nada durante casi una hora. Solo cuando ya estaban lejos del pueblo, en la carretera que serpenteaba entre montañas, se atrevió a hablar.

—Val, necesito que me digas qué está pasando. No puedo protegerte si no sé de qué te estoy protegiendo.

Valeria miraba por la ventana, abrazándose las rodillas. Tenía los labios hinchados y todavía sentía el sabor frío de Kael en la boca.

—No me creerías —susurró.

—Pruébame.

Ella cerró los ojos. Las palabras salieron casi sin querer.

—Hay un… ser. Apareció después de que leí un libro viejo en la biblioteca. Cada vez que digo mi nombre completo, viene. Anoche me besó. Y yo… yo le respondí.

Mateo apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No dijo nada durante varios kilómetros.

—¿Te hizo daño? —preguntó al fin, con voz ronca.

—No… pero creo que quiere algo más que eso. Quiere que diga su verdadero nombre tres veces. Doña Rosa dice que si lo hago, me pertenecerá para siempre.

Mateo tomó la siguiente salida y detuvo el auto en un mirador desierto. Apagó el motor y se giró hacia ella.

—Mírame.

Valeria lo hizo. Los ojos de Mateo estaban llenos de miedo, rabia y algo más profundo.

—No voy a dejar que nadie te quite de mí —dijo con firmeza—. Ni un fantasma, ni un demonio, ni lo que sea que sea esa cosa. Tú no eres de nadie, Valeria. Eres tuya.

Ella sintió que algo se rompía dentro. Por primera vez en días, lloró de verdad. Mateo la abrazó por encima de la consola y le acarició el cabello.

—Vamos a encontrar la forma de romper esto —murmuró contra su pelo—. Te lo juro.

Mientras tanto, en la biblioteca, Kael estaba sentado en el mismo sofá donde Valeria solía leer. Doña Rosa estaba de rodillas frente a él, temblando.

—Suéltala —suplicó la anciana—. Ella no es como yo. No merece esto.

Kael pasó un dedo por el borde de la taza de té que Doña Rosa le había preparado hacía setenta años, la última vez que lo invocaron.

—Ella ya es mía, Rosa. Solo falta que lo acepte. Y cuando lo haga… —sonrió con crueldad— tú también pagarás por haber intentado esconderla de mí.

Fuera del pueblo, en el auto, Valeria se quedó dormida en los brazos de Mateo.

No vio que, en el espejo retrovisor, dos ojos completamente negros la observaban con paciencia infinita.

Kael no necesitaba perseguirlos.

Ya estaba dentro de ella.

Y solo era cuestión de tiempo antes de que pronunciara su nombre por tercera vez. Valeria despertó con un sobresalto. El auto estaba detenido en un motel de carretera. Mateo ya había bajado y estaba hablando con el recepcionista. Ella se tocó los labios; el frío del beso de Kael todavía estaba ahí.

Entraron a la habitación. Era sencilla, con dos camas. Mateo cerró la puerta con llave y puso una silla debajo del picaporte, como si eso pudiera detener a un ser que aparecía de la nada.

—Duerme un poco —le dijo—. Yo vigilo.

Ella se acostó sin discutir. El cansancio la venció en minutos.

En el sueño, Kael la esperaba.

Estaban en un salón antiguo, lleno de velas negras. Él vestía una túnica oscura y la miraba como quien mira algo que ya le pertenece.

—Huir no te salvará —dijo, acercándose—. Solo retrasa lo inevitable.

Valeria intentó retroceder, pero sus pies no se movían.

—¿Por qué yo? —preguntó—. ¿Por qué mi familia?

Kael le acarició el rostro con dos dedos, siguiendo el símbolo que ahora tenía en la mejilla.

—Tu bisabuela fue la última antes de ti. Ella pronunció mi nombre tres veces… y luego se arrepintió. Me encerró en ese libro. Ahora tú rompiste el sello. El lazo vuelve a cerrarse, pero esta vez no habrá escape.

Valeria sintió un calor peligroso subirle por el cuerpo.

—¿Y si nunca digo tu nombre otra vez?

Kael sonrió, inclinándose hasta que sus labios casi rozaron los de ella.

—Entonces te consumirás poco a poco. El sello se extenderá hasta tu corazón y te matará lentamente. ¿Eso es lo que quieres?

Ella no respondió. El sueño empezó a disolverse.

Antes de desaparecer, Kael susurró una última cosa:

—Dime mi nombre completo antes de que salga el sol, Valeria Solís… o mañana Mateo pagará el precio.

Valeria abrió los ojos de golpe en la habitación del motel.

Mateo dormía en la otra cama, respirando tranquilo.

Pero en el espejo del baño, reflejado claramente aunque la habitación estaba oscura, Kael la miraba con esos ojos negros y una sonrisa tranquila.

Estaba esperando su respuesta.

Y el amanecer estaba cada vez más cerca.

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