Valeria salió corriendo del sótano sin mirar atrás. Subió las escaleras tropezando, abrió la puerta de la biblioteca con tanta fuerza que la campanita casi se desprendió. Afuera llovía fuerte. No le importó. Corrió bajo el agua hasta llegar a su pequeño apartamento en la calle principal.Cerró la puerta con llave, puso el cerrojo y se apoyó contra ella, jadeando. Tenía la ropa empapada y el corazón desbocado.—Fue una pesadilla —repitió en voz baja—. Solo eso.Pero cuando encendió la luz del baño y se miró al espejo, se quedó congelada.En su mejilla izquierda, donde había sentido aquella caricia invisible, había aparecido una marca. Tres líneas finas y negras, como tres dedos que la hubieran tocado. No dolía, pero ardía. Y brillaba ligeramente en la oscuridad.—Dios mío…Se lavó la cara con agua fría una y otra vez. La marca no desapareció. Al contrario, parecía hundirse más en su piel, como un tatuaje recién hecho.El celular vibró sobre la mesa. Era Mateo.—¿Estás bien? Doña Rosa m
Última actualización : 2026-04-24 Leer más