INICIAR SESIÓNDante estaba en su casona en el norte de Sicilia, a dos horas de viaje de la finca de los Santoro, algo en su interior lo inquietaba, no era solo el hecho de que tendría que decirle a su morena la locura que había cometido, era algo más, su instinto se lo hacía ver.
Su atención fue dirigida a la entrada de su hogar, a través del cristal de las grandes puestas pudo ver el ya bien conocido automóvil Alfa Romeo color rojo brillante detenerse, y del cual, bajo Estefanía, enfundada en un traje estilo masculino negro, Dante se preguntaba si ella era consiente de todo lo que provocaba en él verla vestir de esa manera, quizás sí y lo hacía apropósito solo para enloquecerlo aún más si eso fuera posible.
— Amor. — dijo con la alegría de un niño y las hormonas de un adolescente, mientras iba a su encuentro. No le dio tiempo si quiera a responder, ya que tomo sus labios con desesperación, la había extrañado y eso que solo estuvo fuera de su radar dos días.
— Parece que alguien me extraño. — respondió cuando sus labios fueron liberados, trato de sonar normal, pero fracaso, Dante la conocía a la perfección y el nerviosismo de su cuerpo fue fácil de percibir para el hombre.
— ¿Está todo bien? — inquirió preocupado, ella era su prioridad, el verla feliz lo era todo, o casi.
— Si… no, no sé, mi cabeza es un desastre. — respondió mientras se dirigían a la lujosa estancia.
— ¿Qué te preocupa? ¿Dime en que puedo ayudarte? — este hombre que en un principio solo busco su cercanía para sacar información y luego como un reto personal ante lo difícil que fue enamorarla, hoy se encontraba perdidamente enamorado de la joven Santoro.
— En nada, es un problema familiar. — respondió con renuencia a contar más.
— Creo que seremos familia en tres meses. — Su respuesta fue en parte un gruñido, a lo largo de los años que llevaban juntos Estefanía levanto una barrera que mantuvo con el tiempo, Dante solo sabía lo justo y necesario de los Santoro y eso le molestaba.
— Con respecto a eso…necesito aplazar la boda. — Las palabras de su padre hicieron eco en la cabeza del mafioso.
— Realmente no me amas, es eso ¿verdad? Por eso no me hablas de tu familia, ¡ese es el motivo por el que siempre estas nerviosa cuando hablamos de la boda! — Dante estaba gritando a esta altura de la conversación, estaba a punto de decirle que no podía cancelar la boda porque tendrían un hijo, y si ella lo abandonaba jamás la dejaría acercarse a él.
— ¡Es por la SOMBRA! — dijo con desespero, ya que la joven estaba completamente enamorada de él y que pusiera en tela de juicio su amor la desarmo.
— ¿Qué?
— Sabes que Fabrizzio trabaja con mi familia, es el amigo de mi padre y tú atacas a su gente. — reprocho con dolor y enojo.
Estefanía podía amar mucho a Dante, pero tenía una responsabilidad aun mayor, cuidar el negocio familiar y sobre todo proteger a su gente, que Preto Berlusconi tuviera una guerra con su padre siempre supuso un problema, pero cuando Dante tomo su lugar pensó que todo quedaría atrás, pero se equivocó, Dante era igual o más competitivo que su padre, él quería a toda Italia bajo su poder.
— ¿Qué clase de mafioso se queja con una mujer? — y allí estaba lo único que Estefanía odiaba de su futuro esposo, el machismo que Preto inculco en él a veces abrían abismos ante ellos y por más que en todos estos años casi lo había erradicado aún faltaba mucho por hacer.
— La clase de mafioso que no quisiera dejar viuda a su ahijada antes de casarse. — Contesto mientras se levantaba de su lugar, decir que estaba ofuscada era poco.
— LA SOMBRA jamás pudo contra mi padre, menos podrá contra mí, en poco tiempo lo sacare de Italia…
— No puedo casarme contigo Dante, no mientras pienses así, mientras tu padre hable a través de ti, Fabrizzio es mi padrino, somos familia, jamás fue contra USTEDES, fue tu padre quien una y otra vez fue en contra de él, ahora podrían trabajar en conjunto, pero tú…
— ¿Qué tanto sabes de sus negocios? Porque si mal no recuerdo en estos 4 años de novios me dejaste muy en claro que no te interesan ni mis negocios ni los de Fabrizzio, ¿Qué cambio? — que estoy a punto de tomar el lugar de la sombra, quiso gritar la morena, pero no podía.
— Fabrizzio es parte de mi familia, no puedo casarme con alguien que quiere herir a los míos.
Sin darle tiempo a nada Estefanía salió de aquel lugar, el que sería su hogar en tres meses, si es que se casaba con Dante, pero ¿Cómo lo haría? Temía demasiado la reacción de su enamorado cuando supiera quien era ella realmente, no era miedo a morir, era miedo a que la odiara.
— ¿Por qué debe obedecer a su padre? — dijo llena de ira mientras conducía de regreso a su hogar y entonces pensó que ella era igual.
Al llegar a la finca el ambiente no había cambiado mucho, Alejandra se mantenía alejada de todos aun estando en la misma habitación, parecía que su hermana tenía un escudo dirigido solo a ellos, casi no hablaba, casi no los miraba.
— Necesito hablar contigo y Fabrizzio. — dijo dirigiéndose a su padre. Que lo único que hacía desde que ella ingreso en aquel lugar fue observa a su santa hija.
— Vamos al despacho. — respondió mientras le enviaba un mensaje a su amigo y mano derecha.
El despacho de su padre siempre le había gustado a Estefanía, desde que era una niña pasaba gran parte del tiempo allí, ahora le parecía un lugar lleno de responsabilidades y decisiones difíciles, cada vez que se imaginaba sentada en aquella silla.
— ¿Qué sucede princesa? — dijo con afecto su padrino apenas entro.
— Quiero que me sedas el control de todos los negocios ahora papá, no dentro de tres meses. — respondió de forma tranquila, pero decidida.
— No es buena idea, si lo hago, Dante podría sospechar, ya que tendrás que ausentarte… — comenzó a debatir su padre, pero ella era Estefanía y si estaría en frente de todo, las cosas cambiarían.
— Primero, no me casare, no puedo permitir que los nuestros sigan muriendo en manos de Dante, como tampoco lo engañare hasta que este casado conmigo para decirle quien soy.
— ¿Qué dices? — la sorpresa surco el rostro de ambos hombres, remarcando las arrugas producto de la edad.
— Si tomare tu lugar las cosas cambiaran, quiero una reunión, quiero que cada mafioso del mundo sepa que una mujer ocupara el lugar de LA SOMBRA ITALIANA, que vean mi rostro y no lo olviden nunca, quien será la perra con la que tendrán que negociar, pero sobre todo que sepan de una puta vez que a los Santoro se los debe respetar y antes que me des tu discurso de las ventajas de vivir entre las sombras papá, permíteme decirte que si hubieran sabido que Alejandra es hija de la GRAN SOMBRA esto no le hubiera pasado, ella estaría hincada rezando como cada día y no perdida en su mente sin saber que será de su destino, lastimaron a mi hermana, la atacaron por no saber quién es.
El color chocolate de los ojos de la morena parecía desaparecer y ser cubierto por un manto negro, venganza era lo que buscaba, poder y respeto lo segundo, su hija tenía razón, puede que en el pasado el ser un anónimo o una sombra más era lo mejor para el negocio, pero aquel anonimato le había costado que alguien utilizara a su pequeña hija, no estaba dispuesto a esperar que más podían hacer.
— Entiendo tu punto de vista, pero debes saber que eso no te asegura nada, recuerda que tu padre fue capaz de secuestrar a tu madre hace 20 años atrás, aun sabiendo que el clan Neizan, los Bach y el Ángel de la muerte irían por él. — Fabrizzio siempre apelaría por lo mejor para ellos.
— Y lo hizo solo para liberarte Fabrizzio, porque somos leales, ustedes me lo enseñaron, nos cuidamos mutuamente, es por eso por lo que cuando mi madre escapo tu ayudaste a mi padre a ir por ella, aun sabiendo que era una misión suicida, ahora dime, si tu fueras un mafioso más, un sicario cualquiera y te enviaran contra alguno de la familia, ¿asumirías tu responsabilidad? Tenemos a los Neizan manejando la mayor parte de Rusia, a Donato y Valentina Constantini con todo el norte de estados unido bajo su poder, el tío Eros a cargo de los Bach, y por supuesto a Hades y sus hijos, los Ángeles de la muerte, su sola mención hace temblar a cualquiera, es hora de demostrar que los Santoro también somos importantes y que tu Fabrizzio no solo eres mi padrino y empleado de mi madre, eres la mano derecha de la sombra, mi padre… y dentro de una semana la mía.
Ninguno de los dos podía rebatir eso, lo más importante ninguno de los dos podía decir que Estefanía no tenía lo que se necesitaba para dirigir la organización.
Estefanía estaba en el balcón del segundo piso, la luz de la luna bañaba el viñedo, mientras se preguntaba si estaba hacendó lo correcto, Dante se había encargado de ganar su corazón, con detalles caros y ostentosos, pero aún mejor con los simples y si valor económico, su sonrisa, sus caricias, la forma tan suave y delicada con la que aquel hombre le hacia el amor, ella no podía engañarlo de esa forma, no podía salir de la iglesia colgada de su brazo para luego en la noche de bodas informarle que asumió como la sombra italiana, no, claro que no haría eso, dejaría que sea el quien eligiera, si su sed de poder podía más que el amor.
— Estefi. — La dulce voz de Alejandra la hizo girar.
— Mi querida hermana, ven, hazme compañía. — respondió al tiempo que se limpiaba una lágrima que no sabía en qué momento comenzó a salir de sus ojos.
— ¿Por qué sufres? — contesto al tiempo que llegaba a su lado a abrazarla.
— El amor te hace sufrir, las inseguridades, en fin, la vida. Y tú ¿Cómo te encuentras con todo esto? ¿Sigues firme con tu decisión?
— Si, tendré a este bebé, y a pesar de lo que todos piensen no estoy loca, sé que esto no es obra de Dios, pero es una vida que no tiene culpa de nada.
— ¿No tienes miedo? Si alguien hizo eso contigo lo más probable es que cuando nazca querían a ese bebé de regreso, solo te están usando hermana y eso es lo que más me duele y molesta.
— Pues… llegado ese caso, sé que mi familia me ayudara a que no me lo quiten, ¿verdad?
Estefanía vio el verde con motas negras de los ojos de su hermana, brillaban como dos gemas de aguamarina, llenos de amor y esperanza, era su deseo, como el deseo de ella era cambar las reglas de juego de la mafia, un lugar dominado por hombres, ¿Cómo no protegerla?
— Jamás dudes de ello, estaré a tu lado cuidando tus pasos como cuando éramos niñas, nadie te obligara a hacer algo que no quieras, te lo juro Alejandra, si tu deseo es quedarte con ese bebé así será.
La promesa de Estefanía no abarcaba que no buscaría venganza, quien sea que se atrevió a utilizar a su hermana se arrepentiría por el resto de su vida.
Al día siguiente Simón llego a la residencia de Dante, cada paso pesaba más que el anterior, eran los pasos de un condenado a muerte. Cuando ingreso no daba crédito a lo que veía, su amigo, su jefe, estaba completamente alcoholizado, tendido en el sofá, con la cabeza colgando de lado y el vómito esparcido en el suelo, sin perder tiempo lo ayudo, varias horas fueron necesarias para que este hombre volviera a ser el mismo de siempre o casi.
— ¿Qué rayos te sucede? — Simón trataba de alargar su tiempo de vida, aunque sabía que el final sería el mismo.
— Cancelo la boda, Estefanía, me dejo. — para Date estaba fuera de discusión el dejar a un lado la guerra que tenían los Berlusconi con LA SOMBRA, hacerlo sería admitir que perdieron.
— ¿Qué?
— No defraudare a mi padre, y ella quiere que termine con mi guerra con la sombra y sabes perfectamente que no puedo, simplemente me dejo.
— Pero… tú ¿la dejaras ir? — esa era una buena pregunta.
— No, pero me di cuenta de que no puedo imponerme ante ella, Estefanía es una mujer única Simón, en eso mi padre no se equivocó, me lo advirtió, ella es una dama.
— ¿Entonces?
— Ese es el problema, no sé qué hacer, ayer… vi un fuego en su mirada que jamás había visto, si le digo que page un vientre y que pronto seremos padres… el amor te hace hacer locuras Simón, y yo cometí la peor de todas, ese bebé que en un principio lo creí capaz de solucionar todo, ahora debe desaparecer, ella no me lo perdonaría.
— Te lo dije. — la frustración de Simón era tal que se filtró en sus palabras, si su amigo lo hubiera escuchado, nada de esto pasaría.
— Lo sé, pero aún estamos a tiempo, solo dile a la mujer que debe abortar, se le pagara el doble de lo pautado y…
— No puedo. — el silencio tomo el lugar y Dante se levantó lentamente del sofá.
— ¿Qué?
— No hubo trato, a decir verdad… no encontré a la mujer que querías, todas las que alquilaban su vientre tenían una u otra adicción, por lo que recurrí a una conocida en busca de un consejo y ella me dijo que la mejor opción era embarazar a una novicia, no poseen adicción alguna y en teoría la novicia que ella me señalo tenía verdadera vocación, por lo que se supondría que apenas nacido el bebé se desharía de él.
— ¿Se suponía? — Dante era bueno en las palabras claves de las conversaciones.
— Ella se fue del convento, no piensa entregar al bebé.
— No veo el problema aun, búscala y que aborte o la matas así de fácil, sé que te gustara, después de todo ¿no tienes un odio particular por la religión? — Dante sabia como pensaba Simón, aunque desconocía los motivos de dichos pensamientos.
— ¿Qué tanto sabes de la familia Santoro? — respondió cambiando de tema o casi.
— Alessandro es un empresario exitoso, tenemos varios negocios juntos, por lo menos en el ámbito legal, ya sabes que el hombre tiene una conducta intachable, aún recuerdo cuando Estefanía me presento como su novio, fue muy claro al decime que mantuviera a su hija lejos de cualquier negocio ilegal o me arrepentiría. — Dante sonrió ante el recuerdo, su futuro suegro era de temer cuando quería, era como si ocultara un lado oscuro del cual el joven no quería conocer.
— Victoria es su madrastra, su verdadera madre murió en un accidente poco después que Estefi naciera, por lo que Victoria es como su verdadera madre, la considera de esa forma y le tiene un gran respeto y admiración ya que la ceguera de la mujer nunca fue un impedimento para poder llevar una vida normal. — Dante recordaba las veces que cenaron juntos o coincidieron en alguna fiesta, los ojos azules con motas verdes de su futura suegra brillaban cautivando a todo el mundo y quien la veía moverse o baila no creía que era ciega.
— Giovanni, bueno de él sé que es el menor, tú lo conoces mejor que yo.—se limitó a responder.
— ¿Solo son ellos? — preguntó aun sabiendo la respuesta.
— No, también está la hermana del medio…Mmm Alejandra, ni la conozco, Alessandro dio la orden de quitar todos los retratos de ella ya que lo desobedeció y se internó en un convento, además Estefi no habla mucho de ella solo que es una santa, que pronto tomata sus votos que…
Dante dejo de hablar al tiempo que unía todo, Simón no había cambiado de tema de conversación, él solo estaba dando una explicación más extendida para que no sufriera un infarto, o perdiera el control y lo matara allí mismo.
— ¿Qué m****a hiciste? — dijo avanzando a paso lento hacia Simón.
— No sabía que era su hermana, no sabía que era Alejandra Santoro.
La voz de su empleado y amigo hacía eco en su cabeza, mientras una pregunta crecía en su interior, ¿Cómo arreglaría todo esto?
— Te juro que solucionare todo Dante, lo prometo. — fue lo último que dijo Simón antes de salir del lugar y dejar a Dante solo para que procesara toda la información.
La finca LA SANTA se cubrió de globos celestes, azules y blancos, los pequeños herederos festejarían sus dos años, Amir Rossi Santoro y Saimon Berlusconi Santoro, los niños que jamás sabrían la odisea que paso LA SANTA HIJA DE LA SOMBRA para que ellos vivieran, nadie tenía permitido decirle a Saimon que fue su tía quien lo cargo en el vientre y mucho menos como se produjo ese embarazo, Amir jamás sabría que por sus venas no llevaba la sangre Santoro ni Rossi, ante la ley y el mundo entero ellos eran hijos biológicos de Dante y Estefanía, como de Alejandra y Simón.Alessandro aun esperaba el pedido de la mano de Alejandra, ya que Estefanía al fin se había casado con Dante solo un año atrás, pero la BESTIA era un hueso duro de roer, se prometió a el mismo que solo le pediría matrimonio a su santa luego de a ver matado a los 68 hombres que osaron a tocarla, aun sabiendo quien era ella, al fin luego de un año y medio, lo había conseguido, se había ocupado de torturara hasta la muerte a es
Los días pasaban, Alejandra le había solicitado a Dante que le permitiera quedarse en la que una vez fue su habitación y el hombre no tuvo problema alguno, le debía demasiado a la joven, su felicidad entera, la santa no quería ir a la finca de sus padre, aquel lugar que había visitado con Enrique le traía los peores recuerdos, era por ello que Dante hablo con Estefanía, creyeron que lo más correcto era dejarle la Finca LA SANTA a Alejandra, un pequeño presente a cambio de todo lo que la joven Santoro había hecho por ellos. Mientras los días pasaban Simón observaba, asechaba, era un depredador detrás de su presa, cada gesto de Alejandra era observado y procesado por la bestia, cada uno de los suspiros que la joven daba Simón los guardaba en su memoria y se disponía a clasificarlos, hasta ahora eran de melancolía, dolor y pena, comenzó a alterarse cada vez más, a medida que Alejandra se alejaba de él, lo evitaba y lo sabía. — Debes darle tiempo. — dijo Dante una vez más. —Es fácil pa
Lo primero que hicieron esa noche antes de moverse de la isla fue enviar un mensaje a Lion Zabrek, dándole los nombres de los infiltrados, en su clan eran solo nueve, pero eran cercanos, se encargaría de enviar un mensaje fuerte y claro matándolos y marcándolos como traidores y espías, para que la próxima vez pensaran bien las cosas, pero Alejandra pidió hablar con él, fue así como en pocos minutos el hermano menor de los gemelos Constantini estaba frente a ellos.— Ale. — dijo el joven con melancolía al ver a la que una vez fue conocida como la dulce santa y que ahora su aura no demostraba más que oscuridad.— Estoy bien Lion, has hecho lo que estuvo a tu alcance, solo quiero pedirte que envíes a uno de los traidores a la finca de Dante y que me permitas llevarme a Enrique. — la calma con la que la mujer hablaba era única, todos suponían que estaba en Shock, lo que desconocían era que actuaba así solo porque tenía a Amir en sus brazos.— Lo que pidas Ale, eres muy especial para mí. —
Estefanía tuvo solo dos horas para prepararse psicológicamente, la reina de las sombras tendría que interpretar el mayor engaño de la historia, aún más arriesgado tenía que engañar a su propia familia, por ningún motivo podían saber lo que realmente sucedía, pero además debía engañar incluso a sus empleados, ya que a esta altura nadie sabía quién era amigo o enemigo. El sol hacia unas horas que se dejaba ver cuando la morena ingreso en la casona, algunos empleados ya se encontraban en el lugar acompañando a los Santoro que se disponían a desayunar. — Giovanni quedaras a cargo de todo. — dijo mientras pasaba de largo a su recamara sin siquiera dar los buenos días y bajo la atenta mirada de sus padres. — ¿Qué sucede? — pregunto el menor de todos, sin entender el humor que cargaba su hermana. — Está furiosa. — se limitó a decir Victoria que podía sentir como las entrañas de su hija se retorcían de furia. — ¿Qué hizo ese idiota ahora? — Alessandro sabía que su hija había salido la no
Tiempo que corre despacio y pasa deprisa, tiempo que no se para ni se ata, no se detiene ni gira, tiempo que no se duerme, ni se repite, tiempo… el mayor enemigo de Simón y Alejandra, ese mismo que pasaba sumiendo a ambos en una agonía tortuosa, la misma que debe sentir un condenado a muerte, la luz del día que debía significar un nuevo comienzo o una nueva oportunidad, ahora se convertía en una herida de la cual ninguno de los dos tenía verdadera noción de cuan grave seria, si formaría un cicatriz más a curar y cuidar o si sería el golpe final que acabara con la poca luz que LA SANTA tenía y de la que LA BESTIA dependía.Dos meses fueron suficientes para que Dante no solo retomara el negocio, sino también para sostenerse en el con mayor fuerza que antes, EL FENIX abría sus alas quemando todo a su paso, menos la sombra de la mujer que amaba, LA REINA DE LAS SOMBRAS así la habían bautizado a Estefanía Santoro, pero ambos ampones tenían un gran problema, mientras que la reina de las som
Las horas transcurrían, María estaba asustada y conflictuada con su futuro, en el fondo esta mujer no era mala, solo estaba perdida en el profundo océano de la culpa y el dolor, el saber que por su desobediencia y rebeldía su padre había muerto, su madre la había negado echándola a la calle a su suerte, ella solo busco castigarse, sin tener noción realmente del daño que le causaba al único ser humano que jamás dejaría de quererla, su hijo, ahora había llegado el momento de tomar su lugar como madre y cuidar de aquel que ya no era un niño y mucho menos inocente, pero que sin embargo, necesitaba más que nunca el amor de su madre, María Rossi entraría al mundo de la mafia siguiendo a su hijo y porque no a Dante, el hombre la había tratado con respeto desde el primer momento, quizás teniendo unas perspectiva más amplia de lo que sucedió en aquel entonces, eran dos hombres, pero para los ojos de una madre, jamás dejarían de ser unos simples jóvenes.Dante llamaba a cuanto número recordaba,







