Mag-log inNARRADOR OMNISCIENTE
Los recuerdos de aquella noche seguían tan vivos en la mente de Thaís que apenas podía sostenerle la mirada a Matteo. Matteo se habia disculpado, pues según el esa noche una supuesta reunión se habia extendido. —¿Aún estas enojada, cariño? —preguntó mirándola de reojo, mientras firmabalos documentos que Thaís le ponía sobre la mesa. —No quiero hablar ahora, firma —respondió de forma de contundente. Matteo sonrió con diversión. —Amor, este sábado mi padre anunciará quién ocupará la dirección ejecutiva. Estoy seguro de que seré yo —informó, cambiando el tema. —Te lo mereces amor. —Es gracias a ti, hermosa —susurró tomando la mano de ella y besándola—aunque se que eso queda solo entre nosotros, ¿verdad cariño? Thaís asintió. Desde que Thaís entró a Lockhart Construct, había sido la mente brillante detrás de cada éxito atribuido a Matteo Lockhart. Cada proyecto, cada logro, de cada idea millonaria, siempre estuvo detrás la mente extraordinaria de Thaís Laurent. —No te preocupes, cariño. Nunca nadie lo sabrá —respondió von una sonrisa tímida. Matteo sonrió satisfecho. Pero su mirada era calculadora y fría. Pero Thaís no lo supo descifrar. Su mente estaba toda en aquella intensa y oscura noche con ese desconocido. El sabado se presentó más rápido de lo que Thaís hubiera deseado. Era un dia al aire libre. Por lo que eligió un vestido azul celeste sencillo de tirantes. Renata tenía otras cosas que hacer. Asi que estaba sola. Más tarde, el jardín privado de la mansión era la personificación de la opulencia. Matteo había organizado una cena con amigos cercanos y familiares bajo el pretexto de celebrar un nuevo éxito financiero, aunque el verdadero motivo era otro. —Por favor, mi amor, perdóname —insistió Matteo delante de sus anigos por tercera vez en la noche, tomándole las manos a Thaís por encima de la mesa—. La reunión se extendió con los inversionistas extranjeros y cuando quise reaccionar, ya era de madrugada. Sé lo importante que era esa noche para los dos en el hotel, pero te prometo que te lo voy a compensar. —Vamos Thaís, perdonalo. Matteo da la vida por ti —instigó el mejor amigo de Matteo, Bruno. —Es cierto, Thaís. Ya no lo hagas sufrir —prosiguió su otro amigo y compañero de trabajo—tú eres su alma gemela. Thaís apenas podía mirarlo a los ojos. Asentía mecánicamente, esbozando una sonrisa ensayada que no le llegaba a la mirada. En su mente, las disculpas de Matteo eran un ruido de fondo que competía con el eco de los gemidos de la noche anterior, el dolor de su primera vez y la imagen de las sábanas manchadas. Sentía náuseas. La culpa le oprimía el pecho como un bloque de plomo. —No te preocupes, Matteo. Entiendo que el trabajo es primero —susurró con la voz un tanto apagada. Matteo sonrió, una sonrisa ensayada, que escondía perfectamente su verdadera intención. Thaís pensó que él malinterpretaba su timidez y su evidente distracción como un simple berrinche o el nerviosismo propio de una novia abrumada por los preparativos de la boda. Pero no era así. —Eres perfecta —dijo él, besándole el dorso de la mano—. Por eso eres la mujer de mi vida. Los presentes sonrieron con admiración. Matteo siempre sabía qué decir y cuándo decirlo. Para cualquiera que lo viera desde fuera, era el prometido perfecto. Atento, cariñoso y caballeroso. Nadie habría imaginado que detrás de aquella sonrisa impecable se escondía una mente capaz de planear la peor de las traiciones. En ese momento, las puertas de la entrada se abrieron y el murmullo de la conversación se detuvo en seco. El aire de la habitación pareció volverse más pesado, más denso. Theodore Lockhart entró al lugar. Vestía un impecable traje gris hecho a medida que resaltaba sus hombros anchos y su porte imponente. Su sola presencia exigía atención sin necesidad de pronunciar una palabra. A su lado, su jefe de seguridad dándole información sobre la chica de aquella noche y varios socios importantes de la firma lo escoltaban con evidente deferencia. —¿Ya la encontraste? —preguntó a Cooper mientras caminaba hacia el centro del lugar. —Sí, señor. Tengo toda su información en su despacho. No le va a gustar para nada lo que encontré. Theodore sonrió. No le importaba qué encontrara sobre ella. Tenía que volver a verla, esa mujer tenía que ser suya. Al escuchar los saludos, Thaís giró la cabeza y toda la sangre se le drenó del rostro. El corazón le dio un vuelco violento contra las costillas, tanto que creyó que todos en la mesa podrían escucharlo. Era él. El hombre de la habitación equivocada. El hombre que la había poseído sin piedad hacía dos noches atrás. Theodore recorrió el salón con una mirada lenta y calculadora. Cuando sus ojos oscuros finalmente se posaron en Thaís, una chispa de fría diversión cruzó por ellos. No mostró sorpresa; al contrario, la comisura de sus labios se elevó apenas un milímetro en una mueca de absoluto control. Durante un segundo, incluso Theodore perdió el ritmo de sus pasos. El destino acababa de poner frente a él a la única mujer que no había podido sacar de su cabeza desde aquella noche. —Papá, qué honor que hayas podido venir —dijo Matteo, levantándose de inmediato de su asiento con total sumisión y respeto hacia el patriarca de la familia. La mente de Thaís se desconectó por un segundo. ¿papá? El hombre con el que había traicionado a su prometido era el mismísimo Theodore Lockhart, el poderoso y temido padre de Matteo. El pánico la paralizó por completo; sintió que el suelo se abría bajo sus pies. —No podía perderme esta celebración, hijo —respondió Theodore con su voz ronca y profunda, esa misma voz que le había susurrado al oído la noche anterior. Theodore caminó con paso felino hacia la mesa. Matteo, queriendo lucirse ante el hombre más influyente de su entorno, tomó a Thaís de la cintura y la acercó para presentarla. —Padre, ella es Thaís, mi prometida. Nos casaremos en unos meses. Thaís sentía que se iba a desmayar. El aroma de Theodore —el mismo perfume elegante mezclado con el recuerdo de su piel— la envolvió por completo, haciéndola temblar de forma visible. Intentó mantener la compostura, pero sus manos fallaban. Theodore arqueó una ceja de forma divertida y extendió su mano grande y bronceada hacia ella. Sus ojos oscuros fijos en el rostro pálido de la joven, devorando cada uno de sus gestos de terror. —Un placer, Thaís —dijo Theodore, arrastrando las palabras con una peligrosa lentitud—. Matteo me ha hablado mucho de ti. Aunque... tengo la impresión de que eres aún más fascinante en persona de lo que él describe —se acercó a su oído y le susurró, —Parece que el destino insiste en cruzar nuestros caminos. Thaís colocó su mano temblorosa sobre la de él. En lugar de un saludo cortés, los dedos de Theodore se cerraron con una firmeza posesiva, acariciando deliberadamente el centro de su palma con el pulgar, un contacto oculto a la vista de Matteo pero que hizo que a ella se le cortara la respiración. —El... el placer es mío, señor Lockhart —logró articular con un hilo de voz, intentando inútilmente zafar su mano. —Oh, por favor, dime Theodore. Después de todo, pronto serás de la familia —replicó él, ensanchando su sonrisa ladeada al notar cómo el pulso de la chica se aceleraba desbocado bajo su toque. Lejos de delatarla frente a su hijo, Theodore disfrutaba del absoluto poder que tenía sobre ella en ese instante. Sabía perfectamente que la tenía acorralada, y estaba dispuesto a jugar su juego, si así ella lo quería. Solo que en cada partida él sería el vencedor.NARRADOR OMNISCIENTESandra permaneció junto a Thaís, todavía intentando asimilar todo lo que acababa de escuchar.—Hay algo que no entiendo —dijo, mirándola con seriedad—. Si ese hombre, Theodore, te importa tanto, ¿por qué prefieres alejarte antes que preguntarle directamente qué pasó con Nadia?Thaís suspiró.—Porque tengo miedo de su respuesta. ¿Y si esas fotografías significan lo que estoy pensando?—¿Y si no significan nada? —replicó Sandra—. No puedes condenarlo sin escucharlo.Thaís bajó la mirada. Sabía que su amiga tenía razón, pero eso no hacía desaparecer sus dudas y ese maldito miedo. —No quiero contarle lo del bebé mientras me siento así —confesó—. Quiero estar segura de que puedo confiar en él. Ni siquiera sé si le hará feliz saber que vamos a tener un hijo.Sabía que su amiga estaba pasando por un momento difícil, aunque creía que sus temores podían resolverse si hablaba sinceramente con Theodore.—En ese caso, habla con él cuando estés preparada. Pero recuerda que es
NARRADOR OMNISCIENTETheodore llegó a la empresa con la intención de concentrarse en sus responsabilidades, pero no consiguió avanzar demasiado. Cada pocos minutos revisaba su teléfono, esperando noticias de Cooper.La conversación con Thaís seguía rondándole la cabeza. Ella le había pedido tiempo, y él había aceptado dárselo, aunque le resultaba difícil soportar aquella distancia. Estaba acostumbrado a resolver los problemas de frente, no a quedarse esperando mientras la mujer que amaba levantaba barreras entre ambos.Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.—Adelante —autorizó, apartando la mirada de los documentos que tenía sobre el escritorio.Cooper entró con una carpeta en la mano. Su expresión seria hizo que Theodore se enderezara en el asiento.—¿Tienes noticias? —preguntó Theodore, dejando la pluma sobre la mesa.—Sí, señor. La clínica acaba de enviarme el informe de la segunda prueba de ADN —respondió Cooper, acercándose al escritorio.Theodore extendió la m
NARRADOR OMNISCIENTETheodore permaneció unos segundos frente a la puerta cerrada del apartamento de Thaís antes de dirigirse al ascensor.Había esperado que aquella conversación los acercara de nuevo, pero se marchaba con más preguntas que respuestas. Ella estaba dolida, eso era evidente. Lo que no conseguía entender era por qué parecía tener tanto miedo de preguntarle algo sobre la noche anterior.Sacó el teléfono y revisó la hora. Tenía asuntos pendientes que atender, pero su cabeza seguía en aquel apartamento.—Señor Lockhart, el señor Cooper ha llamado varias veces —informó su conductor cuando Theodore llegó al vehículo—. Dijo que necesitaba hablar con usted sobre la prueba de ADN.Theodore levantó la mirada de inmediato.—¿Ha llegado el resultado? —preguntó, mientras guardaba el teléfono en el bolsillo.—No me lo dijo, señor. Solo insistió en que se comunicara con él en cuanto pudiera.Theodore se acomodó en el asiento trasero y marcó el número de su asistente.—Dime que tienes
NARRADOR OMNISCIENTE Al dia siguiente, el sonido insistente del timbre la despertaron. Cuando vio la hora se sorprendió. Ella nunca habia dormido tenyo. Eras casi las 9 de la mañana, ¿seria aquello por el embarazo? No quiso darle mas vuelta a ese asunto y se levantó y fue directo a ver quién podria ser. Esta vez miró por la mirilla. No dejaría que Matteo volviera a irrumpir en su espacio. Al hacerlo, vio a Theodore. Estaba impaciente y se disponia a tocar de nuevo. Thaís abrió la puerta. Sus miradas se conectaron de inmediato. Encontró a Theodore frente a ella. Tenía el rostro cansado y la expresión seria, aunque sus ojos se suavizaron al encontrarse con los suyos. —Hola, nena —saludó él, inclinándose para besarla. Thaís giró ligeramente el rostro, haciendo que sus labios rozaran su mejilla en lugar de su boca. El g
NARRADOR OMNISCIENTEEl sonido de unos golpes en la puerta hizo que Thaís levantara la cabeza de inmediato.Se había pasado los últimos minutos intentando convencerse de que las fotografías no significaban lo que Nadia quería hacerle creer. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver a Theodore abrazado a aquella mujer.Los golpes se repitieron.Thaís respiró hondo, dejó el teléfono sobre el sofá y se levantó. No necesitaba mirar por la mirilla para saber quién estaba al otro lado.Al abrir la puerta, Thaís se quedó desconcertada al encontrarse con Matteo en lugar de Theodore.—¿Qué haces aquí? —preguntó cn acidez, sujetando el borde de la puerta con una mano.Matteo la observó en silencio durante unos segundos. Su mirada se detuvo en su rostro y luego descendió hasta sus labios.—¿Así recibes a todo el mundo o solo a mí? —preguntó con una sonrisa ladeada.—Solo a ti. No estoy de humor para tus juegos, Matteo. Vete —respondió Thaís, dispuesta a cerrar la puerta.Él apoyó
NARRADOR OMNISCIENTE Nadia permanecía inmóvil junto al umbral de la habitación, observando con atención calculada a Theodore, quien continuaba sentado al lado de Lucas. El pequeño seguía profundamente dormido, con su pequeña mano descansando en la palma amplia de Theodore.Theodore consultó por enésima vez la hora en la pantalla del teléfono y dejó escapar un suspiro de impaciencia.—Ya ha pasado bastante tiempo —anunció mientras se ponía en pie con brusquedad—. En cuanto despierte, no puedo seguir esperando. No creo que despierte esta noche.Nadia dio un par de pasos hacia él, buscando acortar la distancia.—¿No podrías quedarte un poco más, Theodore? —suplicó con voz suave, fingiendo fragilidad—. No tenemos idea de cómo va a reaccionar Lucas si abre los ojos y no te encuentra a su lado.Theodore la midió con una mirada seria y distante.—No me voy a borrar de su vida, Nadia —le aclaró con firmeza—. Pero tengo asuntos pendientes que resolver esta misma noche y no puedo seguirlos pos







